Miles de pasos apresurados han ido puliendo con los años los adoquines de la calle Mercaderes de Pamplona. Una vía que, como tantas en el Casco Viejo, ha visto la transformación de negocios históricos y la renovación de rótulos con el paso del tiempo. Sin embargo, en el número 27 hay algo que permanece inalterable desde hace dos décadas: una fachada azul que resiste como un pequeño ancla en medio del cambio.
Se trata de Xaboiak, una tienda de jabones naturales cuyo escaparate, siempre cambiante y lleno de detalles, invita a detenerse aunque solo sea por curiosidad. Colores intensos, formas originales y aromas que escapan por la puerta convierten el local en una experiencia sensorial incluso antes de animarse a cruzar el umbral.
Reyes Gutiérrez, pamplonesa de 59 años, ha tenido un papel esencial en esa historia. Llegó como dependienta poco antes de 2010, cuando el negocio apenas daba sus primeros pasos. Poco después, cuando su fundadora, Aintzane, tuvo que dejar la empresa, decidió asumir el reto de dirigir el local. Una oportunidad que, con el tiempo, se ha convertido en un compromiso de largo recorrido. «Ya son dieciséis años al timón de este pequeño comercio», explica a Vanity Capital.

Las velas Woodwick, reconocibles por su mecha de madera que crepita al arder, son uno de los productos más vendidos.
El corazón de Xaboiak está, como su propio nombre indica, en los jabones naturales artesanos. Elaborados en Zaragoza con aceites vegetales y glicerina orgánica, se presentan en una amplia variedad de colores y fragancias que van desde lo más fresco hasta lo más dulce. Pero la tienda ha sabido evolucionar con las tendencias y ampliar su catálogo hacia formatos sólidos que cada vez ganan más adeptos: champús, acondicionadores, limpiadores faciales, geles de ducha o incluso espuma de afeitar.
A esta oferta se suman otros productos que completan la experiencia: bombas de baño, sales, aceites de masaje, cremas de manos o ambientadores. Entre estos últimos destacan especialmente las velas Woodwick, reconocibles por su mecha de madera que crepita al arder.
PERFUMES CON AROMA A SAN FERMÍN
Uno de los proyectos más singulares llegó hace unos ocho años, cuando la tienda decidió capturar la esencia de Pamplona en forma de perfume. Así nacieron siete fragancias inspiradas en lugares y momentos emblemáticos de la ciudad: 7 de julio, Kilikis, Estafeta y Mercaderes. Tres masculinas, tres femeninas y una unisex que, además de su aroma, destacan por su estética cuidada, con envases en blanco y rojo y etiquetas en relieve. «Son muy monas y se venden muy bien», añade Gutiérrez.

La gama «Esencia de Pamplona» incluye tres fragancias para hombre y tres para mujer, además de una unisex.
Con el paso del tiempo, también ha cambiado el perfil del cliente. Lo que empezó atrayendo a personas con necesidades dermatológicas específicas ha ido ampliándose gracias al boca a boca. Hoy, por la tienda pasa un público diverso: jóvenes interesados en reducir residuos, clientes que buscan productos más naturales y nutritivos, o simplemente quienes se dejan seducir por la estética colorida del escaparate: «Una trae a la vecina, otra a la amiga… y así se va haciendo más grande».
A pesar de llevar sola el día a día del negocio, Gutiérrez sigue encontrando en el trato cercano con la clientela uno de los mayores alicientes. Ofrece asesoramiento personalizado y la posibilidad de preparar cestas a medida, adaptadas a cada ocasión. Además, ha sabido dar el salto al entorno digital con una página web desde la que realiza envíos a toda España.













