martes, 18 enero 2022

Oberena: 50 años al compás del txistu

Cincuenta años lleva sonando el txistu en Oberena. Fundada por Juan Manuel Ecay, la Escuela de Txistularis de Oberena nació en 1971 en su sede del frontón Labrit de Iruña. Medio siglo después, las calles de la capital navarra siguen retumbando al son de esta flauta aguda. El 26 de enero de 1971 se hacía eco un diario local del nacimiento de esta institución, diciendo que empezaba la enseñanza de txistu a quien quisiera aprender y de forma gratuita, solo con la condición de conocimientos de solfeo. El resto... ¡ya es historia!

Redacción
3 julio, 2021

Cincuenta años lleva sonando el txistu en Oberena.

Juan Manuel Ecay, su fundador, aprendió a tocar el txistu una vez que aparcó el violín, de la mano de German Larraz, quien tocaba en la sección de danzas de Oberena y tenía conocimientos de piano, órgano y txistu. Germán le dejó a Juan Manuel un txistu fabricado en boj, y con él comenzó a instruirse.

Después de formarse y disfrutar con el instrumento, Juan Manuel sintió la obligación de seguir su labor comprometiéndose en la enseñanza del instrumento a quien deseara aprender.

Así, en 1971, nacía la Escuela de Txistu de Oberena. Para las personas que carecieran de la enseñanza de solfeo, Ecay organizó clases. Primero en los PP. Escolapios, y luego en Los Amigos del Arte, que impartía su hermano Jesús Mª Ecay.

Después de 50 años de esta iniciativa, el valor que más aprecia Juan Manuel es la amistad que perdura entre todos los que pertenecieron a la escuela. Y está orgulloso, ya que ha demostrado funcionar bien, con alumnos bien preparados musicalmente, como muestran los premios que han ganado. Las bandas de txistularis nacidas de la academia, y los txistularis que después de 50 años siguen ejerciendo como tales en diferentes estamentos, grupos de danza y enseñanza en Navarra, son prueba de ello .

La escuela de Txistularis de Oberena en principio estaba vinculada a la Sección de danzas de Oberena, pero luego se constituyó como sección propia. La única subvención que recibió de la Institución Príncipe de Viana del Gobierno de Navarra la utilizó para comprar atriles para la escuela.

Uno de los objetivos con los que se funda la Escuela fue el extender y cultivar nuestra cultura popular en cuanto consideramos a nuestra “tibia vasca” como su claro estandarte. Desarrollo entendido en todas las facetas en que hoy en día el txistu se manifiesta, de ahí su adelanto en el tiempo, es decir tanto el aspecto de bailables, kalejiras, dantzas, como el de obras de concierto. Entendiendo éstas como la expresión de sentimientos de un entorno reflejadas en unas partituras, y que necesita la transmisión, explicación, divulgación de patrimonio inmaterial, siendo como son el real exponente de los acontecimientos, historia, sensibilidad de nuestro pueblo. También se trabajó el txistu del futuro, reflejado este en nuevas corrientes de música experimental y que requerían el perfeccionamiento del binomio Txistu-txistulari. Esto sin perder su carácter innato de instrumento ancestral, en aras de una evolución o dinámica necesaria, y que todo ser vivo experimenta.

Entre sus objetivos, no olvidó el desarrollo del txistulari, desarrollo entendido como formación en una cultura humanística dentro de un ambiente de amistad, confrontación de ideas, desarrollo de trabajos y responsabilidades de cara a objetivos comunes.

Se creó un método propio de aprendizaje. Método estructurado en 5 niveles sucesivos, sin la exigencia de un plazo de tiempo predeterminado para cada nivel. El nivel técnico y las obras ejecutadas son las que indicaban al profesor y al propio alumno su paso a un nivel superior. Método que pasaba de la escala cromática, ejercicio de digitación, primeras biribilketas a los golpes ternarios y binarios, expresión con txistu y tamboril y práctica de primeras obras complejas con variaciones. Todo según un camino racional y agradable a la vez para el ejecutante. Al completar los cinco niveles, el alumno si lo deseaba podía pasar a ser profesor en la Escuela.

Se llegó a contar con diez profesores en 1976, que impartían las enseñanzas gratuitamente y asiduamente a lo largo del curso, dedicándose alguno de ellos a la disciplina básica de solfeo.

Las clases se desarrollaban en el Frontón Labrit de Iruña y se impartían los lunes, miércoles y viernes, de 8 a 10 de la noche.

El trabajo desarrollado por la escuela se mostró en concierto por diversas localidades de Navarra, kalegiras, exhibiciones, alardes de txistularis, concursos…

En definitiva, una experiencia innovadora, avanzada a su tiempo, que vista desde la perspectiva de este siglo XXI se hace más grande y ejemplarizante. Un modelo para impulsar acciones innovadoras adaptadas a nuestro tiempo desde una cultura humanística, enriquecedora y empoderada. ¡Una escuela que no dejará de sonar!

Un reportaje de: Raúl Madinabeitia Preciado (2021)


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