domingo, 11 abril 2021

Las empresas de autobuses temen no poder devolver los créditos ICO

Un desastre, una tétrico panorama, estado crítico... Estos son algunos de los pesimistas términos que utilizan los responsables de las compañías navarras cuya actividad se centra en el transporte de viajeros por carretera. Con unas caídas de la facturación que superaron el 70 % en 2020, siguen abocadas a los ERTE y no terminan de remontar el vuelo en medio de las actuales restricciones a la movilidad. En ese aciago escenario, se sienten agraviadas con respecto a otros sectores y reclaman más ayudas directas.

Miguel Bidegain
Pamplona - 19 marzo, 2021

La actividad en la estación de autobuses de Pamplona es mínima. (Foto: archivo)

Son 36 compañías, las mismas que había en marzo de 2020 y con una flota total de unos 500 autobuses. Una flota que, pese a todo, lograron mantener en un 2020 en el que su facturación global se redujo a la mitad, según la Asociación Navarra de Empresarios del Transporte por Carretera y Logística (ANET).

Las empresas confirman el desplome de la actividad: “El descenso del número de pasajeros en las líneas regulares está por encima del 70 %. Nos afecta especialmente el cierre provincial porque nuestras líneas conectan Pamplona con Vitoria, Bilbao, Irún… Eso limita mucho la actividad al ser comunidades diferentes”, señala Javier Ochoa, gerente de La Burundesa, que también presta servicios de transporte escolar, laboral y discrecional.

Este último es el más afectado, hasta el punto de que prácticamente no se ha realizado ningún viaje exceptuando “los de algún club deportivo”. ANET lo corrobora. Las mayores pérdidas se encuentran en los servicios discrecionales, ligados a la actividad turística, con una facturación inferior en un 74,44 % a la de 2019. “Menos mal que no ha habido centros escolares cerrados, como temíamos, y el transporte del alumnado se ha mantenido, igual que el transporte laboral”, añade Ochoa.

Víctor Gastón, gerente y socio de Autocares Gastón, calcula que la facturación de la compañía en 2020, con doce empleados y otros tantos autobuses, fue un 70 % menor a la del año anterior. Su actividad se vio especialmente lastrada, ya que los servicios discrecionales concentran el 80 % de sus ingresos: “Para hacerse una idea de lo que ha sido esto, en el segundo trimestre de 2020 facturamos un 95 % menos que en esos mismos meses de 2019. En el tercero, un 80 % menos”. En la misma línea que Ochoa, Gastón evidencia que los viajes de los equipos deportivos, y en menor medida el transporte escolar y laboral, son su salvavidas. “En todo lo demás, como excursiones de colegios, viajes de grupos culturales o de jubilados, no hemos hecho nada desde el 14 de marzo del año pasado. Nada”.

Víctor Gastón: “Entiendo que se hable de la hostelería porque lo está pasando muy mal, pero nuestro sector aún se está viendo más perjudicado”.

“Solo estamos haciendo algo de transporte laboral, una línea a Volkswagen, y escolar. Puntualmente empieza a salir algún viaje discrecional… y para de contar”, apostilla María José Sánchez, gerente de Autobuses Sánchez, empresa de Falces que no atiende líneas regulares.

Al referirse a la caída de la facturación, dice gráficamente que ha sido “cuesta abajo y sin frenos”. En el segundo trimestre de 2019, ingresó unos 300.000 euros. Y, en ese mismo trimestre de 2020, apenas 22.000: “Estamos hablando de más del 90 %”.

Los cincuenta autocares de EDSA estuvieron “totalmente parados” en su nave de Barbatáin a partir del 16 de marzo de 2020.  “Volvimos a funcionar parcialmente el 7 de septiembre con el transporte escolar, pero si solo cuentas con eso el negocio es inviable”, valora Sergio Estarriaga, director comercial de la empresa. En su caso, la firma también presta servicios discrecionales y atiende “un mínimo” de líneas regulares como la de Aibar a Pamplona, “cuya demanda ahora es nula”. EDSA, con una plantilla de más de 80 personas, facturó el año pasado un 60 % menos que en 2019.

