Cada tarde, la pequeña Carol Barioni se sentaba frente a la mesa de la cocina. No pensaba en exámenes ni deberes pendientes, su fijación era otra: los dulces. Ideaba combinaciones y recetas para sorprender a sus amigos, que saboreaban sus postres con expectación. «Desde niña tenía una mente muy emprendedora y la ilusión de crear un negocio», rememora hoy. De hecho, solía vender pulseras en el colegio, practicando la humilde economía de quien anhela comprobar si una idea sencilla puede funcionar entre pasillos largos, horas de recreo y estudiantes. Cada venta se presentaba como un experimento: cómo presentar el producto, cómo convencer, cómo observar la reacción del otro… Con esos simples gestos, comenzaba a trazar el mapa de su futuro: un territorio donde la creatividad y la iniciativa serían inseparables.
Aquella niña de mente inquieta creció en su Brasil natal hasta que voló a España para instalarse de manera definitiva en Navarra, donde ya lleva nueve años. Pamplona la encandiló enseguida: sus calles tranquilas, su ritmo pausado, la comodidad de la ciudad… Y, como siempre le ocurría cuando algo le emocionaba, su cabeza empezó a barruntar posibilidades. Comenzó a preguntarse qué podía aportar ella, qué parte de su identidad podía convertir en un puente entre Brasil y su nuevo hogar. Y entonces recordó un sabor que llevaba años acompañándola: el açaí.
DE LA IDEA AL NEGOCIO
«Es una fruta que proviene de la Amazonía y tiene muchos beneficios, es muy saludable. Posee omega 6 y omega 9, no tiene gluten, mejora la digestión y aporta energía al cuerpo», detalla nuestra protagonista para acto seguido desgranar cómo gestó su proyecto empresarial.
El primer paso fue dar con la fórmula. Lo cierto es que el açaí puede tomarse en zumos, batidos, bowls… A Carol, sin embargo, se le ocurrió elaborarlo en formato helado: «Compré pulpa, un congelador y una máquina de helados y empecé a hacer pruebas. Había días que me dormía a las tres de la mañana».
Pero todo esfuerzo tiene su recompensa. Creó una cuenta de Instagram, anunció el producto que ofrecía y enseguida llegó el primer pedido. Una chica embarazada, que confesó tener un antojo irresistible de algo fresco y diferente, le escribió. Así que preparó el pedido con el mismo esmero que de niña elaboraba sus dulces, cuidando cada detalle, desde la textura del helado hasta la etiqueta del vasito. Cuando la futura mamá recibió la entrega, no pudo evitar hacer lo que hoy hacen miles de personas al emocionarse con algo: subió una foto a su perfil de Instagram. Mostró el vasito de açaí, escribió un pequeño texto y etiquetó a la cuenta de Carol. Desde entonces, las notificaciones no dejaron de llegar. Nuevos seguidores, nuevos pedidos, nuevos comentarios… El boca a boca (y el like a like) cumplió su función.
«Hacerlo todo yo sola era muy complicado, sobre todo porque compagino el negocio con mis estudios en Marketing y Publicidad. Por eso decidí buscar un local y poner una tienda física. Han pasado cinco años desde que inicié esta aventura y me emociona ver su evolución», relata. Ilusionada con el proyecto, anuncia que Açaí Pamplona abrirá sus puertas en enero, en la puerta trasera del número 17 de la avenida de Pío XII. La ubicación no es casual: «La mayoría de mis clientes son estudiantes. Hay varias residencias cerca de aquí y este punto me pareció estratégico».
Carol llegó a recibir casi cincuenta pedidos en un solo día. A medida que el negocio crecía, también lo hacía su oferta. Hoy, sus açaís pueden combinarse con todo tipo de toppings: frutas frescas, granola, sirope de chocolate, coco rallado, avena… «Cada persona puede personalizarlo a su gusto. Es un producto muy versátil y admite mil combinaciones», explica con entusiasmo.
A sus 25 años, mientras ultima los preparativos de la apertura, se muestra satisfecha por el camino recorrido. Pronto nacerá un rincón amazónico en Pamplona, y eso le llena de entusiasmo: «Mi objetivo es simple, quiero que quien venga pruebe un pedacito de Brasil y que se sienta un poco más feliz».













