Corría el año 1976 cuando Ramón Millán fundó Preparados Químicos de Navarra (Pequinsa). Lo hizo en Beriain donde, entre fórmulas y probetas, levantó una empresa con vocación de taller y espíritu de laboratorio. Allí la química se convertía en herramienta para resolver problemas reales, tangibles y cotidianos. Durante las décadas siguientes, la firma fue ampliando su campo de acción con la misma lógica con la que había nacido: observando el material antes de intervenir sobre él. Antideslizantes, tratamientos para mármol, cerámica o granito… Poco a poco, su catálogo de productos fue ampliándose. Y mientras la compañía crecía, su fundador no dejaba de mirar más allá. Emprender, para él, era un estado permanente: una inquietud que se colaba entre los márgenes de cada jornada, esperando el momento adecuado para tomar forma.
«En 2008, se le ocurrió empezar a producir corcho proyectado. Para ello creó la empresa Vipeq, con sede en Tajonar, aunque el material se fabrica en las instalaciones de Pequinsa«, explica Pablo Millán, hijo del fundador y actual dueño de ambas compañías. Aquella decisión abrió una nueva etapa. Pero, antes de narrar la evolución del proyecto empresarial que inició su padre, lanza una mirada cómplice a su compañero, Adrián Del Río, quien ejerce como gerente de Vipeq. «¿Por dónde empezamos?», sonríen ambos.
EL PROCESO
El corcho se obtiene del alcornoque, especie que crece en diferentes zonas de España, como Extremadura o Cataluña, aunque es en Portugal donde se encuentra la mayor concentración de estos árboles y, por tanto, el país se ha convertido en el mayor productor del mundo. «El primer paso consiste en obtener la corteza del tronco, que tarda unos nueve años en regenerarse después de extraerla. Para ello no es necesario talar el árbol», detalla Adrián mientras sujeta un fragmento entre las manos y subraya que, antes de ponerse a trabajar con las porciones, es necesario limpiarlas y extirpar el moho en caso de que lo haya.
Acto seguido llega el turno de la destilación. A través de este proceso se crea una masa pastosa que puede aplicarse en el sector de la construcción. «Esta mezcla, que tiene una textura tipo mousse, se suministra en obra con una pistola de proyección. Nuestros clientes son, sobre todo, constructores y pintores», concreta. ¿Y cuáles son las ventajas del corcho proyectado? Es impermeable, otorga aislamiento térmico y acústico, es resistente al fuego… «Además, tiene adherencia sobre prácticamente cualquier soporte, incluso cristal o madera, y puede hacerse de cualquier color», agrega Pablo.

Adrián Del Río (izquierda) ejerce como gerente de la firma, mientras que Pablo Millán (derecha) es su propietario.
Más allá de sus prestaciones técnicas, este material «conecta con una sensibilidad cada vez más presente en el sector de la construcción: la sostenibilidad»: «Es un ejemplo perfecto de economía circular. Aprovechamos un recurso que se regenera y lo transformamos en una solución duradera».
PRESENCIA EN MEDIO MUNDO
Lo cierto es que la compañía ha desarrollado proyectos a lo largo y ancho de todo el mundo. Francia, Bélgica, Holanda, Irlanda, Alemania, Polonia, Lituania, Austria, Finlandia, Chile, Perú, Senegal, Singapur, México, Estados Unidos… Ya son más de 50 los países a los que ha llegado este material desarrollado en Navarra. En este sentido, el 86 % de la facturación de Vipeq procede del extranjero.
«Tenemos una planta licenciada en Toronto, es decir, cedemos nuestra formulación a una empresa local que fabrica el material siguiendo nuestros procesos. Próximamente, es posible que forjemos un acuerdo para tener otra planta licenciada en Miami«, avanza Pablo. Esta manera de operar encaja con uno de los objetivos que la empresa se ha marcado en su hoja de ruta para 2026: reforzar y ampliar su presencia en Norteamérica: «También queremos asentarnos en Dubái y Reino Unido, aunque ya hemos hecho obras allí».
Entre sus proyectos más destacables, Adrián menciona que su corcho proyectado se empleó en la construcción de dos almacenes de Amazon en Canadá y un edificio en Asturias para Grupo Lacasa. «También hemos trabajado en una vía de tren de trece kilómetros en México. Lo bueno del producto que fabricamos es que incluso se puede usar, por ejemplo, para camperizar autocaravanas», apostilla.
En la actualidad, la plantilla de Vipeq está conformada por seis profesionales. Por su parte, Pequinsa suma alrededor de dieciséis: «Estas cifras dependen de la época. Nuestra temporada fuerte viene en verano, con el buen tiempo. Al trabajar especialmente en el sector de la construcción, la actividad depende, en cierta medida, del calendario».
Con obras repartidas por medio mundo, el ritmo de la compañía sigue marcado por la paciencia del oficio. La inquietud constante de Ramón Millán por probar, aprender y mejorar fue lo que dio origen a todo. «Siempre estaba pensando en la siguiente idea, en cómo avanzar», suspiran Adrián y Pablo, conscientes de que esa mirada sigue siendo la brújula que guía el día a día de la empresa.













