Sujeta un trocito de cemento blanco entre las manos. Brilla como si hubiera robado un pedazo de nube recién peinada por el viento. Lo contempla con la misma mezcla de orgullo e ilusión con la que un mago muestra su mejor truco antes de soltar el esperado «tachán». Ese pequeño fragmento, ligero como una galleta de aire, guarda la fórmula secreta para, quizá, cambiar el planeta: «Es un objetivo ambicioso, pero nuestra idea es mejorar el mundo. ¿Cómo? Cubriendo edificios con este material para contrarrestar el calentamiento global», desvela Miguel Beruete, catedrático de Teoría de la Señal y Comunicaciones de la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y cofundador de la empresa PhotoKrete.
La Dirección de Misiones Científicas de la National Aeronautics and Space Administration (NASA) sostiene que la temperatura promedio del globo terráqueo ha aumentado aproximadamente 1ºC desde finales del siglo XIX, un cambio impulsado en gran medida por el aumento de las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera y otras actividades humanas. En términos climáticos, las cifras suponen un cambio gigantesco. Toda la atmósfera del planeta, océanos incluidos, se ha calentado de forma sostenida. Imagina subir un grado a una olla enorme: hace falta muchísima energía para lograrlo, y esa energía extra desajusta todo lo que hay en su interior. «El material con el que trabajamos en PhotoKrete es capaz de refrigerarse y combatir el calor para que esto no ocurra», apunta Beruete.
¿CÓMO FUNCIONA?
«El germen de este proyecto surgió, como casi todas las cosas de la vida, por casualidad», relata segundos antes de remontarse a 2019, cuando impartió una charla sobre los retos a los que se enfrentará la Tierra los próximos años. Al finalizar, Jorge Sánchez, científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y miembro del Donostia International Physics Center (DIPC), le propuso colaborar: «Él era especialista en hormigones y materiales cementosos. Así que pensamos en crear una especie de cemento capaz de enfriar casas. Y después de darle vueltas a la idea, fundamos PhotoKrete hace un año. Hoy somos ocho las personas que formamos parte de la empresa, y en ella colaboramos la UPNA, el CSIC y la Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea».

«El material de PhotoKrete es capaz de refrigerarse y combatir el calor», afirma Miguel Beruete.
La muestra que reposa en su despacho es, de hecho, más blanca que la propia mesa en la que descansa: «Cuanto más blanco es un objeto, más refleja el sol. Esto significa que devuelve la mayor parte de la luz que recibe y que, por tanto, absorbe menos calor. En este sentido, aprovechamos la propia porosidad del cemento junto con unas microadiciones».
Esta ventana atmosférica actúa como una rendija natural en la que el aire es prácticamente transparente. El calor que se emite en esa franja puede escapar directamente al espacio, como si la Tierra abriera una claraboya para ventilarse. El material de Beruete aprovecha justo esa rendija: canaliza el calor hacia esa «ventana» y lo lanza fuera sin que la atmósfera lo retenga. Por eso, aunque esté a pleno sol, el cemento no solo no se calienta, sino que incluso puede llegar a refrigerarse.
Para comprobar el funcionamiento de su tecnología, nuestro protagonista ha realizado estudios climáticos en diferentes regiones del mundo. Pamplona, Singapur, Phoenix, Bruselas… En todos los casos, el material redujo la temperatura superficial hasta diez grados respecto al hormigón convencional. «Comprobamos que, en un día de verano a pleno sol, la temperatura del cemento normal se sitúa a unos 32ºC por encima de la temperatura de la calle. Con nuestro producto, eso no sucedía, incluso puede quedar dos grados por debajo», puntualiza.
SOÑAR EN GRANDE
A sus 46 años, no es la primera vez que Beruete trabaja con este tipo de materiales. De hecho, el año pasado colideró la iniciativa DisenIA, coordinada por ADItech -a su vez coordinador del Sistema Navarro de I+D+i (SINAI)– y financiada por el Ejecutivo foral en la convocatoria de ayudas a centros tecnológicos y organismos de investigación para la realización de proyectos de I+D colaborativos. El objetivo consistía en utilizar la Inteligencia Artificial para avanzar en el diseño de materiales capaces de enfriar objetos expuestos al sol, con un consumo energético nulo y de forma sostenible.
En el proyecto también participó la Asociación de la Industria de Navarra (AIN): «DisenIA fue la raíz de PhotoKrete. En un inicio usábamos nanotecnología pura y dura, pero cubrir un edificio con eso sería complicado. Por eso, ahora trabajamos únicamente con cemento. Es fácil de manipular, no tiene un coste excesivo y puede instalarse de manera masiva», concreta para acto seguido remarcar que, por la «complejidad de su fabricación», los materiales investigados en DisenIA podrían usarse en etapas iniciales para aplicaciones en cadenas de frío, coches eléctricos o enfriar contenedores de material combustible.
Fruto de su investigación, los avances de Beruete han sido reconocidos recientemente con los galardones Nanophotonics Research Award for Innovative Sustainability y Construction Tech Startup Forum en Rebuild 2025. Para él, sin embargo, el verdadero premio es otro: «En la vida, hay que soñar a lo grande. Si este material ayuda a que el planeta se recupere, todo habrá merecido la pena».













