miércoles, 21 octubre 2020

¡Manda huevos con el Río!

La vermutería Río siempre ha sido un referente gastronómico de nuestra ciudad. Abierta en 1963 por el orbaceitarra Joaquín Barberena, su historia moderna es la historia de dos Robertos: Roberto Irurzun y Roberto Recasens. En 1998, ambos tomaron el testigo de la antigua taberna de San Nicolás, que nada tiene que ver con el elegante establecimiento que desde 2015 preside los números 15 y 17 de la célebre calle. Famosa es su carta de pinchos y raciones, su tirador de Martini (uno de los pocos que existen en España) y, por supuesto, su inconfundible frito de huevo. 175.000 unidades de dicha delicia venden al año, "una por cada pamplonica". Solo les faltan 32.000 para alcanzar el millón.

Alberto Guzmán
10 octubre, 2020

Roberto Irurzun Santaquiteria y Roberto Recasens Chango muerden el famoso frito de huevo. (Fotos: J.L. Puyol)

La historia moderna del bar Río es la historia de sus Robertos. De sus dos propietarios: Roberto Irurzun Santaquiteria y Roberto Recasens Chango. Y la historia, sin duda, de la transformación gastronómica de una ciudad: la nuestra. De cómo esas tascas y tabernas de la vieja Pamplona evolucionaron a modernos bares en los 90, y estos (años después) a los actuales restaurantes y sofisticadas vermuterías. Porque el Río, hasta 1998, se llamaba Bar Río, pero muy poco (o nada) tiene que ver con el elegante establecimiento que desde el 17 de enero del pasado 2015 preside los números 15 y 17 de la calle San Nicolás de la capital navarra. La única que, junto a la Estafeta y Plaza del Castillo, mantiene vivo (con restricciones, eso sí) el salseo que hasta la irrupción del coronavirus impregnaba el Casco Viejo cada fin de semana.

Porque el Río, en los buenos y en los malos momentos, siempre ha sido referente. Abierto en 1963 por el orbaceitarra Joaquín Barberena, indiscutible inventor del frito de huevo, no fue hasta el año 1998 cuando este afamado tabernero llamó a los Robertos para que tomaran el testigo de su célebre local. “Nosotros, entonces, regentábamos la parte gastronómica del Club Natación, pero Joaquín nos llamó, nos dijo que tenía intenciones de jubilarse, y un par de meses después ya estábamos dirigiendo el antiguo local ubicado en el número 13”, recuerda con una sonrisa Irurzun. Al principio, con la misma imagen y estética costumbrista heredada de Barberena. Aunque poco tiempo tuvo que transcurrir, todo sea dicho, para que los nuevos propietarios comenzaran a introducir esos aspectos que han forjado la personalidad actual del establecimiento. “Comenzamos poquito a poco, en progresión. Primero, metiendo nuevos pinchos en la oferta, modificando también ciertos aspectos decorativos, apostando por la buena música (hasta la llegada de ambos, el local solo contaba con hilo musical y radiocasete) y, por supuesto, revolucionando la noche, con la entrada de público joven, chupitos, ambientazo…”, rememora Recasens.

Y es que, el Río vivió “a tope” la década de los 2000. Con pequeñas reformas, la instalación de televisores y, sobre todo, una defensa a ultranza de la buena música, el antiguo local protagonizó una metamorfosis que dejó oculto, para siempre, su pasado más tasquero. “Fueron años increíbles, inolvidables. Me vienen imágenes de noches con amigos Djs, el local hasta la bandera, un ambientazo irrepetible…”, relata Irurzun, tras recalcar que “ya para entonces éramos el único local de la zona que no había realizado una buena reforma en sus instalaciones”. Por lo que la regeneración no tardó mucho tiempo en llegar.

Tras 16 años, muy exprimidos, en el número 13 de San Nicolás, los Robertos tomaron en 2014 la firme decisión de trasladarse “dos portales más allá” y ejecutar esa transformación que tantos años llevaban mascando en sus hiperactivas cabezas. El 31 de diciembre cerraba para siempre el antiguo establecimiento, pero solo medio mes después, el Río (ya reconvertido en la actual vermutería) renacía en su ubicación actual: el 15-17. Todo ello bajo una remodelación neoyorkina radical no solo visible en su confortable estética, que combina a la perfección ladrillo y madera, sino también en su apuesta gastronómica, de negocio, incluso ocio. “Con la reapertura pusimos en marcha nuestra filosofía actual. Renunciamos a las noches (incluso en Sanfermines) a cambio de ofertar una cuidada carta gastronómica, también de pinchos y raciones (todo se cocina al momento), y esa defensa del cubata bien puesto, de calidad. Tras una comida o una cena, pero bien servido, bien preparado y degustado en la mesa, detalla Recasens.

Famosos son también sus bocadillos y hamburguesas, su tirador de Martini (uno de los pocos que existen en toda España), sus camisetas con frases chistosas (“Vermuta madre” o “Más vermú y menos Red Bull”) y, por supuesto, sus inconfundibles fritos de huevo, la estrella de la casa. 175.000 unidades de dicha delicia venden al año, “una por cada pamplonica”. Bien lo certifica el contador que preside desde hace cinco años la pared principal del local, y que ya detalla un montante total de 989.640. Cifra que hubiese superado el millón de no ser por la irrupción en marzo de la pandemia del Covid-19.

Un parón que, como en toda la hostelería, también detuvo la frenética actividad diaria de la Vermutería Río, pero no la ilusión ni la energía de los dos Robertos. “Esta es nuestra vida, nuestro proyecto. Nuestro compromiso con nuestros clientes, con la calidad y el servicio sigue firme. Nunca hemos bajado la guardia, y mucho menos lo vamos a hacer en estos complicados momentos, concluyen ambos con cierta emoción. La misma que mostraron en 1998 al acceder, por primera vez, al antiguo local del número 13.


CHECK IN

Nombre: Vermutería Río
Dirección: C/ San Nicolás 15-17, Pamplona
Teléfono de reservas: 948 225 104
Web: www.riovermuteria.com
Oferta gastronómica: carta de pinchos y raciones (al momento), cuidado vermú, bocadillos, hamburguesas, tirador de Martini, cubatas “de calidad”…
Redes sociales: FB https://www.facebook.com/Bar-R%C3%ADo-279889779642/


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