jueves, 29 febrero 2024

La transformación de Marisa Alonso

Fue "una currela más" en el establecimiento de hostelería que regentaban sus padres. Allí conoció de primera mano los entresijos de las pequeñas empresas. A los 18 años, Marisa Alonso (Avilés, 1974) dejó su Asturias natal para estudiar Ingeniería de Telecomunicaciones en la UPNA. Desde entonces, Navarra ha sido su hogar. Aquí ha trabajado en empresas como Tenaria, Izcue o Navanor, pero ahora afronta una nueva etapa al frente de su propia firma.


Pamplona - 7 diciembre, 2023 - 18:30

Alonso es voluntaria en la asociación Koine-Aequalitas y en la Asociación Española Contra el Cáncer. (Fotos: Ana Osés)

Nos tomamos la libertad de utilizar este espacio para decir que no terminamos de creer en esa expresión, tan común en el ámbito de empresarial, de los hombres (o mujeres) hechos a sí mismos. Echando la vista atrás, nos consideremos afortunados o no, siempre nos toparemos con alguien que nos alimentó, que nos enseñó a caminar, que abrió las puertas para mostrarnos algo que desconocíamos, que nos dio una palmadita en la espalda o que nos brindó una oportunidad cuando creíamos que todo estaba perdido. Pensamos en eso al reencontrarnos con Marisa Alonso después de tres años. Nuestra conversación empieza casi de la misma manera que entonces: recordando a Javier Iriarte, el fundador de Navanor.

“Cuando alguien nos falta, generalmente lo elevamos a un alto nivel, pero es que con él no es necesario porque era una persona espectacular, con una capacidad de trabajo increíble, con chispa, un tío muy especial. Y mira que he conocido a gerentes, pero es que él tenía un don con la gente”, sostiene. El camino de nuestra entrevistada no empezó en aquella empresa de transporte -de la que fue CEO entre 2015 y 2022-, pero sí marcó decisivamente en su porvenir profesional y en su manera de ver la vida.

Alonso (Avilés, 1974) es hija de un matrimonio que primero regentó un comercio de alimentación y, posteriormente, un establecimiento de hostelería. En aquel local fue “una currela más” y conoció de primera mano los entresijos de la pequeña empresa familiar. Desde niña, ya se sentía ligada a este mundo. “Yo entonces veía, y sigo viendo, a gente con una capacidad de trabajo y esfuerzo increíble, con un conocimiento espectacular de lo que hace, que consigue resultados a través de su esfuerzo, pero que no está formada en gestión y no conoce las herramientas que podrían facilitarle la vida o que le permitirían obtener una mayor rentabilidad”, sostiene. Quédese con esta reflexión porque le ayudará a entender lo que le contaremos más adelante.

«Me di cuenta de que muchas empresas no estaban bien estructuradas. Y me llamaba la atención que esto no solo pasaba en firmas pequeñitas, sino también en algunas con volúmenes de facturación potentes»

En Asturias tenía la posibilidad de estudiar Ingeniería Industrial, Naval, de Minas, Informática… pero ella fijó su atención en las telecomunicaciones. Con 18 años se mudó a Pamplona para comenzar esta ingeniería en la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

“Siempre me ha gustado mucho la informática, la programación, la tecnología. Pensaba en trabajar en empresas de esa índole. Pero en retrospectiva -analiza-, si te das cuenta de la vida que he llevado, creo que la motivación de estudiar ‘Teleco’ en aquel momento era simplemente afrontar nuevos retos, salir de casa, sentirme mayor, independizarme. Fue bonito y duro, ¿eh?”, evoca.

Tras convertirse en ingeniera recaló en Tenaria (hoy Vodafone). Empezó ayudando al director operativo en el departamento de Red y terminó siendo controller en la compañía. “Como mi ansia era aprender y aportar, me metía todos los charcos. Y me dejaban, eso es lo bonito. Tenía acceso a las operaciones, datos, rentabilidad, ventas. Era la primera empresa en la que trabajaba y no tenía con qué compararla. Cuando salí, sin embargo, me di cuenta de lo ‘cracks’ que eran. Tenían un grado de profesionalización brutal”, rememora.

