viernes, 12 junio 2026

Navarra busca transformar la hoja de olivo en un aliado contra el cáncer y la obesidad

CENER, Navarrabiomed y la Universidad de Navarra colaboran en el proyecto Bioole-Up, que busca convertir las hojas de olivo en una fuente de compuestos de alto valor añadido mediante procesos de biorrefinería sostenible. Aunque se encuentra en fase preclínica, sus posibles aplicaciones ya apuntan en varias direcciones: la industria farmacéutica y la alimentaria. Y es que se centra en el estudio de su relación con la obesidad, la resistencia a la insulina o síndrome metabólico, así como en su potencial médico en tratamientos avanzados contra el cáncer. La iniciativa está coordinada por ADItech, coordinador a su vez del Sistema Navarro de I+D+i (SINAI), y financiado por el Departamento de Universidad, Innovación y Transformación Digital del Gobierno foral.


Sarriguren - 21 abril, 2026 - 23:00

Fermín Milagro (UN), Irantzu Alegría (CENER) y David Escors (Navarrabiomed) colaboran en el proyecto Bioole-up desde 2025. (Fotos: Nekane Bariain)

En los olivares del sur de Europa, hay un problema silencioso que se repite cada campaña. Según explican desde el proyecto europeo Oleaf4value, la producción de aceituna genera cada año alrededor de 4,5 millones de toneladas de hojas de olivo, un subproducto que actualmente sigue infrautilizado. De hecho, apenas el 0,2 % se destina a la extracción de compuestos, mientras que el resto se quema, se usa como combustible o acaba como alimento animal. El coste de este desaprovechamiento no es menor. En esas hojas se esconden cerca de un millón de toneladas de compuestos bioactivos, además de grandes cantidades de celulosa y lignina, materiales con potencial industrial y biomédico. Sin embargo, su complejidad estructural las convierte en un recurso difícil de procesar, lo que ha limitado su valorización a gran escala.

En paralelo, el interés científico por el olivo no ha dejado de crecer. Más allá de su valor agrícola, distintos estudios han consolidado sus beneficios para la salud humana. Un trabajo de la Escuela de Salud Pública de Harvard concluyó que el consumo habitual de aceite de oliva se asocia con una reducción del 19 % en el riesgo de mortalidad. Asimismo, las propiedades se extienden a enfermedades cardiovasculares, cáncer o patologías neurodegenerativas. Pero el foco ya no está solo en el aceite. La ciencia empieza a mirar hacia otros componentes del olivo, como sus hojas. En ellas se encuentra la oleuropeína, un compuesto con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que, además, ha mostrado potencial en el ámbito oncológico. Investigaciones preclínicas desarrolladas por Navarrabiomed han demostrado que, combinada con inmunoterapia, esta molécula puede mejorar la respuesta frente a ciertos tumores resistentes.

Este doble contexto es el punto de partida de Bioole-Up, un proyecto colaborativo que busca convertir las hojas de olivo en una fuente de compuestos de alto valor añadido mediante procesos de biorrefinería sostenible. En este sentido, el proyecto arrancó en 2025 impulsado por varios agentes del Sistema Navarro de I+D+i (SINAI), coordinado por ADItech. En concreto, por el Centro Nacional de Energías Renovables (CENER), que lidera la iniciativa; Navarrabiomed; y la Universidad de Navarra. Bioole-Up cuenta con financiación del Departamento de Universidad, Innovación y Transformación Digital del Gobierno foral.

VALORIZACIÓN DE LA HOJA DE OLIVO

Su origen surgió, precisamente, a raíz de los resultados obtenidos en el proyecto europeo Oleaf4value, en el que CENER ya exploraba la valorización de hojas de olivo, principalmente para la extracción Xilo-oligosacáridos (XOS). Sin embargo, fue la conexión con las investigaciones biomédicas en torno a la oleuropeína y a otros compuestos como la lignina lo que abrió una nueva vía de trabajo.

«El objetivo de esta nueva iniciativa es lograr una valorización completa de los principales componentes de la hoja de olivo. Es como cuando miras una etiqueta para ver la composición de un producto. Pues en la hoja de olivo hay distintas fracciones que pueden ser de interés, entre ellas los xilooligosacáridos, polifenoles, lignina y los lípidos. Cada una de estas tiene su función, o bien estructural o bien de la defensa de la planta, y para eso fraccionamos la hoja en cascada. Es como una refinería, que del petróleo vas obteniendo el queroseno, el gas y al final queda el bitumen», desgrana Irantzu Alegría, responsable en el  Laboratorio de Microbiología y Desarrollos Biotecnológicos de CENER, a Navarra Capital.

