Emérito Sainz tenía un carácter inquieto y una inusual habilidad mecánica. Por eso, al tiempo que lideraba la actividad industrial de una gran conservera en México, este navarro solía imaginar soluciones ante la falta de tecnología avanzada para automatizar las tareas del día a día. Este curioso pasatiempo se transformó en una idea de negocio cuando regresó a su natal Mendavia. Y, con los ojos puestos en materializar los equipos con los que soñaba, decidió contar con el apoyo de su hija, Milagros Sainz, que plasmaba cada idea en planos trazados a mano, y de su yerno, Ángel Arteaga, que empezó a tejer una red comercial para vender sus inventos.
De esta forma, la familia puso en marcha la compañía, Emérito en 1964. ¿Su objetivo? Innovar en las tecnologías para envasado rígido de alimentos, ámbito en el que la empresa abrió brecha con las primeras máquinas para las conservas de espárrago y, después, para las del pimiento. A sus primeros equipos siguieron otros que lavaban, escaldaban o pelaban el producto. Posteriormente, amplió su catálogo con soluciones complementarias como llenadoras de salsas o despaletizadoras, que empezaron a captar el interés de industrias dentro y fuera de España.
En 1986, tras el «fallecimiento repentino» de Emérito, Milagros y Ángel asumieron el relevo y llevaron a cabo una profunda reestructuración que culminó con la incorporación de la tercera generación de la empresa familiar, personificada en su hijo Hugo. Este último se formó y fue ascendiendo dentro de la firma hasta convertirse en su director general y propietario único en 2008.
Hoy, Emérito oferta unos 120 equipos dirigidos a la industria conservera que automatizan todo el proceso de envasado, desde la recepción del producto hasta su salida de la fábrica. «Gracias a la inversión continuada en ingeniería productiva, hemos llegado a tener la capacidad de diseñar y adaptarnos con nuestras diversas soluciones a prácticamente todos los tipos de clientes, desde pequeños artesanos hasta grandes productores o multinacionales», explica Hugo a Navarra Capital.
Precisamente, la compañía cuenta con una superficie industrial de 3.500 metros cuadrados, de los que 2.000 se dedican a la fabricación de las máquinas y los 1.000 restantes al almacenaje de esta. En total, la firma factura unos 3 millones de euros al año y emplea a «entre veintitrés y veinticinco personas». «En este 2025, hemos incorporado a dos nuevos perfiles profesionales. La enorme falta de recursos humanos cualificados es uno de los frenos que nos impide considerar más crecimientos», constata el director general de la empresa.
EXPANSIÓN EN EL EXTRANJERO
La internacionalización es uno de los pilares que ha marcado la evolución de Emérito. A partir de la creación de un Departamento de Exportación entre 2002 y 2003, pasó de facturar entre un 5 % y un 10 % del total en unos cuatro o cinco países a concentrar el 80 % de sus ingresos en 65.

La compañía cuenta con una nave industrial de 3.500 metros cuadrados, donde trabajan entre veintitrés y veinticinco personas.
En esta labor, el equipo se ha focalizado en ofrecer un servicio postventa «ágil» para el que cuenta con un stock continuado de las piezas de media y alta rotación: «Pueden servirse en cualquier parte del mundo en un máximo de entre 48 y 72 horas». También dispone de un servicio especializado para ofrecer piezas más específicas y de baja rotación.
Con el objetivo de aumentar estas capacidades, Emérito estableció a principios de este año un equipo propio de Ventas y Postventa en India. «Nos permitirá acercar nuestras soluciones tecnológicas para el envasado de alimentos en frascos con cierres twist-off y latas de conservas a una base de clientes en expansión. No solo fortalecemos nuestra capacidad para responder a las necesidades específicas del mercado local, sino que también consolidamos nuestro compromiso de seguir suministrando nuestros productos con innovación y alta tecnología a todos los rincones del planeta», remarca Hugo.
DOS PILARES PARA CRECER
La creciente concentración del sector alimentario, impulsada por la adquisición de pequeños y medianos productores por parte de grandes grupos, está configurando un nuevo mapa industrial. «Cada vez se va a gestionar más la industria a través de big players y va a ser más difícil que las empresas más pequeñas, familiares o de nueva creación puedan optar a crecer sin integrarse en esos grandes conglomerados», analiza.
De ahí que el director general de Emérito haya identificado dos grandes oportunidades de negocio para su empresa. «Por un lado, la transición ecológica nos obliga a reducir el uso de envases y embalajes de difícil reciclaje, como los elaborados con plásticos y derivados. En este sentido, desde la compañía siempre hemos apostado por los frascos de vidrio como envase principal, un material que puede reciclarse de forma plena», reflexiona. En paralelo, apunta a los «increíbles crecimientos» que ha experimentado el sector pet food en los últimos años.













