jueves, 29 febrero 2024

Miguel Ángel Jiménez, de construir Legos a rehabilitar fachadas

Le conocen como 'Txiki'. Durante sus veranos en Obanos, su pasatiempo favorito era crear estructuras de juguete con su hermano. Quizás por eso, pronto supo cuál sería su camino profesional. Así, estudió Arquitectura Técnica en la Universidad de Navarra, formación que más tarde complementó con un Máster en Business Administration. Tras diecisiete años en ACR, decidió regresar a Pamplona para ocupar el cargo de gerente en Jacar Montajes, donde curiosamente había dado sus primeros pasos profesionales.


Pamplona - 26 enero, 2024 - 14:05

Tras diecisiete años en ACR, decidió regresar a Pamplona para ser el gerente en Jacar Montajes. (Fotos: Ana Osés)

«Con la comida no se juega» y Osasuna es lo primero. Dos principios que Miguel Ángel Jiménez seguía antes de convertirse en marido, padre y gerente de Jacar Montajes. «Con el tiempo, las prioridades van cambiando», bromea con una sonrisa tierna en el rostro.

De su infancia recuerda los veranos en Obanos, donde pasaba las horas construyendo Legos junto a su hermano. «Jugar me aburría, a mí lo que me gustaba era montar estructuras», relata. Con una actitud emprendedora innata, de pequeño solía coger piedras de la calle y escribía sobre ellas el nombre de sus vecinos para, después, vendérselas. «Me decían: ‘Tú de mayor vas a tener una empresa'». 

En casa, la mujer que cuidaba a los hermanos Jiménez hablaba en euskera, y pronto comenzó a llamar ‘Txiki’ a Miguel Ángel: «Al final, de tanto llamarme así, me quedé con ese mote. Ahora pocos me llaman por mi nombre», ríe.

Ya en la adolescencia, sus padres decidieron realizar obras en la vivienda familiar, y entre ladrillos, vigas y herramientas, se fijó en el trabajo de una arquitecta técnica. «Ahí supe que quería dedicarme a eso», señala. Por eso, estudió Arquitectura Técnica en la Universidad de Navarra, formación que más tarde complementó con un Máster en Business Administration por la Universidad Politécnica de Cataluña.

«De pequeño me llamaban ‘Txiki’. Y, de tanto llamarme así, me quedé con ese mote»

Lo cierto es que le apasionaba estudiar. Y aunque con humildad afirma que no era un estudiante «brillante», lo cierto es que obtuvo el Premio Extraordinario Final de Carrera. «Dábamos cosas muy prácticas y eso me encantaba. Guardo muy buen recuerdo de la universidad». En el último curso, unas prácticas fueron la oportunidad perfecta para conocer de primera mano aquel mundo. Jacar Montajes fue su primer destino, pero la estancia en la empresa navarra se acabó alargando cuatro años, en los que se encargó del control técnico de las obras, de labores comerciales con los clientes y, finalmente, de coordinar el departamento de rehabilitación energética de edificios.

Durante aquel tiempo, la firma incluso llegó a crear una carpintería, de la que nuestro invitado fue socio: «Nos dedicábamos, sobre todo, a la rehabilitación de fachadas. Y para ello necesitábamos materiales y personal. La idea era hacer las cosas nosotros mismos, no queríamos depender de nadie externo». Así montaron Carliji, que posteriormente pasó a llamarse Ventanas Jacar«Estaba contento, pero llegué a un punto de inflexión. Mi padre solía decir que para ser un buen aparejador en Navarra tenía que pasar por ACR Grupo, así que me lancé a la aventura», apostilla.

DE PAMPLONA A MADRID Y VICEVERSA

Como jefe de obra en ACR Grupo, coordinó el edificio Oficinas Ofimorea en el Parque Comercial Galaria, así como la nave para las oficinas de Grúas Capamar, entre otros proyectos. ‘Txiki’ siempre tuvo claro que su destino se encontraba entre edificios y cimientos. Prueba de ello es que precisamente ahí, entre andamios, conoció a la que sería su futura mujer. «Nos conocimos en una construcción de 150 viviendas en Sarriguren. Ella era la auxiliar de obra de un amigo mío. Nos acabamos casando y ahora tenemos dos niños preciosos, Miren y Asier».

Tras permanecer más de once años en Navarra, optó por desplazarse a Madrid, donde ocupó el cargo de director de Estudios en la misma compañía. Allí se encargó de potenciar la innovación en el departamento aplicando las últimas tecnologías, así como de la coordinación del trabajo de más de veinte compañeros. Más tarde, le ofrecieron el puesto de director de Procesos Colaborativos e IPD.

De repente, se vio viviendo de lunes a jueves en un hotel. Los fines de semana viajaba a Pamplona para ver a su familia, pero pronto se percató de que debía reorganizar las prioridades. «En Madrid estaba muy bien, profesional y personalmente. Pero tenía que priorizar. Ahora, todos los días hago planes con mis hijos», constata.

ENTRE ANDAMIOS

Nuestro protagonista narra con especial cariño su regreso a Navarra para reincorporarse a Jacar Montajes, donde había dado sus primeros pasos profesionales: «Me ofrecieron ser gerente hace ocho meses y supe que quería volver a mis raíces. Me considero el tercer hijo de Javier Carmona, el dueño de la firma. Siempre tenemos el gusanillo de innovar. Suelo decirle ‘Javier, me apetece jugar contigo’, como si regresar aquí significase volver a ser un niño y aprender a hacer las cosas bien. Este es mi hogar y siempre lo he sentido como tal». Ahora sabe que irse un tiempo a la capital española fue una buena decisión, pero echaba de menos Navarra. Su lugar en el mundo se encontraba aquí.

