viernes, 24 marzo 2023

Rafael Rodríguez, un pamplonés en el Consejo de Dirección de Rockwool

Antes de cumplir los treinta, Rodríguez fue nombrado director de Recursos Humanos en la planta de Rockwool en Caparroso. Desde entonces fue escalando posiciones hasta asumir, en 2022, el cargo de vicepresidente sénior en la multinacional danesa. Un puesto que compagina con la Dirección General de Aislamiento para el sur de Europa y Reino Unido. En la actualidad, es el único español en el Consejo de Dirección y tiene a su cargo a unos 1.500 trabajadores.

Cristina Mogna
Pamplona - 27 enero, 2023

Rodríguez es licenciado en Derecho por la Universidad de Navarra y tiene un MBA por el IE. (Foto: cedida)

No resultaría exagerado decir que Rafael Rodríguez (52 años) es hijo profesional de Rockwool. Aunque su carrera, naturalmente, comenzó antes de que aterrizara en la multinacional. Tras licenciarse en Derecho por la Universidad de Navarra y hacer el servicio militar en Ferrol, el pamplonés -que este año fue incluido por primera vez en el ranking de influyentes de Navarra Capital– pasó un par de meses en Reino Unido, donde aprovechó para reforzar el inglés, y posteriormente cursó un MBA en el Instituto de Empresa (IE).

La formación que recibió en esta escuela de negocios influyó de manera decisiva en su trayectoria profesional. “El Derecho me dio una estructura mental. Y luego el máster me abrió mucho los ojos, me despertó la curiosidad por el mundo de la empresa. En aquel momento, las carreras eran más tradicionales y teóricas, por lo que el MBA fue un complemento perfecto desde el punto de vista práctico”, recuerda para este medio.

Después de esa temporada en Madrid, regresó a Pamplona y comenzó a trabajar en Tecnoconfort, una empresa perteneciente al grupo francés Faurecia y dedicada a la fabricación de componentes para vehículos de motor. Allí entró como becario y terminó siendo el director de Recursos Humanos de la planta. Todavía no había alcanzado los treinta cuando recibió una oferta para ocupar ese mismo cargo en una empresa danesa que comenzaba a dar sus primeros pasos en Navarra. “En aquel momento, Rockwool anunció la puesta en marcha de una fábrica en Caparroso. Era un proyecto muy atractivo porque suponía contratar a todos los trabajadores y sentar un poco las bases de la organización”, evoca. No le dio demasiadas vueltas al asunto: dijo que sí. Desde entonces no ha dejado de escalar posiciones dentro de la compañía, especializada en la fabricación de aislamiento de lana de roca.

“La verdad es que cada tres, cuatro o cinco años me han surgido nuevas oportunidades, nuevos proyectos y nuevos retos. Todo eso ha hecho que tampoco haya sentido la necesidad de mirar oportunidades fuera”, detalla. Ahora bien, Rodríguez atribuye gran parte de su evolución profesional a las personas con las que se ha cruzado en el camino durante las últimas dos décadas. “No sé si llamarlo suerte, pero… siempre he tenido buenos jefes que han apostado por mí. Estoy muy agradecido en ese aspecto porque me he topado con buenas personas, que me han ido guiando y apoyando. Por supuesto, debes tener tus competencias, tu personalidad, tu saber hacer, pero también encontrarte en el camino con gente capaz de sacar todo tu potencial. Eso es importante”, subraya.

“Siempre he tenido buenos jefes. Debes tener competencias, pero también encontrarte en el camino con gente capaz de sacar todo tu potencial”

El primer cambio importante que vivió Rodríguez dentro de la empresa fue en 2003, cuando dejó el Departamento de Recursos Humanos para adentrarse en otra área. “Tuve la oportunidad de cambiar un poco mi carrera profesional cuando me ofrecieron la oportunidad de poner en marcha una nueva fábrica en Croacia. Todo se hizo desde cero, desde elaborar el plan de negocio hasta buscar los terrenos y los proveedores. Aquello me dio una visión completamente diferente y mucho más amplia de la empresa. Yo tenía 29 años y el riesgo al cambiar era cero, así que pensé: ‘Bueno, ¿por qué no?’”, rememora. Echando la vista atrás, reconoce que aquel hito fue una “palanca” que le permitió seguir ascendiendo en Rockwool.

