sábado, 13 agosto 2022

Maite Pérez, corazón eléctrico

Llegó a la dirección de la empresa familiar, Electricidad BatVol, pocos meses antes de que lo hiciera la pandemia. Y ha sabido a la perfección qué hacer para superar el reto gracias, en parte, a lo aprendido de anteriores crisis donde el equipo tuvo que ofrecer su mejor versión. Tras el relevo generacional, la compañía ha diversificado el negocio, abriéndose también a actividades con un gran futuro: las energías renovables, el vehículo eléctrico y la aerotermia. Son oportunidades que Maite Pérez no está dispuesta a dejar pasar.

Miguel Bidegain
Pamplona - 19 marzo, 2022

Maite Pérez, en el taller de la empresa Electricidad BatVol, de la que es directora general. (Fotos: Ana Osés)

Comenzamos pidiendo a Maite Pérez un resumen de su biografía. “Yo crecí en BatVol”, nos suelta. Como nuestra sonrisa delata que lo hemos tomado a chanza, se propone demostrarnos que, aunque exagera algo, la afirmación es cierta. A los 12 años, mientras cambiaba de domicilio en Pamplona, la familia vivió durante dos años en su pueblo, Añorbe. “Me pusieron una minioficina para que hiciera las tareas del colegio, con una televisión y un microondas, en la empresa de mi padre, Gonzalo. Allí estaba hasta que terminaba su trabajo”. Pero también curioseaba. “Pasaba ratos con los ingenieros, la administrativa, en el almacén… Comía todos los días un menú del día con mi padre o sus empleados. Me lo pasaba de maravilla, era una cría y para mí todo era una juerga. Al final me iba a Añorbe en el autobús”. Aún nos pone otro ejemplo: “Los viajes familiares servían también para hacer visitas a lugares donde la empresa tenía obras”.

Cuando Maite nació, en 1977, Gonzalo Pérez tenía un taller de electricidad junto con otro socio: “No funcionaba del todo bien, así que se marchó con otras cinco personas para crear en 1982 BatVol. Él era el administrador único. No pudo estudiar, aprendió el oficio en el tajo y luego a ser empresario de forma autodidacta. He tenido la suerte de convivir con dos personas emprendedoras. Mi madre tenía una peluquería en la Chantrea, que cerró para criarnos a los tres hermanos. Los dos nos han transmitido los valores del trabajo bien hecho, del esfuerzo. Eso por delante de ganar dinero… Así nos ha ido a veces. Mi hermana Edurne montó después otra peluquería y mi madre volvió a trabajar unos años con ella”.

“Mis padres nos han transmitido los valores del trabajo por delante de ganar dinero… Así nos ha ido a veces”.

El negocio familiar surge continuamente en el relato de esta mujer, que se muestra extrovertida y espontánea. Intentamos volver a la biografía. “Como me gustaba todo lo relacionado con el manejo de la informática, decidí hacer Formación Profesional, un Grado Superior en Administración y Finanzas y luego Empresariales. Estudiaba por las tardes para poder trabajar las mañanas en BatVol y tener así un dinero para el coche, vacaciones con mis amigas…”. Ha vuelto a aparecer la empresa, en la que seguimos porque fue allí donde hizo las prácticas y el trabajo de fin de carrera aprovechando que tenían acceso a muchos datos. “Además, luego nos venían muy bien para la empresa porque estaban dirigidos por profesores muy cualificados de la universidad”. Tenía razón y lo ha dejado claro: creció en BatVol.

En junio de 2019 sucedió a su padre en la dirección de la empresa familiar.

En junio de 2019 sucedió a su padre en la dirección de la empresa familiar.

A su llegada, en 2001, el negocio prosperaba. “Empecé por lo más bajo, poco a poco he ido aprendiendo y subiendo escalones. De todos modos, si las cosas vinieran mal dadas me pondría a barrer el taller, a cubrir algún puesto de los que conozco o lo que hiciera falta para apoyar al equipo”. Entonces ya tenían 25 personas en plantilla -ahora son 40- y no cabían en su bajera de la calle de Monasterio de Irache. De modo que se trasladaron a la actual nave en Berrioplano. “Allí estuvimos solos varios meses un ingeniero y yo, que era su secretaria. Poco a poco fue viniendo el resto y, dos años después, ampliamos los locales porque la plantilla seguía creciendo”, rememora.

