En el número 23 de la calle San Marcelo de la localidad navarra de Eltzaburu, en pleno valle de Ultzama, un inmueble del siglo XIX ha vuelto a abrir sus puertas. La posada Eltzaburu inició su andadura el pasado 21 de marzo con una inauguración que reunió a cerca de un centenar de asistentes. Una jornada marcada por la música en directo, el ambiente cercano y una propuesta gastronómica que busca combinar tradición y apertura al mundo.
Al frente del proyecto se encuentra Sara Ben Moussa Cherraoui, chef y gerente del establecimiento, que define su cocina como una forma de «acoger, compartir y crear recuerdos». Su propuesta parte de la idea clara de ofrecer una cocina honesta, accesible y ligada al entorno, pero sin renunciar a influencias internacionales. «Este proyecto nace del deseo de ofrecer una cocina auténtica, generosa y humana», explica. Esa filosofía se traduce en una carta que apuesta por el producto local y de temporada, al tiempo que incorpora guiños puntuales a otras culturas gastronómicas.
LA CARTA
¿El resultado? Una oferta variada que recorre distintos sabores sin perder de vista la sencillez. Entre los entrantes figuran opciones como carpaccio, fritos, ensaladas, hummus casero o bagel con salmón, mientras que los platos principales combinan propuestas más tradicionales como ajoarriero, entrecot, costillas de cerdo, fideos thai o pinchos morunos. Los postres, por su parte, incluyen desde clásicos navarros como la cuajada o la goxua hasta elaboraciones como baklava (dulce turco), tarta de queso o mousse de chocolate. La carta se completa con una amplia selección de vinos navarros y franceses.
El establecimiento, que cuenta con terraza, se presenta como un espacio acogedor pensado tanto para vecinos de la zona como para quienes visitan el valle. La intención es ofrecer un lugar donde hacer una pausa tras una jornada en la naturaleza, en un entorno que combina la historia con una propuesta culinaria actual.

La carta se caracteriza por productos locales y de temporada, además de guiños puntuales a otras culturas.
Más allá de la carta, el proyecto pone el acento en una forma de entender la gastronomía vinculada al territorio. La joven chef apuesta por trabajar con productores locales y por adaptar la oferta a las estaciones, con una cocina que quiere ser «ética e inclusiva» y en la que cada plato tiene su propio relato.













