domingo, 16 junio 2019

Pioneras en la Rusia de los zares

Fueron mujeres jóvenes, inteligentes, libres y rebeldes que marcaron un importante hito en la historia del arte durante los últimos años de la Rusia de los zares. Mujeres pioneras en los nuevos lenguajes artísticos que fascinaron y escandalizaron a la sociedad rusa y europea. Ahora, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza muestra la exposición 'Pioneras. Mujeres artistas de la vanguardia rusa' hasta el 16 de junio.

Redacción
13 abril, 2019

Jugadores de billar, Varvara Fedorovna, 1920 en el Museo Nacional Thyssen- Bornemisza.

Jugadores de billar, Varvara Fedorovna, 1920 en el Museo Nacional Thyssen- Bornemisza.

A comienzos del siglo XX, se fraguó un renacimiento cultural sin precedentes en el Imperio Ruso. La vida artística se llenó de exposiciones y exaltados manifiestos que combinaban influencias de corrientes vanguardistas extranjeras con aspectos genuinos de la cultura rusa. Este acontecimiento excepcional tuvo además una característica que lo diferenció del resto de los movimientos artísticos de la época: la conocida como vanguardia rusa contó con una participación femenina no solo muy numerosa, sino también extremadamente activa y relevante.

Cubismo, Nadeshda Udaltsova, 1914

Cubismo, Nadeshda Udaltsova, 1914.

Algunas de las más destacadas artistas de este movimiento forman parte del montaje especial en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Pioneras. Mujeres artistas de la vanguardia rusa’, que reúne hasta el 16 de junio una selección de doce obras de las colecciones del museo de Natalia Goncharova, Alexandra Exter, Olga Rózanova, Nadeshda Udaltsova, Liubov Popova, Varvara Stepanova y Sonia Delaunay, además de textos, biografías y fotografías.

Todas ellas crecieron y se formaron en un régimen que se aferraba a los valores de la época preindustrial y, sin embargo, se convirtieron en pioneras de la creación, difusión y defensa de los nuevos lenguajes artísticos que fascinaron y escandalizaron a partes iguales a la sociedad rusa y europea de comienzos de siglo.

Jóvenes, inteligentes, libres y rebeldes no formaron un grupo, aunque muchas de ellas se conocieron e influyeron mutuamente. Sus nombres están asociados a los diferentes movimientos que se sucedieron durante los últimos años de la Rusia de los zares y sus carreras habían alcanzado la madurez cuando, en 1917, triunfó la Revolución de Octubre. Con su ímpetu y determinación no solo consiguieron integrarse en completa igualdad en la vanguardia, sino que en muchos sentidos la lideraron, marcando un importante hito en la historia del arte.

VIDAS DE INSPIRACIÓN

Desde sus primeras obras de finales de la década de 1900, Natalia Goncharova (Negaievo, 1881-París, 1962) combinó a la perfección un interés por los movimientos de vanguardia europeos con la búsqueda de inspiración en el folclore y las raíces populares rusas. Tras esta primera fase neoprimitivista, donde se apreciaba la admiración por Gauguin y Matisse, se interesó por el cubismo y el futurismo, y finalmente desarrolló, junto a Larionov, el rayonismo. Este movimiento, basado en las teorías científicas de la luz, convertía el espacio pictórico en una reflexión sobre la acción y la refracción de los rayos lumínicos.

Vestidos simultáneos, de Sonia Delaunay, 1925

Vestidos simultáneos, de Sonia Delaunay, 1925.

Alexandra Exter (Belostok, 1882-Fontenay-aux-Roses, 1949) fue una figura clave en las conexiones entre la vanguardia rusa y las corrientes artísticas que se estaban desarrollando en Europa occidental. Su interés por la escena parisiense la llevó a pasar largas temporadas en la capital francesa a partir de 1907, donde conoció entre otros a Pablo Picasso y Georges Braque. Cautivada por las posibilidades del nuevo lenguaje cubista, lo adoptó y se convirtió en una de sus principales embajadoras en Rusia. Al estallar la Gran Guerra volvió a su país donde realizó sus primeras obras no figurativas. Durante estos años inició sus colaboraciones teatrales y, a partir de 1921, diseñó moda.

Olga Rózanova (Melenki, 1886-Moscú, 1918) está considerada una de las artistas más originales de la vanguardia rusa que destacó por su firme apuesta por el arte no figurativo, y por su continua búsqueda de nuevas formas de expresión. Sus inicios estuvieron ligados al futurismo que conoció de la mano del poeta Alexei Kruchenykh, inventor del lenguaje experimental zaum. Sus primeras obras de estilo cubofuturista resultaron tan innovadoras, que Filippo Marinetti decidió incluirlas en la Primera Exposición Futurista Internacional de Roma en 1914.

Nadeshda Udaltsova (Orel, 1886-Moscú, 1961) estuvo vinculada al cubismo desde 1912 cuando asistió a las clases de Jean Metzinger y Henri Le Fauconnier en la Académie de La Palette. Este lenguaje se convirtió en la base fundamental sobre la que construyó unas obras que se consideran la mejor manifestación de este movimiento en Rusia.

Alexandra Exter, Naturaleza muerta, 1913

Alexandra Exter, Naturaleza muerta, 1913.

Desde muy temprano, Liubov Popova (Ivanovskoie, 1889-Moscú, 1924) combinó su fascinación por el arte antiguo ruso con numerosos viajes familiares por toda Europa. El arte clásico italiano, en especial los fundamentos compositivos del estilo renacentista, dejaron una imborrable huella en ella. En París entró en contacto con el cubismo y en Italia conoció el futurismo, combinando ambos lenguajes en sus obras. En 1921, junto a otros artistas del Instituto Estatal de Cultura Artística (Injuk), renunció a la pintura de caballete e inició una importante carrera como diseñadora gráfica, textil y escenógrafa. 

Varvara Stepanova ( Kaunas 1894 – Moscú 1958) era la más joven de las pioneras. En 1917 comenzó a escribir poemas transracionales que se convirtieron en la base de una serie de libros manuscritos en los que, siguiendo a Rozanova, combinaba texto y formas abstractas. Su entusiasmo por el triunfo de la Revolución de Octubre, la llevó a poblar sus obras con personajes que representaban el ideal (robótico, eficiente y dinámico) de la era socialista. En 1921, se unió al grupo de artistas que decidieron abandonar la pintura de caballete. Stepanova se convirtió en una de las principales representantes del constructivismo.

Por último, Sonia Delaunay (Odesa, 1885-París, 1979) defendía a ultranza el color, la abstracción y el interés por expandir sus ideas artísticas a todos los objetos de la vida cotidiana. En la capital francesa, Sonia se convirtió en una figura clave para la vanguardia gracias a la aventura simultaneísta que emprendió junto a Robert Delaunay, su marido desde 1910. Juntos investigaron los contrastes de color y la disolución de la forma a través de la luz, lo que los encaminó a la abstracción.

El montaje se completa con un vídeo sobre la restauración de las obras Pesca (Pescadores) (1909), de Natalia Goncharova, y Jugadores de billar (1920), de Varvara Stepanova. La pintura rusa de comienzos del siglo XX, así como la de otras vanguardias históricas, plantea problemas de conservación y por eso es supervisada regularmente. La restauración de estos dos lienzos permite analizar algunas de las problemáticas comunes a las obras de este periodo y contribuir a su mejor conservación.

Pesca (pescadores), Natalia Goncharova, 1909.

Pesca (pescadores), Natalia Goncharova, 1909.


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