Era un panorama muy distinto al que se encontraría después en Izcue y Asociados Consultores, donde permaneció durante casi siete años y se especializó tanto en el área de nuevos negocios como, sobre todo a raíz de la crisis de 2008, en el ámbito de crisis y reorganización de empresas. “Allí me di cuenta de que muchas empresas no estaban bien estructuradas, no tenían bases financieras sólidas. Y me llamaba la atención que esto no solo pasaba en firmas pequeñitas, sino también en algunas con volúmenes de facturación potentes. En esos casos piensas: ‘Como venga un soplido, la casa es de paja’”, expone.

Casada con un navarro, Alonso tiene dos hijos de 15 y 13 años, respectivamente.

De origen asturiano y casada con un navarro, Marisa Alonso tiene dos hijos de 15 y 13 años.

En Izcue también se adentró en la división de recursos humanos, de estrategia, de corporate… y de gestión temporal de empresas: “Esa era mi favorita porque me permitía entrar en las organizaciones, conocerlas, actuar”. Para entonces, ya empezaba a dar vueltas a la idea de crear un servicio para compañías por su cuenta, centrado en la gestión temporal. El proyecto se materializó a finales de 2011, cuando abandonó la consultora. Eran tiempos difíciles.

“Esto estaba muerto -recuerda- y yo tenía a un niño de tres años y a un bebé de uno. Por muy válida que fuese, por muchas cosas que pudiera aportar, no había ofertas de empleo. No sé. Yo misma me convencí. Posiblemente la decisión fue totalmente emocional y busqué mis argumentos mentales para decirme que tenía que estar por mi cuenta, porque eso me daría flexibilidad y libertad”. Dio ese salto en un acto de valentía, mientras algunos a su alrededor cuestionaban su apuesta. “Ese momento de incertidumbre, en el que tenía que empezar a moverme y conseguir proyectos, era en el que más emocionada e ilusionada estaba. Hubo épocas anteriores en las que me estancaba y allí sí me venía abajo. Pero mientras esté activa, con retos y cosas buenas, no tengo problema”, afirma. Esa energía le acompaña mientras charlamos. De hecho, en ocasiones nos resulta difícil seguir el ritmo a nuestra interlocutora, que habla a velocidad de crucero, con una sonrisa permanente y casi sin pestañear.

Durante esa etapa, Alonso trabajó en restructuraciones, redefiniciones de modelo de negocio, procesos de fusión y acompañamiento a empresas familiares, entre otras operaciones. “Me ha tocado como un variadillo de todo”, ilustra. Fue ella misma quien decidió paralizar su propio proyecto en 2015, cuando se sumergió de cabeza en Navanor. Tiempo después, asumió las riendas de la compañía a raíz del fallecimiento de su fundador, Javier Iriarte.

Pero tras seis años y nueve meses en esta empresa de transporte y logística, ha vuelto a retomar un proyecto del que habla con pasión. Marisa Alonso y Asociados, según nos comenta, es una firma de acompañamiento en la transformación empresarial que aborda aspectos como el relevo generacional, los procesos de integración y fusión, el servicio de gerencia y gestión externas, o el arranque de nuevos proyectos.

EL RESURGIMIENTO

“Nuestro objetivo es convertirnos en esa referencia en la que una empresa pueda apoyarse para una necesidad más amplia o más concreta, ya sea mediante un acompañamiento general, en la parte de compras, de rentabilidad de negocio, procesos, digitalización, innovación… Hay servicios en los que esto ya está generalizado: si necesitas un abogado o un asesor fiscal. Ahora, lo que me encantaría es que muchas compañías puedan externalizar servicios de gestión porque prefieran contar con un buen profesional unas horas al día que tener en ese puesto a alguien que no está formado o no tiene la experiencia para ello. A lo mejor no necesitas un director comercial o financiero a jornada completa, sino a alguien que te marque la estrategia dos días a la semana”, argumenta.