REGRESO A ESPAÑA

A finales de 2005 volvió a España, esta vez como director general de la empresa para España y Portugal. “Me tocaron dos ejercicios buenos, pero luego tuve que gestionar toda la crisis… Fue duro”. Seis años más tarde, tomó las riendas de la Dirección General de Aislamiento Técnico (de procesos industriales y marina) dentro de la compañía. En dicho puesto, que le llevó a residir unos meses en Países Bajos para posteriormente regresar a Barcelona, permaneció hasta octubre de 2015. Fue entonces cuando volvió a surgirle un nuevo reto: liderar el Departamento de Aislamiento dentro de Rockwool para todo el sur de Europa. Asumir el cargo supuso su traslado -y el de su familia- a París. “Era una oportunidad para mí, pero sobre todo para mis hijas, que se han llevado un idioma. Creo que al habernos movido de Pamplona a Barcelona y luego de Barcelona a París les hemos sembrado, no sé si una necesidad, pero sí esa inquietud de salir y conocer el mundo”, valora.

La mayor de su prole cursó Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de Navarra. Y, hace pocas semanas, se marchó a Sídney (Australia) para estudiar inglés. La mediana actualmente estudia Enfermería en la misma institución, así que solo la pequeña reside junto a Rodríguez y su mujer en Francia. Precisamente, es en este país donde se concentra el grueso de la actividad de Rockwool en el sur de Europa. “Hay bastante diferencia entre España y Francia. El negocio es como siete u ocho veces más grande en el segundo país”, destaca. ¿Cómo se explica esta diferencia tan acusada? “Es un tema de reglamentación -especifica-. Tanto la normativa de aislamiento térmico como la reglamentación contraincendios es más exigente en Francia”.

Tras el país galo, el segundo puesto lo ocupa Reino Unido, justo detrás de Italia. “Luego estarían a la par Rumanía y España, aunque hay un poco más de actividad en España”, aclara. Rodríguez, no obstante, confía en que esta realidad cambie en los próximos años. “Todos los planes de renovación energética de los edificios, que en principio el Gobierno español debería o está poniendo en marcha, suponen una oportunidad muy importante para nosotros. La mejor energía es la que no se consume y, para no consumirla, es importante que los edificios estén bien aislados. Existe un paquete de ayudas proveniente de fondos europeos y ahora lo que hace falta es pasar de las palabras a la acción, porque el parque existente en España chupa mucha energía”, expone.

“Me siento contento y orgulloso de llevar la bandera de Navarra hasta la central de Rockwool en Dinamarca”

Este es, a su juicio, “un reto complicado, porque la forma de vida en España hace que los procesos de toma de decisiones resulten a veces un poco más lentos”. Pese a esos obstáculos, no obstante, Rodríguez se muestra optimista.

“Una vez los gobiernos autonómicos pongan en marcha planes atractivos desde el punto de vista de la financiación y la comunicación, la actividad de rehabilitación podrá despegar y España podrá convertirse en un mercado muchísimo más atractivo para Rockwool”. Ese escenario futuro, además, podría venir acompañado de la creación de una nueva bolsa de empleo. “Sobre todo de gente que pasará del sector de la construcción a la rehabilitación -vaticina-. Aunque eso implicaría hacer un esfuerzo de formación, ya que no necesariamente va a ser el mismo trabajo”.

En 2022, Rodríguez se convirtió en vicepresidente sénior de Rockwool, pasando así a ser el único español que forma parte del Consejo de Dirección. Con ese hito adquirió además nuevas responsabilidades: retomó el liderazgo de la línea de aislamiento industrial y marino, así como la gestión de la planta croata. En paralelo, continúa ejerciendo como director general de Aislamiento para el sur de Europa y Reino Unido.

Así, ahora gestiona una región que en su totalidad factura “unos 800 millones de euros” y tiene a su cargo a unas 1.500 personas, de las cuales “un poco más de la mitad” trabaja en Francia. “Me siento contento y orgulloso de llevar la bandera de Navarra hasta, por lo menos, la central de Rockwool en Dinamarca”, remarca. A su tierra natal suele volver con frecuencia para visitar a sus padres y a sus hermanos. “A mí me gusta mucho Pamplona. Tiene unos servicios y una calidad de vida espectaculares. La veo como mi sitio de jubilación”, confiesa.

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