La bodega Pago de Cirsus, situada en Ablitas, prevé duplicar la superficie de sus áreas de elaboración, embotellado y almacenaje en un plazo de tres años. Según explican fuentes de la compañía a Navarra Capital, su objetivo no es aumentar la producción, limitada por la normativa que rige los Vinos de Pago, sino «optimizar los espacios de trabajo y adaptarse a las exigencias tecnológicas actuales del sector vinícola».
El plan se llevará a cabo de forma progresiva para no interrumpir la producción: «No podemos paralizar completamente nuestros procesos durante todo el tiempo que dure la obra. La idea es ejecutar la ampliación en fases, sin afectar el ritmo de trabajo diario».
La nave de elaboración actual está equipada con una prensa de membrana, un intercambiador de frío y depósitos de acero inoxidable. En este mismo espacio también se ubican la embotelladora, la etiquetadora y el botellero. La creciente incorporación de maquinaria técnica, la última hace apenas un año, redujo aún más el espacio operativo, lo que motivó la necesidad de ampliar las instalaciones.
Gran parte de estas se encuentran semisoterradas, una decisión arquitectónica que permite mantener unas condiciones térmicas y de humedad estables durante todo el año. Por ahora, no se ha definido con exactitud si el proyecto se ejecutará en la parte delantera de la bodega, la trasera o si será soterrada, pero «sí se sabe que hay margen para intervenir en esas direcciones».
GANAR EN ESPACIO Y COMODIDAD
Pago de Cirsus recibió en 2014 la certificación de Denominación de Origen Protegida Vino de Pago (DOP Bolandin), lo que requiere cumplir ciertos requisitos como que el viñedo y la bodega estén ubicados en la misma finca, que el 100 % de las uvas procedan de este terreno o que todo el proceso de elaboración y embotellado se realice dentro de la propia denominación. Por ello, «la ampliación no busca producir más vino, limitado por la normativa, sino trabajar con mayor comodidad y eficiencia. Ganar espacio nos permitirá distribuir mejor las tareas y mejorar la operativa diaria», insisten las fuentes con las que contactó este medio.
Desde la parte más alta de La Finca Bolandin, a 395 metros de altitud, la bodega, el hotel y el restaurante de la firma ocupan 70 hectáreas y están rodeados de otras 130 hectáreas de viñedos. Allí se cultivan siete variedades: chardonnay, moscatel, cabernet, merlot, syrah, tempranillo y garnacha.
La bodega cuenta, además, con una nave de tinas de roble francés donde se elaboran sus vinos de alta gama. En concreto, cada recipiente está equipado con un sistema de control de temperatura que garantiza «la precisión en la fermentación». También hay un área que alberga mil barricas de roble francés soterradas en la montaña, donde reposan los vinos entre doce y dieciocho meses. Cada una tiene una capacidad de 225 litros y contiene una única variedad de uva.
SOBRE LA BODEGA
Aunque la construcción de la bodega comenzó en 2002 de la mano de Iñaki Núñez, no fue hasta 2014 cuando el empresario venezolano Alejandro Gómez, junto con su esposa Letizia Mangione y su hijo Alejandro Alberto, asumió la dirección del proyecto. Ahora, sus vinos ya se comercializan en más de treinta países.
Durante los últimos años, la compañía ha aplicado diversas medidas sostenibles entre las que se encuentran un sistema de goteo desarrollado en colaboración con la Universidad de La Rioja, la plantación de leguminosas y gramíneas para mejorar la calidad del suelo en los viñedos, la instalación de estaciones meteorológicas para monitorizar el clima en la finca, la implantación de placas solares que abastecen el 100 % de sus operaciones, la colocación de hoteles de insectos para fomentar la diversidad y cargadores de coches eléctricos en las instalaciones.













