La posada de Eltzaburu se erige imponente enfrente del frontón del pueblo con sus tres alturas y una amplia balconada que mira al valle de Ultzama. Una leñera se apoya en uno de sus costados, a pocos metros de una fuente que mana agua fresca de forma constante. En el interior aguardan Sara y Kaoutar Ben Moussa Cherraoui, dos hermanas que, tras cruzar el mar Mediterráneo y el océano Atlántico para formarse, han regresado a Navarra con el fin de iniciar una nueva etapa vital y profesional. Tal y como adelantó Navarra Capital, Sara es la chef que dirige la posada desde el pasado marzo, mientras que Kaoutar trabaja en la firma pamplonesa ARPA Abogados Consultores.
De 34 y 31 años respectivamente, ambas nacieron en Mequínez (Marruecos), aunque su historia en la Comunidad foral comenzó muy temprano. Llegaron a Tudela con apenas 5 y 2 años, acompañadas de sus padres, Atika y Mohamed. «Me acuerdo de que era verano porque empecé el curso en septiembre. Todo me resultaba extraño, sobre todo por el idioma», rememora Sara. Su padre, hoy jubilado, fue un comerciante de ropa que trabajó entre Francia y España durante los años 80 antes de volver a Marruecos. «Tenía una cadena de tiendas y solía comprar en negocios de renombre de Ceuta y Casablanca«, añaden. Posteriormente, conoció a su madre y formaron la familia que, años después, decidió mudarse a España.
«Nuestros padres querían que tuviéramos la oportunidad de estudiar, ir a la universidad y acceder a buenos trabajos. Algo que las mujeres marroquís de generaciones pasadas no habían podido hacer», explica Kaoutar. La elección de Tudela no fue casual, ya que uno de sus tíos residía allí y les animó a seguir sus pasos. Con el tiempo, la familia creció con dos hermanos más, Hamza y Youssef. «Fuimos de las primeras familias africanas en asentarnos en la ciudad. No fue fácil porque nuestras tradiciones y forma de vivir eran diferentes. Pero eran otros tiempos. Somos de Navarra y de Marruecos», remarcan con naturalidad.
EN EL EXTRANJERO
A medida que crecían, sus caminos comenzaron a separarse. Sara dejó los estudios durante el Bachillerato para trabajar en la hostelería. Sus primeros pasos fueron en la pizzería Jumas y, poco después, en la cafetería Trigo Dulce. Con 20 años decidió marcharse a Toulouse (Francia), donde trabajó en un restaurante y se formó casi dos años en la escuela Cuisine Mode d’Emploi(s), impulsada por el chef Thierry Marx.
Kaoutar, por su parte, optó por la vía académica. Dudó entre Derecho y Psicología, pero finalmente eligió la primera y se matriculó en la Universidad de Montpellier (allí cursó además un primer máster). Su preparación continuó en Montreal (Canadá), donde estudió un segundo máster e inició su carrera profesional en el despacho Wellstein Mora Rodriguez (WMR) tras superar el examen de acceso a la abogacía.

Ambas hermanas nacieron en Marruecos y aterrizaron en Tudela con 5 y 2 años respectivamente.
Fue precisamente en Montreal donde volvieron a encontrarse porque Sara también se trasladó a Canadá en busca de nuevas experiencias gastronómicas. De hecho, encontró trabajo en el restaurante de una asociación de mujeres españolas que habían emigrado durante los años 60. «Cocinaba platos tradicionales como paella, gambas al ajillo o ‘pintxos’. Había salas de espectáculos y tarimas para bailar flamenco», desgrana. «A los canadienses les encanta todo lo español», agrega Kaoutar, que acudía con frecuencia al local junto a sus compañeros del despacho. En paralelo, Sara también trabajó como cocinera en escuelas infantiles y proyectos de inserción laboral para migrantes. «Les enseñaba a cocinar para que pudieran encontrar trabajo en hostelería fácilmente. Además, intentaba que aprendieran idiomas para facilitar su integración», evoca.
Tras más de una década en el extranjero, ambas sintieron la necesidad de volver a Navarra a finales de 2024. «El único lugar al que podíamos llamar hogar», remarca Kaoutar. «Mi cabeza me pedía estar cerca de mi familia y amigos. Pensaba que viviría en Madrid o Barcelona, pero cuando me llamó ARPA desde Pamplona, lo interpreté como una señal», recuerda la menor de las hermanas. Fue entonces cuando Kaoutar se incorporó al Departamento de Derecho Internacional y Contratación de la firma, donde trabaja codo con codo junto a Fernando Armendáriz. Además, forma parte de la asociación francesa Mujeres y Derecho, con la que participará como piloto en un rali solidario en Marruecos para recaudar fondos destinados a niñas en situación de pobreza.
De vuelta en Navarra, Sara comenzó a diseñar su propio proyecto. Pero primero quiso recorrer el Camino de Santiago. Una experiencia que marcó un punto de inflexión en su vida. Paseando junto al río Arga, entró en contacto con el Centro de Formación de Empleo de Aranzadi y, a través de su director, Iñaki Amigot, conoció a profesionales del ámbito gastronómico como Iñaki Arrieta, profesor de la escuela de cocina de Burlada y quien le habló del modelo de las posadas rurales. En concreto, visitó la de Iraizotz, donde trabajó con su responsable, Romina Rochetti, para aprender el funcionamiento del negocio y descubrió el valle de Ultzama. «Me enamoré de la zona», reconoce.

Sara (izda.) es la dueña de la posada de Eltzaburu, mientras que Kaoutar (dcha.) trabaja como abogada en ARPA.
Poco después supo que la posada de Eltzaburu estaba disponible. «Fue una gran oportunidad. La visité varias veces y me convencí enseguida», atestigua. Finalmente, abrió sus puertas el pasado 21 de marzo y hoy ofrece una cocina honesta, accesible y ligada al entorno, pero sin renunciar a influencias internacionales. ¿La carta? Carpaccio, fritos, ensaladas, hummus casero o bagel con salmón, mientras que los platos principales combinan propuestas más tradicionales como ajoarriero, entrecot, costillas de cerdo, fideos thai o pinchos morunos. Los postres, por su parte, varían desde clásicos navarros como la cuajada o la goxua hasta elaboraciones como baklava (dulce turco), tarta de queso o mousse de chocolate. «La hostelería funciona gracias a la confianza de la gente. Llevamos un mes y la respuesta está siendo muy buena», afirma.
Hoy, Sara lidera un proyecto gastronómico que combina producto local con influencias internacionales, mientras Kaoutar desarrolla su carrera en el ámbito jurídico en Pamplona. Dos trayectorias distintas que, sin embargo, convergen en un mismo punto. «Tenemos estilos de vida y profesiones diferentes, pero el destino siempre nos mantiene unidas», remata la segunda.