“Fueron unos años muy buenos para la empresa, vivíamos muy bien y había mucho trabajo“, apunta. Apostaríamos que su sinceridad es total porque, acto seguido, comparte una pequeña confesión. “Eso hacía que estuviéramos demasiado relajados. Mirando ahora hacia atrás, me doy cuenta de que no gestionamos bien. En nuestro caso, tener buenos resultados hacía que no pensáramos en que podían ser mucho mejores. Había dinero siempre, ¡qué más daba!”.

Todo cambió de golpe con la crisis inmobiliaria. “Empezamos a notarla entre 2013 y 2014. Lo pasamos mal y llegamos a un punto en el que tuvimos que plantearnos seriamente el futuro de la empresa“. Pero no se rindieron: “La decisión fue seguir adelante, nos propusimos ganar, aunque fuera un euro“. Hipotecaron la nave para conseguir liquidez, negociaron con los bancos y pactaron con los empleados no solo la congelación de los salarios, sino también trabajar una hora más al día buscando una mayor competitividad. Fueron años duros. “Yo lloraba, estaba tan agobiada que no dormía”. Pero los sacrificios dieron resultado y remontaron. “Fue gracias a que la mayoría de la plantilla se volcó con la empresa”.

“Empezamos a notar la crisis inmobiliaria entre 2013 y 2014. Remontamos gracias a que la mayoría de la plantilla se volcó con la empresa”.

Fue entonces cuando se dotaron de un ERP (Enterprise Resource Planning o sistema de planificación de recursos empresariales) para poder contar con información y datos fiables de cara a la toma de decisiones. Hoy, Pérez recuerda la anécdota que vivieron cuando comunicaron la decisión a la administrativa, que llevaba toda la vida trabajando con su padre. “Nos dijo que ya no tenía ganas de estudiar una nueva herramienta informática y que se jubilaba. La verdad es que se lo había ganado con creces. Maru me formó, sobre todo en materia financiera, y me dio cuatro consejos que he aplicado siempre: trabaja con un mínimo de tres o cuatro bancos; nunca dejes las cuentas en números rojos ¡ni siquiera un día!; no devuelvas recibos de proveedores; y, cuando necesites ayuda de las entidades financieras, véndete bien… Bueno, ella me dijo ‘vete de sobrada’. Ja, ja, ja”. La implantación del ERP supuso un punto de inflexión. Fue un proceso complejo que incluyó muchos cambios en poco tiempo. “Me impliqué en la formación de toda la plantilla porque creí que era importante sacar el máximo partido de la herramienta. Además, pudimos contar con una experta en el programa, que sigue aquí”.

EL RELEVO

El cambio más significativo aún estaba por llegar. Gonzalo Pérez, aun habiendo sobrepasado la teórica edad para jubilarse, seguía al frente de la empresa. Pero problemas de salud le obligaron a retirarse. “De un día para otro, no teníamos bien preparado el relevo generacional y lo pasé realmente mal, angustiada por un lado por la salud de mi padre y por otro pensando en qué podría hacer yo con la empresa si le pasaba algo”. Y, entonces, contrataron a un coach, Joseba Pérez. “Estábamos atascados. Pero creíamos que mi hermano Gonzalo y yo podíamos aportar mucho a BatVol, estábamos formados y preparados para dirigirla. Tras varios meses de trabajo con el equipo y el coach, perfilamos un organigrama según la valía de cada empleado. Vimos que, por nuestras características y formación, yo me adaptaba mejor al puesto de directora general y mi hermano al de director comercial, y nos pusimos a profesionalizar esto. La empresa nació y creció de manera… natural, los problemas se trataban de resolver una vez aparecían”.

Directiva y trabajo es una combinación que, con más frecuencia de la debida y la deseada, resulta difícil de sobrellevar sin que afecte a la conciliación de la actividad profesional y la familiar. ¿Cómo lo resolvió nuestra protagonista? Ladea la cabeza antes de responder. “Puesss… En junio de 2010, tuve a mi primera hija y pude disfrutar bastante de la baja maternal. Pero aun así no desconecté de mi trabajo más de una semana después del parto. El segundo nació en 2014. Esa vez, la situación era mucho más delicada. Aunque como con la primera seguía contando con mis compañeras de oficina, estábamos en plena crisis tratando de reflotar BatVol, así que me reincorporé enseguida y las abuelas se turnaban para estar con ellos”. Finalmente, tuvieron que recurrir a una cuidadora para que los atendiese unas horas. “Es que mi marido es autónomo y a los dos nos gusta nuestro trabajo. No queríamos frenar nuestra carrera profesional, de modo que además de compartir responsabilidades, decidimos contratar a una chica. Lo cierto es que me costó despegarme de mis hijos siendo tan pequeños, ¡pero aún he podido dedicarles mucho tiempo!”.

