La peluquería es un oficio que se sostiene, literalmente, a pulso. Ocho horas al día con el brazo en alto, el zumbido constante pegado a los oídos y un peso que, secado tras secado, afecta inevitablemente a tendones y articulaciones. En cada gesto repetido hay cierta destreza afinada, técnicas que progresan con el tiempo y una búsqueda constante de mejores herramientas de trabajo. Porque toda profesión evoluciona cuando alguien decide escuchar y preguntarse si es posible hacer lo mismo (o incluso mejor) con menos esfuerzo físico y más ligereza. Esta cuestión, ambiciosa y sencilla, irrumpió hace unos años en el pamplonés Txema Urdiáin como un chispazo creativo: «¿Y si el secador pudiera pasar desapercibido?».
Desde hace más de dos décadas, ejerce como profesor de Educación Física en el colegio San Cernin. A primera vista, su universo parece ajeno al de los salones de belleza: patios escolares, silbatos, movimiento y juego. Sin embargo, en el fondo siempre ha habitado el mismo territorio: el del cuerpo y sus límites. «Desde niño he tenido una mente abstracta y el sueño de crear algo práctico, útil, que pueda ayudar a la gente. Quería intentar responder con ingenio, incluso a problemas que parezcan pertenecer a otros mundos», relata.
Conocía a profesionales del sector y, después de visitar varias peluquerías y escuchar los retos a los que se enfrentaban a diario, llegó a una conclusión. Si el cuerpo se mueve mejor cuando se le libera de tensiones innecesarias, ¿por qué no aplicar esa misma lógica al gesto cotidiano del secado? «Enseguida dibujé algo, tan solo un esbozo. Quería crear un secador que no pesase y cuyo ruido no fuese molesto. Como no poseo formación en ingeniería, acudí a la Universidad Pública de Navarra. Un equipo de ingenieros me ayudó a desarrollar un primer prototipo», detalla.
DE LA IDEA AL NEGOCIO
En 2022, cuando logró obtener la patente, se puso en contacto con el Centro Europeo de Empresas e Innovación de Navarra (CEIN). Después de realizar un estudio de mercado, comenzaron las pruebas: «Al probarlo, la gente decía ‘¡ya era hora!’. La tecnología para fabricarlo no era demasiado compleja y decidí fundar Mulfunworks y continuar con el proyecto. Opté por instalar el primer prototipo en la peluquería de Edurne Senosiain, en la calle de Emilio Arrieta».
El producto apenas lleva unas semanas en el local de la profesional, pero su éxito ha sido «inmediato». «Varios clientes han preguntado si pueden tener un secador como este en su casa. No pesa, casi no hace ruido y se puede regular su temperatura. Incluso se le puede poner un difusor en la boquilla», concreta Edurne lanzando una mirada cómplice a Txema, quien remarca que un secador normal alcanza los 86 decibelios, mientras que el suyo, al que ha bautizado como Mulphi2, roza los 62.
La idea del emprendedor es fabricar el producto con la tudelana Jata, especializada en electrodomésticos. «Actualmente estamos haciendo una pequeña tirada de cinco unidades para detectar errores y corregirlos. Después haremos una serie de cien y luego otra de mil», puntualiza ilusionado. Lo cierto es que la iniciativa ya ha despertado el interés de distribuidores de Italia, Francia, Japón, Estados Unidos, Alemania y Gran Bretaña: «El porcentaje de bajas por tendinitis en peluquería es del 37 %, por eso hay tantas personas interesadas en esto. No tiene el motor en el mango, y eso hace que pese menos y que el ruido se proyecte a otro sitio. Además, consume un 25 % menos de energía».
UN ECOSISTEMA DE EMPRENDIMIENTO
Por las mañanas imparte clases de Educación Física en el colegio y, por las tardes, se traslada a los Viveros de Innovación de CEIN. Allí tiene un esquema detallado con toda la ingeniería y las piezas que necesitan sus prototipos, un mapa técnico que le permite seguir afinando el diseño y anticiparse a futuras mejoras. De hecho, ya ha desarrollado una segunda patente que incorpora sensores ultrasónicos capaces de leer la textura del pelo. «En CEIN dispongo de la infraestructura necesaria para poder trabajar bien. Me siento muy agradecido y muy afortunado. En sus instalaciones hay un ecosistema de emprendedores del que también me voy nutriendo poco a poco. Y eso me encanta», precisa.
A sus 56 años, imagina ahora nuevos escenarios para su invento. Entre ellas, su adaptación a peluquerías de mascotas y al sector hotelero, donde muchos usuarios siguen optando por viajar con su propio secador ante la falta de potencia de los modelos habituales. Cada nueva aplicación supone una oportunidad para que un simple gesto, un movimiento diario, se vuelva más ligero, más silencioso y más humano.













