El pamplonés Arturo Del Burgo ha sido un lector ávido desde la niñez. «La lectura siempre me ha acompañado porque en mi casa había libros por todos los rincones», relata Del Burgo. Cerca suya, también había un cuaderno en el que anotaba ideas que se le pasaban por la cabeza. «Desde los primeros compases de mi vida ya me arrancaba con historietas. Obviamente no eran para publicar, sino para aprender a plasmar por escrito lo que se desarrollaba en mi imaginación y generar ese hábito de escritura que se va desarrollando con la práctica», explica. Cuando tenía trece años, los Reyes Magos le regalaron una máquina de escribir con la que ideó «cuentos cortos» y Sus Majestades no iban mal encaminados ya que uno de sus relatos ganó un certamen literario celebrado en Pamplona.
Sin embargo, la escritura se quedó como «el gran hobbie» y nunca se convirtió en profesión. Así, Del Burgo estudió Derecho en la Universidad de Navarra y, más tarde, complementó su formación con un máster, especializándose en el ámbito de la empresa. Durante catorce años trabajó en el despacho que fundó su padre, Del Burgo Abogados, con su hermana Paula trabajó otros tres años como socio director en el despacho Cremades & Calvo-Sotelo y desde hace más de ocho años es socio director de la oficina de Écija Abogados en la capital navarra.
A pesar de su exigente profesión, Del Burgo nunca aparcó del todo la escritura, en 2009 publicó tres libros para el público juvenil (‘También fueron niños los grandes conquistadores’, ‘También fueron niñas las grandes reinas’ y ‘El club de la supervivencia’) y en 2023 debutó con su primera novela histórica, titulada ‘Un lugar que volver’. Dos año después, en enero de 2025, publicó ‘No mientas’ y «la gran acogida entre los lectores» ha sido el revulsivo para idear ‘Maldita’, su nueva novela negra que se presenta el próximo miércoles 22 de abril a las 19.30 horas en el Nuevo Casino de Pamplona. «La escritura es el único hobby que tengo. Por lo tanto, cualquier rato libre o de ocio que dispongo lo dedico a la escritura: cuando viajo en tren, al llegar al hotel, después de cenar, los fines de semana, en vacaciones… Tampoco soy de pegarme unas grandes panzadas escribiendo. No necesito contar con mucho tiempo porque cuando estás inmerso en la escritura de una novela la historia siempre está en la cabeza», comenta. Además, la escritura, incide Del Burgo, es la mejor manera de desconectar después de un intenso día en el despacho: «Te atrapa y te evade de la realidad», subraya.
LA TRAMA DE ‘MALDITOS’
Junio de 1996. Una escultura de arena con forma de sirena esconde el cadáver de una estudiante en la playa de Zurriola de San Sebastián. Desde entonces, cada cuatro años, y siempre en el mes de junio, el asesino repite su ritual: secuestra, tortura, viola y asesina a una mujer joven, y le marca la frente con la palabra ‘Exlibris’ grabada a fuego. La prensa bautiza estos asesinatos como los crímenes del librero. Siempre igual. Siempre impune. En total, siete crímenes sin resolver, con un cuidado ritual detrás y sin ningún tipo de rastro que seguir.
Junio de 2024. A Renata Blasco, subinspectora de la Policía Nacional, le encomiendan una misión casi imposible. ¿Cuál? Resolver esta serie de crímenes que llevan casi tres décadas repitiéndose sin que nadie haya logrado detenerlos e intentar frenar un asesinato que se cometerá en un futuro inmediato. Vera Durán, antigua inspectora del caso durante los últimos veintiocho años, ayudará a Renata ya que los siete crímenes pesan sobre su conciencia y no está dispuesta a cargar con otro más. Mientras la cuenta atrás avanza, tres amigos intercambian por completo sus vidas durante una semana en un juego tan seductor como peligroso, donde las traiciones y las sospechas afloran de inmediato.
Malditos construye su tensión a partir de una cuidada estructura que conecta tres ciudades distintas (Pamplona, Madrid, San Sebastián) y entrelaza dos líneas temporales. Por un lado, los años noventa y la Universidad de Navarra, donde el profesor de literatura Samuel Galindo coordina un club de lectura especializado en novela negra que congrega a su alrededor a un grupo de brillantes alumnos. Estos jóvenes universitarios comparten una fascinación casi obsesiva por los grandes clásicos de la novela negra (Edgar Allan Poe o Arthur Conan Doyle entre otros) y por sus crímenes más célebres.
Además, a través de este misterioso club de lectura, exploran cómo nacieron los grandes arquetipos del noir: el enigma, el asesino que siempre deja su firma, el crimen imposible…Y entre discusiones literarias, algún que otro corazón roto y desafíos intelectuales; surge un juego inquietante: imaginar el crimen perfecto. Pero no todos los participantes se limitarán a la imaginación ya que lo que comienza como un ejercicio intelectual, y también social, acaba transformándose en una actividad demasiado peligrosa. Esta línea temporal pasada se entrelaza con el presente a través de un grupo de amigos y un juego macabro que obligará a todos sus participantes a poner todas las cartas sobre la mesa.
A medida que la investigación avanza, el pasado y presente comienzan a reflejarse el uno en el otro. La novela alterna ambas líneas temporales, usando unas cintas de vídeo caseras de estos problemáticos adolescentes, que permitirá al lector reconstruir progresivamente los hechos y comprender la realidad puede ser incluso más macabra que la mejor de las ficciones. El autor introduce al lector ante una élite masculina, privilegiada y cohesionada por el pasado que convierte su poder y el morbo en un juego criminal protegido por su posición social.
Y es que más allá de la intriga criminal, Malditos es también una historia sobre el peso del pasado. Los protagonistas, convertidos en el presente en adultos poderosos y sin escrúpulos, han construido sus vidas sobre silencios familiares, un férreo pacto para protegerse y culpas que nunca llegaron a nombrarse. Del Burgo explora cómo el paso del tiempo transforma las relaciones y cómo incluso vínculos inquebrantables pueden explotar cuando la verdad empieza a emerger. Porque en Malditos la pregunta no es solo quién está detrás de los crímenes, sino también qué ocurrió realmente entre aquellos amigos muchos años atrás. La novela plantea, así, una reflexión sobre la impunidad, hasta qué punto una red de lealtades, silencios y privilegios puede proteger a quienes lo comparten todo… incluso aquello que nunca debería salir a la luz.