La Burundesa cuenta con 90 empleados y 54 autobuses, y como todas las demás mantiene un ERTE porque los servicios que presta equivalen a la mitad de los que ofrecía antes de la pandemia. “Pero eso no supone una reducción del 50 % de los gastos. Los fijos de una línea regular son muy altos”, informa Ochoa. Claudio Lesaca, director general de la compañía y del Grupo La Unión, del que forma parte La Burundesa, indica que la precariedad de las compañías que operan líneas regulares “es total” en estos momentos. Además, lamenta que “toda la normativa que sale va contra la movilidad”.

ANET RECLAMA AYUDAS

Frente a los 2,66 millones de pasajeros que utilizaron las líneas regulares de autobuses interurbanos en 2019, dicha cifra apenas llegó el año pasado a los 1,2 millones, con una caída entre marzo y mayo del 98 % respecto al mismo periodo de 2019. Así lo apunta la directora general de Transportes del Gobierno de Navarra, Berta Miranda.

Con esas cifras en la mano, el Ejecutivo foral concedió ayudas a las empresas concesionarias por el tiempo de obligado parón a causa del confinamiento. Por otra parte, al ser líneas deficitarias se les aplica habitualmente un mecanismo de compensación en función del recorrido. Y, en ese contexto, ANET pide que la Administración foral tenga en cuenta una problemática concreta: tras la desescalada, ha habido servicios anulados debido a las reducciones de movilidad, pero “obviamente” las empresas siguen teniendo dispuestos los autobuses. “Por eso, pedimos que cubra también la parte de coste fijo no rodado”, reclama Ignacio Orradre, secretario general de la asociación.

Mª José Sánchez: “En el segundo trimestre de 2019, facturamos unos 300.000 euros y, en ese mismo trimestre de 2020, 22.000”.

El transporte escolar tampoco trabajó entre marzo y junio. “El Departamento de Educación tenía unas cláusulas en sus contratos, por las que en caso de no poder prestarse el servicio debido a causas de fuerza mayor, abonaría una indemnización del 50 % del importe correspondiente. Pero está obligando a las empresas a usar el mecanismo general de presentación de todos los gastos en que hayan incurrido en este periodo, con muchas limitaciones de los conceptos a subvencionar, entre otros la amortización del vehículo”, añade Orradre, quien intenta que se abone ese 50 %. Eso sí, agradece que el Gobierno foral haya financiado los gastos relacionados con el protocolo de seguridad sanitaria por el Covid-19, “que está funcionando muy bien”. “Puede haber contagios en algún colegio, pero no se han producido en los autobuses”, precisa.

En cuanto al transporte discrecional o turístico, el secretario general de ANET precisa que dejó de trabajar antes incluso del primer estado de alarma: “En febrero, ya se fueron anulando viajes y los movimientos turísticos empezaron a limitarse. Desde entonces hasta ahora, nada”. No obstante, Orradre reconoce el apoyo recibido desde la Dirección General de Transportes del Gobierno de Navarra. “Aunque fuimos de su mano a la Dirección General de Turismo, porque los autobuses son parte de la infraestructura turística, no se nos incluyó en las ayudas. Por eso, Transportes va a intentar habilitar ahora algún sistema de compensación para el discrecional”, detalla.

ENTRE LA RESIGNACIÓN Y LA ESPERANZA

Estarriaga explica que EDSA presta servicios regulares no subvencionados: “Cobramos en función de la demanda y, como es nula, no cobramos un duro. Del transporte escolar, tampoco hemos cobrado nada desde marzo a septiembre. Y el discrecional ha desaparecido. Hoy es el día en el que empezamos a tener alguna solicitud y parece que entramos en una leve recuperación. Pero estoy hablando de solo un 5 % sobre lo que hacíamos el año pasado en estas fechas”, indica.

