Sucesoras

miércoles, 23 septiembre 2020

Sucesoras

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, que se celebra este domingo, NavarraCapital.es reúne a cinco mujeres empresarias, cuyos negocios ya tienen el relevo generacional garantizado gracias a sus hijas. La agencia inmobiliaria Ekiser, el despacho Cunchillos Abogados, Embutidos Arbizu, la ‘boutique’ María Alonso y la asesoría empresarial de Lourdes Goicoechea comparten historias y anécdotas en tan significativa fecha.

Miguel Bidegain
Pamplona - 6 marzo, 2020

Sentadas, de izda. a dcha., Pilar Cunchillos, Sofía Gómez, María Alonso, Lourdes Goicoechea y Mª Carmen Arbizu. Tras ellas, Joana Larrañaga, Sofía de la Serna, Luisa Nava, Eloísa Arellano y Ainara Goicoechea. (Fotos: Maite H. Mateo)

NavarraCapital.es ha reunido, con motivo del Día Internacional de la Mujer, a cinco empresarias y a sus hijas, que se muestran dispuestas a asumir la responsabilidad de seguir al frente del negocio. No es una circunstancia demasiado común. De hecho, los datos prueban que numerosas empresas familiares se ven abocadas al traspaso, cuando no al cierre, por falta de relevo generacional. Una situación que se da entre el 50 y el 70 % de los casos en la primera sucesión. Pero no siempre sucede así y estas mujeres, junto a sus hijas, son la mejor prueba.

Sofía Gómez de Maintenant y Sofía de la Serna.

Las titulares de los negocios son, según sus hijas, las mejores instructoras que podían tener. Y las madres, por su parte, coinciden al señalar que a la hora de trabajar se impone el criterio profesional al familiar. También dicen ver a sus sucesoras bien preparadas para asumir la gestión de la empresa y capaces de sacarla adelante.

Sofía Gómez de Maintenant es abogada no ejerciente y socia de la agencia inmobiliaria Ekiser, donde trabaja desde hace dos años su hija Sofía de la Serna, de 29 años, también letrada y que está llamada a ser su sucesora en el negocio. “Somos agentes de la propiedad inmobiliaria y prestamos servicios de asesoramiento y peritación desde hace treinta años, aunque yo me incorporé en 2007”, explica Sofía Gómez de Maintenant.

Joana Larrañaga y, detrás, Pilar Cunchillos.

La llegada de su hija se produjo después de que trabajara en prácticas en un despacho de abogados. “Vi que aquello no era lo mío. Y ante la duda de a qué me iba a dedicar, probé en la agencia y me gustó”. Su madre aclara que laboralmente el parentesco no influye: “En Ekiser estamos seis personas y Sofía tiene que hacer lo que hacen los demás”. Pero a su hija sí le resulta útil porque “contar con tu madre, tenerla ahí, te da confianza, te orienta y te enseña la profesión”.

Las titulares de los negocios son, según sus hijas, las mejores instructoras que podían tener.

El relevo se producirá dentro de siete años, un periodo que servirá para que Sofía de la Serna conozca todos los secretos del negocio y se planifique ordenadamente la sucesión. Mientras tanto, compagina el trabajo con la asistencia a distintos cursos, con los que completa su formación en el campo de la gestión inmobiliaria.

VISIONES DISTINTAS, PERO “MUY ÚTILES”

También abogadas, pero en este caso ejercientes, son Pilar Cunchillos y su hija Joana Larrañaga, de 38 años. Pilar, que en 1979 abrió un despacho especializado en derecho de familia al que se incorporó Joana hace trece, atestigua que las diferencias generacionales entre ambas “aportan visiones distintas muy útiles, porque los tiempos cambian y la profesión también”.

Joana, por su parte, le agradece tanto el apoyo inicial como el recibido posteriormente, que le ha servido para disponer de los conocimientos profesionales que precisará cuando se haga cargo del despacho: “Me asusta un poco porque hay más competitividad. Antes, en esta materia había menos abogados y todo resulta bastante más complicado”. “El soporte de mi experiencia le puede dar seguridad”, apunta la madre y lo confirma su hija, que eligió el Derecho por vocación “y porque era lo que veía en casa”.

Ainara Goicoechea y su madre, Mª Carmen Arbizu.

Ainara Goicoechea y su madre, Mª Carmen Arbizu.

