jueves, 25 junio 2026

La familia hispano-marroquí que ha transformado el bar Urtzi de Alsasua en un café y restaurante de éxito

Los vecinos de Lakuntza, Amin Hamdi y su madre, Najate Lehmar, están detrás de la barra de Bi Lur, situado en la plaza de los Fueros, desde enero. Tras una reforma integral, el establecimiento con espacio para 40 comensales ofrece tacos franceses y pizzas caseras, además de una amplia variedad de repostería. "La ama lleva muchos años trabajando en hostelería y siempre soñó con tener su propio negocio. La acogida ha sido muy buena", explica Amin a Vanity Capital.


Alsasua - 24 abril, 2026 - 18:07

Amin Hamdi, de 21 años, y su madre, Najate Lehmar, regentan el bar Bi Lur desde enero. (Fotos: cedidas)

Hay bares que no son solo bares. Son punto de encuentro, refugio de conversaciones y escenario de recuerdos. Durante 35 años, Urtzi Taberna representó todo eso para Alsasua. Por eso, cuando en noviembre José Miguel Lizarraga y Ana Iturralde bajaron la persiana por última vez, no solo se cerró un negocio, se apagó una luz muy reconocible en la vida social del pueblo. Pero hay historias que no terminan, solo cambian de manos. Apenas dos meses después, el 3 de enero, los rayos del sol volvieron a colarse entre los ventanales del local. Y lo hicieron con otra familia de Lakuntza al frente, otra energía y una manera distinta de entender la hostelería. Detrás de esta nueva etapa están Amin Hamdi, de 21 años, y su madre, Najate Lehmar, quienes han tomado el relevo con una mezcla de intuición, constancia e ilusión.

«La ama lleva muchos años trabajando en hostelería y siempre soñó con tener su propio negocio», explica Amin a Vanity Capital. La oportunidad apareció casi de forma natural; conocían a los anteriores propietarios y, en cuanto supieron que se jubilaban, dieron un paso adelante. Sin embargo, al principio Amin no contaba con ser parte del proyecto: «En un primer momento yo no iba a trabajar aquí. Soy mecánico, pero mi madre me pidió el favor… y al final me quedé. Y de ahí, todo ha ido para arriba».

El reparto de papeles también surgió sin forzarlo: él, cercano y hablador, encaja con la clientela; ella, con una larga trayectoria entre fogones (incluida casi una década en el Kale Txiki Taberna de Lakuntza), encuentra en la cocina su terreno natural. Especialmente en la repostería, donde combina recetas tradicionales y otras heredadas de la gastronomía marroquí.

El nuevo proyecto, ubicado en la plaza de los Fueros y bautizado como Bi Lur, no es exactamente un bar al uso. De hecho, no hay alcohol y se presenta como una cafetería. «La gente cada vez hace más vida de día, prefiere quedar a tomar un café que salir por la noche», reflexiona el navarro. Esa idea se traduce en una oferta pensada para otro ritmo: cafés, meriendas, cenas informales y una carta que mezcla lo casero con lo novedoso.

Entre sus apuestas destacan los llamados «tacos franceses», una tendencia que empieza a hacerse hueco en España y que tiene origen en la comunidad marroquí en Francia. Han tenido una acogida «sorprendentemente buena», al igual que las pizzas caseras, cuya masa elabora la propia Najate. Pero si hay algo que marca la diferencia son los postres. Junto a clásicos como brownies, cookies o tartas de queso, conviven dulces tradicionales marroquíes que aportan identidad y un toque poco habitual en el entorno. De cara al verano llegarán nuevas propuestas a la carta como batidos o crepes. 

Esa mezcla también habla de ellos. De sus raíces y de su presente. De ahí el nombre elegido, Bi Lur («dos tierras»), que evoca el origen y ese sentimiento de pertenecer a más de un lugar. Además, el cambio no es solo gastronómico, también se traslada al espacio. El antiguo Urtzi, más vinculado a la noche, ha dado paso a un local completamente reformado con tonos blancos, madera y luz natural. Un ambiente más abierto, con capacidad para unas 40 personas en el interior y una terraza amplia que ya empieza a cobrar protagonismo con la llegada del buen tiempo.

Asimismo, el proyecto ha crecido rápido. Empezaron madre e hijo, pero el ritmo frenético les ha obligado a sumar más manos. En concreto, su tía se ha incorporado a la cocina y su padre echa una mano los fines de semana. La respuesta del pueblo, dicen, ha sido clave: «La acogida ha sido muy buena. A la gente le ha gustado que sea algo diferente». Quizá porque, en el fondo, mantiene lo esencial y simplemente sigue siendo un lugar donde encontrarse. 

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