“No encontramos buenos electricistas. Animo a todos, chicas y chicos, a que hagan FP. En Navarra solo hay un grado superior de electricidad, ¡y no se llena!”.

Y eso a pesar de que, además de trabajar en la empresa, era colaboradora de Iberdrola. Primero como comercial, facilitando a los clientes de BatVol todos los trámites de altas, bajas u optimización de potencia, y después como instaladores de Smart Mobility y Smart Solar. “Ahora estamos con ellos en el tema del vehículo eléctrico“.

Desde junio de 2019, cuando asumió la Dirección General, se dedica exclusivamente a la empresa. Y enseguida tuvo que afrontar una nueva crisis, la del Covid-19. “Ha sido un reto ¡buf! muy difícil. Lo superamos con la ayuda de mi padre, que ya tiene 75 años y aún sigue viniendo por aquí; mi hermano, que estuvo ahí desde el primer momento; el coach, que todavía estaba con nosotros; y, por supuesto, de todos los empleados, que se volcaron con BatVol como nunca”. Ni siquiera tuvieron que hacer uso de un ERTE que ya tenían concedido. “Optamos por una bolsa de horas que quizás no era la mejor solución económica para la empresa, pero sí para los trabajadores. Una vez más supieron estar a la altura, tenían que ir incluso a residencias de ancianos, supermercados y otros servicios esenciales sin sistemas de protección. ¡No había! Y ninguno dijo ‘yo no voy'”.

BatVol ha diversificado sus campos de negocio sin renunciar al tradicional, los montajes eléctricos.

BatVol ha diversificado sus campos de negocio sin renunciar al tradicional, los montajes eléctricos.

En resumen, “2019 lo cerramos bastante bien, ya que facturamos unos 3 millones; el año pasado fue un poco peor, pero con parecida facturación; y, ahora que la cosa parecía que iba más lanzada, llega la guerra de Ucrania”, repasa. “Esperemos que no nos afecte”, apostilla a continuación.

Los hermanos Pérez siguen los objetivos y estrategia empresarial que proyectaron juntos y que mantiene la actividad tradicional, el montaje de instalaciones eléctricas, pero exploran vías de diversificación en las energías renovables; puntos de recarga para vehículos eléctricos, terreno en el que son líderes en Navarra; y la aerotermia. Una decisión estratégica que parece oportuna teniendo en cuenta que estas actividades van a experimentar un rápido crecimiento, impulsados por la normativa descarbonizadora. “Es una oportunidad y la vamos a aprovechar. El tema de las renovables me encanta, así como el de la construcción lo llevo porque me toca”, admite con su desarmante sinceridad. “Ya hemos despegado en fotovoltaica, vamos haciendo bastantes proyectos, y lo siguiente será la aerotermia, calefacción y agua caliente con electricidad obtenida de paneles solares en lugar del gas, contaminante y caro. En los buenos tiempos, llegamos a hacer 600 instalaciones eléctricas en viviendas al año. Ahora estaremos en algo más de 150. El 40 % de nuestra facturación viene del mantenimiento de supermercados“.

¿Diversificación equivale a expansión? “No quiero crecer mucho para no descontrolarnos, prefiero dar un servicio de calidad. Pero ahí tenemos un problema porque no encontramos buenos electricistas. Animo a todos, chicas y chicos, a que hagan FP. En Navarra solo hay un grado superior de electricidad ¡y no se llena!”. Aprovecha para insistir en sus muestras de cariño hacia los trabajadores. “Sin ellos no somos nada, son nuestro bien más preciado y por eso les cuidamos como lo hacemos”. Como suele ocurrir en las empresas familiares, todos se conocen. “Ves a uno la cara y le dices ‘¿qué te pasa?’. Estamos al corriente de su vida. Si el trabajador da, yo le doy; si le pides que venga un sábado y lo hace, cuando tenga al crío malo podrá estar con él. O si necesita salir antes, saldrá”.

Esa implicación tan a fondo en el negocio le produce bastante estrés, que Pérez combate con la meditación (lleva dos años practicándola porque la pandemia la dejó “tocada”). También da paseos, “saca un rato como sea” para estar con su gente y para el deporte… “Ahora he empezado a hacer boxeo. Me lo paso superbien, pero dándole al saco, ¿eh? No pego a nadie. Ja, ja, ja”.

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