viernes, 24 mayo 2019

Los exilios de Beckmann

La mismísima baronesa Carmen Thyssen estuvo presente en la inauguración de una exposición que reúne medio centenar de obras del gran pintor de entreguerras, Max Beckmann, considerado por muchos el 'Goya alemán', y que se muestra radical e independiente entre los pasillos del Museo Thyssen de Madrid.

Yosune Villanueva
Madrid - 10 noviembre, 2018

'Sociedad. Paris' (1931) de Beckmann. Del Solomon Guggenheim Museum, Nueva York.

'Sociedad. Paris' (1931) de Beckmann. Del Solomon Guggenheim Museum, Nueva York.

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Una de las partes del tríptico ‘Los Argonautas’.

La exposición ‘Beckmann. Figuras del exilio’ revisa la producción del pintor alemán de comienzos de siglo, Beckmann. Sus crudos y realistas grabados de la serie ‘El Infierno’, presente entre sus obras expuestas en Madrid, recuerdan ‘Los desastres de la guerra’ del pintor aragonés, Francisco de Goya.

Falleció de un ataque al corazón mientras se dirigía por las calles de Manhattan al Metropolitan Museum de Nueva York, donde se exponía su último autorretrato. Era la Navidad de 1950. Pocas horas antes, dejaba anotado en un cuaderno que había finalizado su tríptico ‘Los Argonautas’, otra de las obras que están incluidas entre el medio centenar que ahora cuelgan de las paredes del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y donde permanecerán hasta el 27 de enero.

Las creaciones de Beckmann están pobladas de monstruos grotescos, seres deformes, personas con máscaras y disfraces, payasos pintados con una paleta muy personal y reconocible. Toda su obra fue en realidad un gran y grotesco autorretrato. Por eso la similitud con Goya, a quien decía que admiraba.

Suelen etiquetarlo como miembro del expresionismo alemán y de la Nueva Objetividad, pero él no se adhirió a ninguno de ellos, como explicó Tomás Llorens, comisario de la exposición: “Él quiere representar la realidad de su tiempo, hacer visible lo invisible. Y lo hace con una pintura simbólica centrada en alegorías y metáforas, pero siempre anclado en la realidad”. Y recordó que decía Beckman: “Amo tanto la pintura, porque me obliga a ser objetivo. No hay nada que odie tanto como el sentimentalismo”.

El expresionismo y la Nueva Objetividad de sus primeros cuadros dieron paso al desarrollo de una pintura personal e independiente de signo realista y llena de resonancias simbólicas. Beckmann fue testigo de la sociedad de su tiempo y su participación como voluntario sanitario en la guerra y su exilio a Estados Unidos marcan la obra que se expone en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, la primera ocasión en más de veinte años de contemplar en España una exposición monográfica dedicada a uno de los artistas alemanes más destacados del siglo XX.

'Camarotes' (1948)

‘Camarotes’ (1948).

PASEO POR DOS SECCIONES

Autorretrato

‘Autorretrato con copa de champán’.

La exposición está estructurada en dos secciones. La primera, de menor tamaño, dedicada a la etapa vivida en Alemania desde los años anteriores a la Primera Guerra Mundial, cuando comienza a ser reconocido públicamente, hasta el ascenso del nazismo en 1933, cuando es destituido de su cargo en la escuela de arte de Fráncfort y se le impide exponer sus obras en público. La representatividad e importancia en el conjunto de la producción del artista ha sido el principal criterio de selección de estas obras.

La segunda sección, más extensa, recorre los años en Ámsterdam (1937-1947) y Estados Unidos (1947-1950), donde vivió tras verse obligado a abandonar Alemania. La elección de las piezas se ha realizado según un criterio temático: El exilio, tanto en sentido literal, por la propia experiencia vital de Beckmann, como figurado, por el significado que tuvo para él como condición básica de la existencia humana en general y del hombre moderno en particular. Por este motivo, los cuadros alegóricos, a los que dedicó mayor esfuerzo y tiempo de trabajo (todos los trípticos y lienzos de gran formato que pintó son composiciones alegóricas) son los más abundantes en esta selección.

Los retratos, paisajes y naturalezas muertas, géneros tradicionales que practicó a lo largo de toda su carrera, han sido elegidos también por sus resonancias alegóricas. Esta parte del recorrido se estructura en torno a cuatro metáforas relacionadas con el exilio: Máscaras, centrada en la pérdida de identidad que se asocia con la circunstancia del exiliado; Babilonia eléctrica, sobre el vértigo de la ciudad moderna como capital del exilio; el largo adiós que plantea la equivalencia entre exilio y muerte; y el mar, metáfora del infinito, su seducción y su extrañamiento.

Un recorrido por la historia y ‘los exilios’ que podemos hacer en el Museo Thyssen hasta el 27 de enero y que, posteriormente, se trasladará a Barcelona, a las salas de CaixaForum, donde se expondrá del 21 de febrero al 26 de mayo de 2019.


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