A sus 38 años, Ainara Goicoechea ya ha dado el paso y junto a su pareja, Joseba, dirige la empresa familiar que fundaran sus abuelos, Embutidos Arbizu, tras la jubilación de sus padres, Mari Carmen Arbizu y Patxi. “Cuando terminó Ingeniería Química en la universidad, nuestra idea era que volase un poco por ahí. Pero ella quiso quedarse con el negocio de casa”, explica Mari Carmen Arbizu. “Entonces decidimos hacer una fábrica nueva que diseñó Ainara. Es muy valiente porque tiene dos hijos y puede con todo. Hemos dejado la empresa en buenas manos, en buenísimas”, agrega orgullosa.

En 2005, Ainara entró en la empresa, situada en la localidad de la Sakana, y aprendió a gestionarla de sus padres. “No hay universidad que te enseñe como lo hicieron ellos”. Trabajar a su lado no fue difícil. Y además, “tenía la suerte de que podía discutir con los jefes”, bromea.

Ya bajo su dirección, Embutidos Arbizu ha experimentado importantes cambios. “El mercado no es el mismo y la demanda de los clientes tampoco, tienes que adaptarte. Seguimos con nuestra chistorra, pero hemos sacado nuevos productos, productos elaborados en diferentes formatos… Y en la fábrica, aunque sigue siendo un proceso tradicional y muy manual, se han automatizado algunas líneas”. La marcha de la empresa es positiva y Ainara ya diseña una segunda ampliación de la nave.

Luisa Nava y María Alonso, en el Nuevo Casino.

Hace casi cuatro décadas, María Alonso abrió la boutique de moda femenina que lleva su nombre y que, con el tiempo, ha llegado a ser una de las más exclusivas de Pamplona. Y eso que los inicios no fueron sencillos. “Nos costó entrar, pero hemos sido luchadoras y lo hemos conseguido. Estamos encantadas, trabajamos y viajamos mucho. Mañana nos vamos a París y no hemos ido a Italia porque nos daba miedo…  Ahora, mi hija Luisa lleva la misma trayectoria”.

Luisa Nava tiene 34 años y estudió Humanidades porque le apasiona el arte, pero finalmente eligió otro camino. “Como desde pequeña tenía todo el día presente en casa el mundo de la moda, o acabas odiándolo o termina por gustarte, como ocurrió en mi caso”. Al terminar en la universidad, hace diez años, empezó a trabajar en la tienda. “Y ahora, la moda le gusta tanto o más que a mí”, asegura su madre.

Luisa reconoce que ha tenido “una maestra maravillosa, que lleva toda la vida en esto y, además, le encanta” su trabajo. “Y dice eso a pesar de que soy potente (como jefa)”, bromea María. Su ilusión es mantener la vitalidad de la boutique cuando se produzca el relevo, pero su presencia en la tienda ya se deja notar. Por ejemplo, con la incorporación de ropa “más de calle y de todos los precios”, destinada a un público más joven.

A la hora de trabajar, las cinco madres sostienen que prevalece el criterio profesional sobre el familiar.

La asesoría empresarial y fiscal que fundó Lourdes Goicoechea en 1994 pasará en su debido momento a manos de su hija Eloísa Arellano. Trabajan juntas desde hace casi dos años, cuando Eloísa terminó sus estudios de ADE y un máster de Fiscalidad. Ahora está estudiando Derecho, con lo que contará con una formación que se ajusta perfectamente a los servicios que ofrece la asesoría. “Nunca lo había visto así, pero no sabía muy bien qué hacer y elegí ADE porque te ofrece muchas posibilidades”. Pasó por la empresa de su tío, y Lourdes le propuso que probara en su despacho. “La verdad es que ha encajado muy bien”, asiente su madre.

Eloísa Arellano ya trabaja en el despacho de su madre, Lourdes Goicoechea.

Como en los demás casos, Eloísa sostiene que contar con su madre facilita mucho el aprendizaje de la profesión. Y las dos coinciden en que el trato profesional entre ambas es igual al que tiene Lourdes con las otras dos empleadas de la asesoría, “que ya llevan mucho tiempo conmigo”.

“Me gustaría seguir con el despacho cuando lo deje mi madre”, anuncia Eloísa, a quien no le asusta esa perspectiva: “Soy un poco atrevida”. Su madre lo confirma. “No le da miedo, y se le ve que tiene madera para llevar esto, aunque en principio no tenía esa idea. Bueno, y algo tendrá que ver que me han visto siempre en esto. Me llevaba a mis hijos a todas partes en el coche, los pobres oían siempre lo mismo, se me caía el teléfono a la sopa y a la bañera… ”, concluye entre risas.

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