Ella trabaja en un salón de peluquería. Él es camarero en el bar de enfrente. Cada mañana, la mujer cruza la calle con el uniforme bien planchado y pide un café para llevar. Él la ve venir desde lejos y prepara su mejor sonrisa. Cada uno conoce bien los gestos del otro, pero no su nombre. Al menos, no todavía. Sin embargo, en ese café diario se enciende en ambos una luz. La taza que cambia de mano, el roce accidental de los dedos, las miradas que se cruzan de manera fugaz… Ambos convierten la rutina en un lenguaje propio. Y de pronto, sucede. Víctor Rodríguez y Noelia Barea se enamoran. Y así, dos vidas que hasta entonces corrían en paralelo empiezan a doblar una misma esquina.
«Iba todos los días a su bar porque tenía café de especialidad, y yo soy muy cafetera. Si nos paramos a pensarlo, nuestra historia es bastante romántica. Todo ha sido gracias a la pasión que compartimos por la hostelería», sonríe Noelia, que recuerda aquellos primeros encuentros con cierta nostalgia. De 26 años y natural de Cortes, coincidió con Víctor en Zaragoza hasta que se decantaron por instalarse en Tudela.
Una vez en Navarra, ella aterrizó en el bar Consentidos, donde ha trabajado estos últimos nueve años como camarera. Hasta que, hace apenas unos meses, el propietario lanzó al aire una propuesta muy interesante: «Miguel Ángel Corcuera, a quien conozco desde que trabajo aquí, nos propuso a los dos continuar con el negocio». Víctor, cuya trayectoria en el sector comenzó a los 17 años, apostó por confiar en el proyecto sin dudarlo. «Pensamos que sería bonito emprender juntos y, con toda la ilusión del mundo, dijimos que sí», relata.
UN TOQUE MÁS FRESCO
Hasta ahora, el bar Consentidos se especializaba en copas. La pareja continuará esa misma línea, aunque con un «toque más fresco» para «reforzar la identidad» del local. «Entre semana mimaremos el café y, además, incorporaremos una carta con cócteles de autor para da al establecimiento un toque un poco más fresco», apunta Víctor, aragonés de treinta años, tras recalcar que posee una amplia experiencia como bartender.
Los fines de semana, acuden al local unas mil personas y, de lunes a viernes, la cifra ronda las cien. «Tenemos dos tipos de público. Por un lado, jóvenes que buscan un lugar donde salir de fiesta y disfrutar de un buen copeo y, por otro, gente más mayor que demanda un tardeo. Ahora está muy de moda», detallan.
Su actividad comenzó a principios de julio y, desde entonces, la pareja «no ha parado ni un segundo». Las fiestas de Tudela, que colorean el municipio de rojo y blanco durante la última semana del mes, supusieron un «boom» de clientela para el establecimiento. Lejos de verse superados por la demanda, ambos aprovecharon el tirón festivo para consolidarse. Gracias al boca a boca y al ambiente acogedor que han sabido crear, su bar se ha convertido en un agradable punto de encuentro. ¿Su objetivo? Mantener esa energía y continuar sorprendiendo sin perder de vista lo esencial: el buen trato y la cercanía.
«Estamos muy comprometidos con Tudela», aseguran antes de anunciar que, de hecho, tienen en mente realizar actividades relacionadas con la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y con la Escuela Pública de Música Fernando Remacha. «Queremos ofrecer una programación distinta cada mes», concluyen con la misma ilusión con la que un día comenzó todo, entre miradas cruzadas y una barra que, sin saberlo, ya les unía mucho antes de emprender este nuevo proyecto juntos.