En estos momentos, Gastón ve la situación del transporte discrecional de pasajeros, al que se dedica fundamentalmente su empresa, “un poco mejor que hace cuatro meses, cuando no se estaba vacunando”. Pero sigue siendo “muy complicada”. Básicamente porque la demanda “no es cero, pero casi”. “Quiero ser algo optimista, pero será ya de cara al año que viene. Porque vamos a tardar en volver a la actividad de antes”, lamenta. Además de confinamientos y cierres perimetrales, pone sobre la mesa otro factor perjudicial para el sector: “La gente mayor, que era la que más viajaba por disponer de tiempo libre, no se atreve a salir por temor al contagio. Confiamos en que, con las vacunas, vaya desapareciendo“.

Sergio Estarriaga: “La gran competencia y los márgenes ridículos van a hacer que muchas empresas no aguanten el tirón”.

El director general de La Burundesa no comparte el tenue optimismo de Estarriaga o Gastón, al menos en lo que se refiere a quienes se dedican a los servicios de líneas regulares. Vaticina que las empresas forzosamente van a tener que reducir su tamaño: “Y eso puede generar que no haya medios suficientes para atender la demanda de futuros concursos de concesiones”. “Este es un sector muy maduro, con una gran competencia y unos márgenes ridículos, de modo que estamos llegando a unos límites que muchas empresas no van a poder aguantar”, puntualiza Estarriaga. “Tenemos unos costes fijos muy elevados, que se han mantenido mientras estábamos parados y no hemos recibido ninguna ayuda. Sí unos créditos ICO que más bien son una financiación a corto plazo y, al paso que vamos, no generaremos liquidez suficiente para devolverlos”, remata.

En parecidos términos se expresa María José Sánchez. Como su marido, que también gestiona la empresa, solo ha recibido “lo que se concedió a los trabajadores autónomos”. Y eso “no soluciona nada porque los bancos no perdonan, tenemos que seguir pagando el ‘leasing’ de los nueve vehículos y todos los gastos fijos, de modo que toca mantener y aguantar”.

AUTOBUSES VS HOSTELERÍA

Gastón se muestra contrariado porque quienes cuentan con concesiones de líneas regulares “han obtenido al menos alguna ayuda”. Pero lo único que han recibido las de transporte discrecional “ha sido vía ERTE e ICO, mientras que en otras comunidades sí han tenido indemnizaciones”. En Navarra “no es así, al contrario de lo que ha habido para la hostelería u otros sectores”. “Entiendo que se hable de la hostelería porque lo está pasando muy mal. Pero nuestro sector, junto con el de las agencias de viajes, aún se está viendo más perjudicado”, incide Gastón.

Claudio Lesaca: “La precariedad de quienes operamos líneas regulares es total. Toda la normativa que sale va contra la movilidad”.

No es el único que hace referencias comparativas con el sector hostelero. Lesaca comenta que el coste de un autobús, IVA incluido, puede oscilar entre los 250.000 y los 300.000 euros: “El que tiene veinte autobuses es como si tuviera veinte bares o locales de restauración, pero en nuestro caso con ocupaciones que caen hasta el 5 %”. “Oyes las noticias y se habla de los problemas de la hostelería y del turismo. Pero, con respecto a nosotros, la hostelería está bastante poco afectada. Abrió en mayo y, aunque menos de lo normal, algo ha trabajado. Nosotros, de marzo a septiembre cero. También damos este año por perdido. El pasado no pudimos trabajar en los meses de mayor facturación y, en 2021, vamos camino de lo mismo”, valora Estarriaga.

Aunque ninguna empresa ha renovado su flota de autobuses ante la falta de expectativas de una próxima vuelta a la normalidad, las compañías mantienen sus vehículos “porque la actividad tiene que volver”. Y, en el momento en que lo haga, “habrá que usar esos vehículos”, concluye Orradre.

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