jueves, 4 junio 2026

La pamplonesa que saborea los Chocolates Donezar de su familia mientras estudia la Tierra desde Copenhague

Usue Donezar creció entre los jardines de la Ciudadela y el aroma de Chocolates Donezar, la empresa de su familia. Desde hace más de tres años, ejerce como responsable del proyecto Copernicus en la European Environment Agency, donde trabaja con entidades como la Agencia Espacial Europea, la Dirección General de Industria de Defensa y Espacio o el Joint Research Centre, entre otras.


Pamplona - 27 noviembre, 2025 - 23:30

Donezar, en el centro espacial de la Guayana Francesa donde presenció el lanzamiento del satélite Sentinel 2C. (Foto: cedida)

Todo cambia, es ley de vida. Cuando eres pequeño, mides el mundo en pasos cortos y asombros largos porque todo parece diseñado para gigantes. A Usue Donezar nada le resultaba tan inmenso y misterioso como los jardines de la Ciudadela de Pamplona. Allí, cada árbol podía esconder un enigma… y un estornudo. Solía jugar con su hermana en aquel universo verde y desbordado hasta que, un día, la alergia apareció. Ojos llorosos, nariz roja y una carrera al hospital. A raíz de aquel suceso, nuestra protagonista se planteó estudiar Medicina. ¿Cómo no? Había visto de cerca la urgencia, la importancia, el drama y a los médicos aparecer como superhéroes. Pero los caminos de la infancia rara vez son rectos. «Los cambios son inevitables. Pronto dejé la idea de ser médica, luego pensé en ejercer como veterinaria y, finalmente, me decanté por la Ingeniería Agrónoma. Y ahora, cuando paseo por la Ciudadela, no me parece tan inmensa», expresa entre risas a sus 45 años.

De su niñez, también recuerda el olor inconfundible de la tienda familiar: Chocolates Donezar. El aroma se pegaba a la ropa, al pelo y la memoria. Desde la puerta del obrador, ubicado en la calle Zapatería, observaba fascinada el vaivén de los trabajadores: manos ágiles vertiendo mezclas brillantes, espátulas que parecían coreografiar pequeños milagros, moldes que se llenaban con una precisión ceremoniosa… En aquel mundo de dulces meticulosidades, comprendió que detrás de cualquier creación (ya sea una tableta de chocolate o un campo en plena producción) siempre hay trabajo, técnica y un cariño que no se improvisa.

Y así, entre parques que parecían selvas y talleres que olían a cacao, aquella niña creció. También lo hizo su hambre de curiosidad. Aterrizó en la Universidad Pública de Navarra (UPNA) con ganas, entusiasmo y la certeza de que estaba preparada para explorar un mundo de posibilidades. «Me lo pasé genial durante la etapa universitaria, aunque trabajábamos muchísimo», rememora segundos antes de narrar su primera experiencia en el extranjero como estudiante de Erasmus.

EXPERIENCIAS TRANSFORMADORAS

«Irte a otro país, aprender a lidiar con situaciones a las que no estás acostumbrada… Creo que el Erasmus es algo muy enriquecedor», sostiene con firmeza. En concreto, se marchó a Holanda. Por aquel entonces, la tecnología era algo diferente a como la conocemos ahora. Cada llamada a casa requería planificación y la información se buscaba en guías o preguntando a desconocidos. Aprender a arreglárselas por sí misma fue parte del viaje: descubrir cómo moverse en una ciudad nueva, hacer amigos que no compartían el idioma, resolver problemas que no se podían googlear… Todo eso, quizá, es lo que hace que una experiencia así sea realmente transformadora: «A mis hijos, que tienen doce años, les mandaré a un programa de intercambio. Creo que estar lejos de casa viene muy bien».

Al finalizar la carrera, fichó por Tracasa Global. Lo que comenzó como una aventura de becaria acabó transformándose en dieciséis años de trayectoria profesional en la sociedad pública. «Me dio tiempo a tocar muchas áreas, pero durante los últimos siete me centré en la gestión de proyectos. Me dedicaba, sobre todo, a la observación del territorio, el mantenimiento de líneas técnicas, el procesamiento de imágenes satelitales y la toma de decisiones», detalla.

Su experiencia en el sector le llevó a ser seleccionada, hace más de tres años, por la European Environment Agency para liderar el proyecto Copernicus, un programa de la Unión Europea enfocado en la observación de la Tierra desde el espacio y que cuenta con un presupuesto de 142,5 millones de euros. «Proporcionar información geográfica sobre la cobertura y usos del suelo, analizar movimientos del terreno, comprobar el estado de la vegetación… Nuestros objetivos son muchos. También contratamos a empresas expertas en el desarrollo de artículos espaciales para elaborar productos similares a mapas», concreta.

IMPACTO AMBIENTAL Y ECONÓMICO

«Si compruebas mapas antiguos y ves cómo ha crecido Pamplona en los últimos veinte años, te das cuenta de que, sobre todo, ha crecido en zonas que antes eran agrícolas. Eso tiene un impacto en el medio ambiente y en la economía. Nosotros creamos datos que ayudan a monitorizar ese impacto», puntualiza. 

En este sentido, Usue trabaja mano a mano con la Agencia Espacial Europea, la Dirección General de Industria de Defensa y Espacio y el Joint Research Centre, entre otros. De hecho, la foto que ilustra esta entrevista fue tomada en el centro espacial de Kourou, en la Guayana Francesa: «Me invitaron a presenciar el lanzamiento del satélite Sentinel 2C. Lo que se ve al fondo es el launcher, el sitio donde se guarda el cohete».

Fruto de su trayectoria, recientemente recibió el X Premio Alumni Distinguido de la UPNA. Agradecida por este hito, desvela que el reconocimiento le llegó «en un momento muy bonito», casi como un abrazo simbólico desde casa. Porque, aunque ahora reside en Copenhague, siempre hay una parte de ella que late al ritmo de su Pamplona natal. «Cuando vuelvo, tengo como tradición tomarme un pintxo de tortilla de patata en el bar Yoldi», asegura entre carcajadas. También aprovecha para hacerse con unas tabletas del chocolate que sigue elaborando su familia. 

Con esa dualidad (los satélites en el cielo y las raíces en la tierra) nuestra protagonista navega entre mundos. Y mientras diseña sistemas para monitorizar el planeta, mantiene firmes los lazos que la devuelven, siempre, a su punto de partida. Porque, por muy lejos que esté, le basta con abrir una tableta de Chocolates Donezar para regresar a su hogar. Así, entre onza y onza, la distancia se derrite entre sus manos. 

Esta entrevista forma parte de la Estrategia NEXT del Gobierno de Navarra.

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