Alonso, que en la actualidad trabaja con cuatro proyectos empresariales “de distinta envergadura”, se alió recientemente con la firma Areté Activa para ofrecer servicios relacionados con la gestión, dirección y formación de personas. No fue una relación que se gestó de la noche a la mañana: desde hace algunos años colabora con la Fundación Koine-Aequalitas, una entidad sin ánimo de lucro creada por esta organización. En concreto, la protagonista de esta historia participa en Mujeres en Camino | Emakumeak Bidean, una iniciativa “totalmente altruista” centrada en el mentoring femenino.

“Aquí se reúnen mujeres que en un momento concreto de su carrera, tienen dudas y buscan ayuda, junto a otras que, por su experiencia, creen que pueden apoyarlas”, concreta.  En las primeras dos ediciones, Alonso fue mentora; en la tercera, decidió intercambiar papeles. “Tuve la grandísima suerte de ser la mentee de Gema Botín, responsable del Área Social, Innovación y Tendencias en Fundación Caja Navarra. Es una persona supercreativa, que te mueve, que te inspira. Me ayudó mucho en todo este proceso de construcción. Y este año vuelvo a ser mentora”, revela.

«Si puedo ayudar a que la travesía por el desierto de una mujer sea algo más corta que la mía, allí estaré»

“Creo que el síndrome de la impostora lo tenemos todas -nosotras también hemos empezado a pensar lo mismo-.  Yo he sido muy, muy, muy tonta. No sé cómo describirlo. Por un lado, me siento orgullosa de cómo he ido superando mis propios miedos, pero a la vez me pregunto qué necesidad había de tener tantos. Si puedo ayudar a que la travesía por el desierto de una mujer sea algo más corta que la mía, allí estaré”, declara.

Ahora somos nosotras las que dejamos de parpadear, a la espera de que siga hablando. “Mis padres son la razón de lo que yo soy ahora y estoy superorgullosa de ellos, pero fui educada en la creencia de que, si me esforzaba y demostraba, ya llegaría mi momento. Eso te mete en una rueda en la que parece que nunca das suficiente y te sigues culpabilizando. Lo ves en las entrevistas de trabajo: chicas con un currículum brillante que agachan la cabeza como diciendo ‘por favor, contrátame’, mientras los chicos, en cambio, te preguntan qué les puedes ofrecer. Si empiezas a pedir -plantea- y crees que te mereces algo, automáticamente el universo se configura de otra manera. Es una cuestión de tomar consciencia”.

Recientemente, Alonso se alió con Areté Activa para ofrecer servicios relacionados con la gestión de personas.

Recientemente, Alonso se alió con Areté Activa para ofrecer servicios relacionados con la gestión de personas.

En plena pandemia, Alonso comenzó un programa en el Esade de dirección para altas directivas, donde conoció a mujeres en las que le gustaría convertirse. O, al menos, eso era lo que creía en un principio. “Si me preguntas cuál es mi espinita, te dría que yo quería vivir en una ciudad grande y trabajar en una multinacional inmensa. Pero llegué allí y pensé: ‘Ya no quiero esto’. Porque sí, aunque vivían en un Madrid fantástico, con todas las posibilidades que te puede dar, luego estaba la parte de no ver a tus hijos o de viajar tanto hasta el punto de que tu relación de pareja se puede romper. Para, para, yo de eso no quiero nada”, sentencia. Más allá de los aprendizajes profesionales, en aquel curso entabló relación con la responsable de comunicación de la Asociación Española Contra el Cáncer. Fue ella quien la animó a sumarse a otra labor de voluntariado.

“Es cierto que tampoco tengo mucho tiempo, pero hago acompañamiento telefónico. Es que Javier (Iriarte) ha tenido un impacto muy importante en mi vida. Desde que él falleció, pensé en hacer algo así”, confiesa. Nosotras nos quedaríamos hablando con ella -en persona o por teléfono- toda la tarde, pero toca ir a la redacción a teclear un rato.

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