Cuando pensamos en dinosaurios, la mente viaja a películas, museos lejanos o paisajes desérticos. Lo que casi nadie imagina es que Pamplona también tiene su pequeño capítulo jurásico, aunque muy particular. La ciudad no fue escenario de pisadas colosales hace millones de años, pero sí terminó reutilizando, sin saberlo, piedras que ya venían “firmadas” por la prehistoria.
Estas marcas, conocidas como icnitas, proceden probablemente de zonas calcáreas cercanas, como el valle de Ollo o la cendea de Iza. Allí quedaron impresas las huellas de grandes animales primitivos y, siglos después, esas mismas piedras acabaron formando parte del pavimento del casco viejo pamplonés. Un reciclaje histórico con sorpresa incluida.
El hallazgo que empezó en la Plaza del Castillo
La primera gran revelación llegó en 1876. Paseando por la plaza del Castillo, Alfonso de Aretillo y Larrinaga reparó en algo extraño: unas huellas perfectamente visibles en varias losas. No eran grietas ni caprichos de la piedra. Tras estudiarlas con detenimiento, concluyó que se trataba de marcas pentadáctilas, cinco “dedos” grabados en la roca por enormes anfibios primitivos.
Según su interpretación, cuatro huellas correspondían a un animal quieto, mientras que otra mostraba movimiento. La losa fue trasladada al Museo de Ciencias Naturales de Madrid, donde aún hoy se conserva como una de esas piezas que cuentan historias imposibles de imaginar a simple vista.
Más pisadas en la Cuesta de Palacio
El fenómeno no se quedó ahí. Años después, otra losa con icnitas apareció en la Cuesta de Palacio, integrada en una acera colocada durante las reformas urbanas del siglo XVIII. De nuevo, una piedra traída de una cantera cercana, de origen aún desconocido, volvía a demostrar que Pamplona caminaba literalmente sobre fósiles.
Ya en los primeros años del siglo XXI, durante las excavaciones arqueológicas en San Fermín de Aldapa, se dio la voz de alarma: las huellas estaban allí, a escasos metros del yacimiento. Técnicos del Museo de Navarra acudieron al lugar y retiraron cuidadosamente la losa, que hoy se conserva en los fondos de la institución.
Historias que duermen bajo nuestros pies
Esta sorprendente anécdota forma parte de las muchas historias que recoge Un león anda suelto – historia(s) de Pamplona, del historiador Pedro del Guayo, editado por el Ayuntamiento de Pamplona en 2023. Un libro que demuestra que la historia de Pamplona no solo se lee en archivos y monumentos, sino también en las piedras más humildes.
La próxima vez que pasees por el centro, quizá convenga mirar al suelo. Nunca se sabe qué criatura milenaria pudo dejar allí su huella… mucho antes de que existieran los encierros, los adoquines o el propio nombre de Pamplona.













