jueves, 27 enero 2022

Teresa Etxarri ‘conduce’ la primera clínica veterinaria sobre ruedas de Navarra

Mientras otros niños pasaban su tiempo libre entre juguetes, ella prefería cuidar al ganado de su abuelo. De esa vocación heredada construyó un futuro profesional y, tras licenciarse en Zaragoza, hacer prácticas en distintos centros y viajar a Mozambique, logró un empleo en el Hospital Veterinario de Pamplona, donde trabaja actualmente. A sus 27 años, esta vecina de Mezkiritz ha dado un paso más y ha puesto en marcha su propio proyecto: GureVet. Tal y como explica a Navarra Capital, ha comenzado a ofrecer sus servicios en el Pirineo, aunque le gustaría cubrir toda la Comunidad foral en el futuro.

Cristina Mogna
Pamplona - 13 enero, 2022

Tras poner en marcha GureVet, Etxarri quiere cursar un postgrado de endoscopias y cirugías mínimamente invasivas. (Fotos: cedidas)

Como miles de personas que se encuentran a la espera del resultado de una PCR, Teresa Etxarri está confinada en su hogar mientras atiende a Navarra Capital. Pero no pierde el ánimo en ningún momento de la conversación. Su buen humor quizá se deba a que, al margen de las alarmas que genera todos los días la variante ómicron, se encuentra rodeada de sus “bichos” y en un sitio que le encanta. Reside en Mezkiritz, una localidad de menos de 80 habitantes perteneciente al valle de Erro. En realidad, es el pueblo de sus abuelos maternos, aunque ella lo ha hecho suyo por decisión propia. “Estudié en Pamplona, pero en cuanto pude me vine”, asegura.

Allí fue donde vivió los mejores momentos de su infancia, a finales de los años noventa. Mientras otros niños y niñas se divertían con un Tamagotchi, un Furby o las muñecas Barbie, ella disfrutaba cuidando del ganado de su abuelo: “Cuando se jubiló, puso yeguas y ovejas. Era algo que le venía de vocación y a mí me encantaba estar con él. De ahí me viene”. Una afición que compartía también con su padre, que empezó a comprar algunos animales. “Mi madre no quería, pero yo disfrutaba con eso más que con cualquier otro juguete”, evoca.

Etxarri heredó la vocación por los animales de su abuelo y su padre.

La joven Teresa Etxarri heredó la vocación por los animales de su abuelo y su padre.

Fue así como Etxarri dibujó su plan de vida. A la vez que estudiaba Bachiller, hizo un curso de adiestramiento canino en una fundación sin ánimo de lucro, dedicada a entrenar labradores que luego participan en terapias asistidas con ancianos y niños con discapacidad motora, trastornos de la conducta, dificultades de aprendizaje y otro tipo de necesidades emocionales.

VIAJE A MOZAMBIQUE

Para entonces ya sabía que quería ser veterinaria. “Eché la solicitud para estudiar en varios sitios. Lo tenía claro y me daba igual dónde hacerlo”, relata. Por suerte, obtuvo una plaza en el destino más cercano a su tierra: Zaragoza. Pero su verdadera aventura llegaría unos años después. Tras graduarse y una breve incursión profesional en la Clínica Veterinaria del Sadar, viajó a Mozambique para hacer unas prácticas de cooperación internacional con la idea de descubrir al mismo tiempo la fauna del país africano.

“En Mozambique me tocó atender a muchos niños que habían contraído la rabia”.

Pero las necesidades de la población en materia de salud eran ingentes. De modo que le tocó centrarse en lo “realmente importante”.

“Me tocó hacer campañas de vacunación y atender a muchos niños que habían contraído la rabia. En esos momentos te das cuenta de lo bien que estamos aquí y de las carencias que existen en otros sitios”, resalta. Cuatro meses más tarde, con la cabeza “bastante cambiada”, regresó a la Comunidad foral y enseguida empezó a trabajar en la localidad de Huarte.

Menos de un año después recibió una oportunidad de la mano del Hospital Veterinario de Pamplona, donde había hecho prácticas durante su época de estudiante y donde quería trabajar porque “tiene más medios y le llegan más casos”.

Desde entonces atiende allí a todo tipo de animales, aunque sus pacientes más frecuentes son las mascotas. Precisamente, este sector ha visto acelerado el crecimiento que llevaba experimentando desde hace décadas en España, registrando un aumento de actividad tanto en guarderías como en tiendas especializadas. También en el área de veterinaria, según apunta Etxarri. “Al principio, cuando estalló el Covid-19, fue un poco en picado, aunque después empezó a crecer bastante. La verdad es que en el hospital hay muchísimo trabajo y la situación es la misma en las clínicas, tal como me comentan algunos compañeros”, expone.

EMPRENDIMIENTO RURAL

El trabajo de sus sueños en un área pujante y una vivienda propia en el pueblo al que siempre quiso regresar de niña. La vida le sonreía, pero Etxarri no conseguía escapar -o al menos no del todo- de los males que aquejan a su generación. Y, como a muchos veinteañeros, le costaba llegar a fin de mes.

El año pasado, Etxarri compró una ambulancia que luego pintó, rotuló y acondicionó ella misma.

El año pasado, Etxarri compró una ambulancia que luego pintó, rotuló y acondicionó ella misma.

Sin renunciar a su empleo principal, optó por expandirse. Y lo hizo detectando una necesidad dentro del propio Pirineo navarro. “A la zona solo venían veterinarios de ganados y el servicio que prestan es muy diferente a lo que las personas demandan hoy en día para sus animales de compañía. Mi idea es que todos los pacientes que no puedan desplazarse a Pamplona no se queden sin servicio y puedan ser atendidos in situ en la medida de lo posible”, atestigua. Es más, de cara al futuro le gustaría cubrir toda la Comunidad foral.

En junio de 2021, Etxarri se dio de alta como autónoma e hizo su primera gran compra: una ambulancia que luego pintó, rotuló y acondicionó.

Esta carencia, unida a su deseo de “trabajar en la zona y dar algo de vida al pueblo”, le llevaron a plantearse la posibilidad de ofrecer atención veterinaria a domicilio. El salto definitivo lo dio cuando supo que podía optar a unas ayudas puestas en marcha por el Gobierno foral y destinadas a emprendimientos encabezados por jóvenes del mundo rural. En junio de 2021 se dio de alta como autónoma e hizo su primera gran compra: una ambulancia que luego pintó, rotuló y acondicionó ella misma: “Ahora estoy instalando las máquinas de anestesia, un microscopio y un monitor para hacer cirugías de urgencia y así poder dar un servicio más completo”.

Tras una importante inversión económica -la maquinaria y los medicamentos utilizados en veterinaria son “carísimos“- GureVet ha comenzado a correr sus primeros kilómetros. Con 27 años cumplidos y su nuevo proyecto en marcha, el reto más inmediato de Etxarri es acostumbrarse a cobrar por sus servicios en un entorno donde todo el mundo se saluda por el nombre. “Es lo que peor llevo cuando se trata de gente a la que conozco. Tengo que valorar más mis conocimientos”, confiesa. ¿Otro desafío? Cursar un postgrado para poder hacer endoscopias y cirugías mínimamente invasivas a los animales de la Navarra rural más afectada por la despoblación.

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