«Queremos lo mejor para el cliente. El usuario lo agradece y eso es lo que más me gusta de mi trabajo. Nos comportamos como una gran familia»

La compañía, especializada en rehabilitaciones de fachadas e impermeabilizaciones, ya lleva más de cuarenta años como líder del sector. «Hace poco, en un garaje, se cayó un trozo de techo encima de un coche. Vinimos de urgencia para rehabilitarlo. Nos importa el cliente y siempre estamos dispuestos a hacer lo mejor para él. Al final, el usuario lo agradece mucho y eso es lo que más me gusta de mi trabajo. Nos comportamos como una gran familia», apunta para acto seguido preguntarnos si nos gustaría verles en acción. «¿Nos subimos al coche y os enseño cómo trabajamos?». Nos miramos. Asentimos. Cogemos la cámara y el cuaderno. Dejamos atrás las instalaciones de Jacar y ponemos rumbo al barrio de Iturrama, donde taladros, carretillas y plataformas elevadoras nos esperan.

La calle Pío XII nos recibe con su habitual alborozo. Un edificio se alza, prominente, sobre nosotros. ‘Txiki’ sonríe y suspira: «No os preocupéis, que hay ascensor». Entusiasmado, nos explica que la obra se basa en la reparación de la fachada. La duración total de los trabajos es de un año, aunque ahora se encuentran en la segunda mitad del proceso. Ya en la cima del bloque, paseamos por la azotea, que se asemeja a un laberinto, y contemplamos unas vistas excepcionales. «Qué bonita es Pamplona, ¿eh? Cuando llevas tiempo fuera, la echas mucho de menos», asiente con la mirada perdida en el horizonte.

Mientras regala una pose refinada a la cámara, que da pie a la foto de apertura de esta entrevista, sus compañeros le animan a sonreír. En ese momento vuelve a recordar el buen ambiente que impregna la esencia de Jacar Montajes, donde prevalece el compañerismo. Así, recuerda algo que sucedió hace tiempo y que hizo que se potenciara su deseo de ser un buen líder para su equipo. Solo, un empleado se secaba las lágrimas, intentando no llamar demasiado la atención. Nuestro protagonista, preocupado, se acercó a él. «¿Qué te pasa?», le preguntó. Con la voz partida, le respondió que su padre estaba enfermo en el hospital. «¿Y qué haces aquí?». Él, descolocado, señaló que era martes y debía trabajar. ‘Txiki’ le puso la mano en el hombro. «‘Vete a verle’, le respondí. Lo primero son los problemas de uno mismo. Aquí, lo más importante son las personas».

NAVARRA DESPUNTA EN EL SECTOR

«La Comunidad foral tiene una filosofía de rehabilitación, las comunidades limítrofes no. Ejemplo de ello es que Navarra es de los pocos lugares que ha conseguido un aumento de ayudas en España», acentúa nuestro invitado haciendo especial hincapié en que, recientemente, el Gobierno foral amplió en 5.012.800 euros el importe de la convocatoria de ayudas para este tipo de proyectos. Tras esta modificación, el importe total de las subvenciones asciende a 8,2 millones de euros, procedentes de los fondos europeos Next Generation del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia.

«Navarra tiene una filosofía de rehabilitación. Es de las pocas comunidades que ha conseguido un aumento de ayudas en Europa»

Jacar Montajes siempre ha sido pionera en este campo. Con una facturación de 12 millones de euros en 2023, cifra que ha supuesto un aumento del 15 % respecto a los dos años anteriores, nuestro protagonista augura que la facturación seguirá creciendo en los próximos ejercicios dadas las «necesidades del mercado»: «Estamos reorganizando la empresa para hacer frente a esas próximas necesidades del sector, como la creciente demanda de trabajadores cualificados, la aplicación de métodos y materiales respetuosos con el medio ambiente o el avance de las tecnologías. En concreto, ahora estamos intentando digitalizar todo. Queremos actualizar la marca», visualiza.

LOS GRANDES RETOS

Como en tantos otros sectores, la falta de mano de obra también afecta a la construcción. «No hay ni mano de obra, ni técnicos, ni especialistas… En definitiva, no hay gente. Hay que remediar este problema cuanto antes», lamenta ‘Txiki’ antes de proponer soluciones. «Se habla mucho de la industrialización, y eso mejora las condiciones laborales, pero lo que verdaderamente hay que hacer es desarrollar políticas de formación profesional para poder captar gente».

Desde bien pequeño, Miguel Ángel Jiménez tuvo muy claro hacia dónde se dirigiría su carrera profesional.

Desde bien pequeño, Miguel Ángel Jiménez tuvo muy claro hacia dónde se dirigiría su carrera profesional.

Él, orgulloso de su recorrido y de todas las decisiones que le han llevado a este punto vital, se muestra convencido de que su oficio también tiene cierto componente idealista. «Para mí es un honor trabajar en este sector y en esta empresa. Si vas por las calles de Pamplona, seguro que Jacar Montajes ha rehabilitado alguna fachada», garantiza. Además, desde la firma no solamente piensan en qué construir, sino en cómo hacerlo. «Hay que crear ciudades más amables, conseguir que la huella de carbono sea menor. Tenemos un gran trabajo por delante, hay que luchar por un futuro más sostenible», defiende.

Con un buen sabor de boca (quizá por el café que nos ha ofrecido y hemos aceptado con gusto), abandonamos la obra y nos despedimos de nuestro protagonista, que parece ilusionado con nuestra visita. En la emoción que transmiten sus ojos, aún podemos intuir la presencia de aquel niño que jugaba a construir Legos y que ahora, a sus 43 años, se ha convertido en un referente de su sector.


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