«Todavía me alucina pensar que no voy a pasar estos Sanfermines en Pamplona. Es una fecha que siempre marco en el calendario. ¡Y resulta que ahora me pilla en Miami!», relata Abel Lafuente a este medio entre risas. Lo dice con la resignación de quien sabe que hay oportunidades que no admiten esperas, pero también con la nostalgia de un pamplonés para el que julio siempre ha tenido dos simples colores: el blanco y el rojo.
Ahora su día a día transcurre entre reuniones, viajes y planes de expansión por Estados Unidos, donde trabaja para llevar cada vez más lejos ‘Centinela‘, la pulsera que detecta más de veinte drogas en la bebida; que ideó junto con su mujer, Scarlett Guadamuz; y cuyo lanzamiento adelantó en exclusiva este medio el pasado 2024. Mientras la empresa crece al otro lado del océano, hay una parte de él que estos días sigue paseando por el Casco Viejo de Pamplona, buscando un hueco entre la multitud para volver a sentirse en casa.
Han pasado dos años desde que materializó el proyecto. Desde entonces, su pulsera se ha convertido en un fenómeno internacional y ha recibido un aluvión de pedidos procedentes de Finlandia, Italia, Portugal, País Bajos, Francia, Bolivia, Costa Rica, México…
«Desde el principio fue una locura. Después de estar a tope en España, decidimos dejar todo y mudarnos a Miami para expandir el espíritu ‘Centinela’ por este lugar del mundo. Una empresa estadounidense se puso en contacto con nosotros convencida de que podíamos ayudar a prevenir muchos casos de sumisión química en el país. A raíz de esa colaboración, hoy hemos dado forma a Aglaya Global LLC, un holding con sede en Florida y desde donde dirigimos la expansión internacional y el desarrollo de la pulsera por todo el continente americano», detalla Abel segundos antes de precisar que ahora es su socio, Ángel Gastón, quien gestiona el negocio en España.
UN CAMBIO DE VIDA RADICAL
Después de mudarse de la calle Mayor al barrio de Iturrama, la pareja volvió a hacer las maletas. Pero esta vez el cambio no fue de un extremo a otro de Pamplona, sino de un continente a otro. El éxito de ‘Centinela’ les obligó a tomar una decisión que, hasta hacía poco, parecía impensable. «Llegó un punto en el que teníamos que elegir: o seguíamos creciendo o nos quedábamos donde estábamos. Vimos que había una oportunidad enorme y decidimos apostar por ella», explica.
No fue una decisión sencilla. Dejaban atrás a la familia, los amigos y una ciudad en la que habían construido su vida. Pero también entendieron que el proyecto había dejado de ser una idea para convertirse en una empresa con una gran proyección: «Siempre supimos que crear esta pulsera era una buena idea, pero no nos esperábamos esto. Nos ha cambiado la vida por completo. Para nosotros es un inmenso orgullo que una iniciativa nacida en Pamplona esté hoy en primera línea de una lucha tan importante. El feedback que recibimos de las administraciones públicas nos confirma que la pulsera está ayudando y mucho».
Pero hay una parte de su antigua vida que tanto Abel como Scarlett siguen echando de menos. Su pequeña tienda, antes ubicada en el Casco Viejo de Pamplona, era un rincón donde la imaginación lo inundaba todo. Allí dieron forma a algunas de sus primeras ideas, como la faja riñonera para los Sanfermines o una original lata que brinda un viaje olfativo y auditivo a las fiestas de la ciudad: «Pamplona y sus fiestas nos lo han dado todo. Nunca sabes cuál de todas las ideas que tienes hoy será la que te cambie la vida mañana. Por eso, no debemos subestimarnos. Las grandes oportunidades muchas veces nacen de las cosas más pequeñas. Esa es una lección que hemos aprendido para toda la vida».