En este contexto, CENER suministra las muestras, mientras que Navarrabiomed y la Universidad de Navarra las analizan y validan. Precisamente, uno de los pilares del proyecto es evaluar el impacto de estas fracciones en la salud humana. Aquí entra en juego la entidad educativa, donde el equipo liderado por Fermín Milagro, del Centro de Investigación en Nutrición de la Universidad de Navarra y del Departamento de Ciencias de la Alimentación y Fisiología, trabaja con distintos modelos experimentales.

En una primera fase, utiliza el organismo C. elegans, un pequeño gusano capaz de acumular grasa, para realizar un cribado rápido de compuestos. «Lo que hacemos es incubarlos con las distintas fracciones de la hoja de olivo para ver cuáles reducen la acumulación de grasa», detalla Milagro. A partir de ahí, analizan otros parámetros como el estrés oxidativo o la longevidad. Las fracciones más prometedoras pasan después a estudios más complejos, donde se investigan los mecanismos moleculares implicados, incluyendo la expresión génica. De esta forma, el siguiente paso será la validación en roedores, un modelo más cercano al ser humano, especialmente en estudios relacionados con obesidad, resistencia a la insulina y síndrome metabólico.

Aunque el proyecto se encuentra en fase preclínica, sus posibles aplicaciones ya apuntan en dos direcciones: la industria farmacéutica y la de los nutracéuticos.

Aunque el proyecto se encuentra en fase preclínica, sus posibles aplicaciones apuntan a la industria farmacéutica y la de los nutracéuticos.

En paralelo, la Fundación Miguel Servet, a través del grupo de Oncoinmunología de Navarrabiomed que lidera David Escors, explora el potencial de estas fracciones en el ámbito del cáncer. El objetivo es analizar cómo afectan al sistema inmunitario y su capacidad para combatir tumores. Para ello, trabajan con cultivos celulares en los que testan distintas fracciones y evalúan su impacto en marcadores clave. Uno de los hallazgos más llamativos es que no solo los compuestos conocidos están dando resultados: «Todo el mundo espera que los polifenoles sean los más activos, pero hemos identificado fracciones derivadas de la despolimerización de la lignina que están mostrando resultados bastante positivos». Este tipo de descubrimientos abre la puerta a identificar nuevos compuestos bioactivos, algunos de ellos aún desconocidos, con potencial terapéutico.

POSIBLES APLICACIONES

Aunque el proyecto se encuentra en fase preclínica, sus posibles aplicaciones ya apuntan en dos direcciones: la industria farmacéutica y la de los nutracéuticos. Hoy en día ya existen extractos de hoja de olivo en el mercado, pero se comercializan como complementos alimenticios, no como medicamentos. El salto a la biomedicina implica mayores exigencias en términos de pureza, regulación y validación clínica. «Lo interesante sería poder identificar compuestos concretos, producirlos de forma pura y llevarlos a ensayos clínicos», señala Escors.

En paralelo, también existe interés por parte de la industria alimentaria. Grandes empresas ya investigan este tipo de compuestos para desarrollar productos con beneficios demostrados para la salud, en una línea similar a la de alimentos funcionales como los que ayudan a reducir el colesterol.

Más allá del impacto científico, Bioole-Up plantea también una oportunidad económica para el sector agrícola. La hoja de olivo, actualmente considerada un residuo, podría convertirse en una nueva fuente de ingresos para los productores. Además, el modelo de biorrefinería propuesto no requiere grandes infraestructuras, lo que abre la puerta a su implantación en entornos rurales. «Podría ser una planta de tamaño medio, ubicada en zonas agrícolas, que genere empleo y valor añadido», apunta Alegría.

En este contexto, el proyecto, que se prolongará hasta 2027, tiene un objetivo claro: sentar las bases para futuras aplicaciones en humanos. «Lo bonito sería llegar a las personas, pero eso vendrá en una fase posterior», reconoce Milagro.

Como ocurre con muchos proyectos científicos, Bioole-Up es solo el primer paso. Su éxito se medirá no solo por los resultados obtenidos, sino por su capacidad para atraer nuevas inversiones y continuar avanzando. «En dos años no se puede hacer todo, pero sí puedes demostrar que merece la pena seguir», concluye Escors.

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