La plaza de Navarrería, a veces punto neurálgico del encuentro social pamplonés y otras un remanso de calma con vistas privilegiadas a la imponente catedral, es también el hogar de La Trastienda. En el número 21 de la calle, sus reconocibles verjas de metal forjado dan la bienvenida a un espacio tan ecléctico como acogedor. Mochilas, ropa de segunda mano, pendientes, ilustraciones, accesorios o libros conviven desde hace un año en un mismo universo creativo.
Este proyecto, que hoy respira como un pequeño refugio artístico, nació en abril de 2025 de la unión de tres comerciantes venezolanos con una idea clara: crear un punto de encuentro y, al mismo tiempo, un escaparate para el talento local. Pero esta historia comenzó mucho antes.
Natalia Núñez, de 50 años, trabajaba en la industria petrolera en su Venezuela natal cuando decidió dar un giro a su vida profesional y trasladarse a Pamplona para cursar la primera promoción del máster en Dirección de Personas de la Universidad de Navarra. Después, recaló durante tres años en El Naturalista, la firma de calzado riojana con oficina comercial en la ciudad. Fue entonces cuando conoció a Daniel Chong y a su socia venezolana, quienes vendían los bolsos del diseñador en un local de la calle Lindachiquia.
Por su parte, la trayectoria de Chong también es una historia de viajes y oficios. De padre chino y madre ecuatoriana, comenzó a confeccionar bolsos en Argentina mientras estudiaba en la Universidad de Buenos Aires. Ya en España, siguió cosiendo en el taller familiar de San Jorge, hasta que en 2014 abrió su propia tienda en Pamplona. Dos años después se trasladó a Madrid, momento en el que Natalia decidió tomar las riendas del establecimiento navarro.

El diseñador Daniel Chong creó su marca de mochilas en 2009 y abrió su tienda en Lindachiquia en 2014.
Durante casi una década, Natalia ha continuado vendiendo estas mochilas, caracterizadas por su apuesta por la sostenibilidad: materiales reciclados, tejidos procedentes de botellas de plástico, algodón recuperado y pieles de curtición vegetal. «Es un producto pensado para durar, pero también para reducir el impacto ambiental. El objetivo es no generar huella de carbono y hacer las cosas con conciencia», explica a Vanity Capital.
NUEVA UBICACIÓN
El salto definitivo llegó hace justo un año, cuando el proyecto encontró su lugar en Navarrería. «La idea era compartir el espacio entre tres negocios: Indiano Café, Atelier 17 y Chonbag», recuerda Natalia. Sin embargo, uno de los socios tuvo que abandonar pronto: «Indiano nos tuvo que dejar y ahora estamos buscando a alguien interesado en ocupar su lugar y compartir nuestro espacio».
Lejos de quedarse en una tienda al uso, La Trastienda ha ido ampliando su vocación inicial. Hoy funciona también como plataforma para creadores que no tienen un escaparate propio. Entre sus estanterías conviven pendientes de Mosstaza, mochilas de Casambo (la firma de Sally Chong), eguzkilores de El Txoko de Olite o piezas de marcas llegadas desde fuera, como la valenciana Gamba Taronja, las lámparas de luna de Milimetrado o los gatos de la suerte de Diminuto Cielo.
«También tenemos ropa de segunda mano; de hecho, el sábado pasado organizamos un mercadillo con el estudio Lasdekardo, con DJ incluido, y fue increíble», cuenta. Es más, la agenda del local no se detiene: talleres, encuentros y propuestas culturales dan vida al espacio: «Este sábado tenemos un taller con Raúl Oloriz, referente del collage en la zona».
Y es que, esa dimensión cultural no es casual. «Al principio íbamos a ferias en busca de artistas, pero ahora son ellos quienes vienen a proponernos estar aquí», admite. Mientras encuentran un nuevo socio que complete el proyecto, han decidido reforzar esa faceta: «Tenemos la trastienda creativa y cada dos semanas organizamos sesiones de acuarela con vino. Queremos que la gente entre, conozca el espacio y lo sienta suyo. Está abierto a quien quiera venir». Incluso han acogido presentaciones de libros, como el poemario de una amiga psicóloga centrado en el duelo migratorio.
Aunque es el único punto en Pamplona donde se venden las mochilas de Daniel Chong, Natalia reconoce con orgullo que cada vez es más habitual verlas por la calle. Según la venezolana, el público es «amplio (de los 20 a los 60 años) y fiel». «A la gente le gusta la calidad, los colores y lo poco que pesan. Tengo clientes que llevan años con ellas y les da hasta pena cambiarlas», comenta. Además, ofrece servicio de reparación, prolongando aún más la vida útil de cada pieza.

En La Trastienda se venden artículos de artistas emergentes y se organizan eventos culturales cada semana.
Pese a la mudanza, todavía hay quien la busca en su antiguo local de Lindachiquia. Por eso insiste en reivindicar su nueva ubicación: «El sitio me parece espectacular, bellísimo. Queremos que la gente viva una experiencia distinta a comprar por internet: aquí podemos explicar el producto, recomendar… Es una relación mucho más cercana, casi familiar». Y concluye con una sonrisa que resume su vínculo con la ciudad: «Me encanta Pamplona, sobre todo el Casco Viejo. Es el enclave perfecto».
En el fondo, lo que más disfruta Natalia no es solo vender, sino tejer relaciones. «Me encanta el trato con la gente. Conozco a muchísimas personas, y siempre vienen a preguntarme dónde conseguir cosas. Es como un servicio abierto al público. Y también está la parte de descubrir artistas, de ver quién encaja, cómo ayudarles, cómo darles visibilidad. Está claro que este es mi sitio».













