martes, 16 agosto 2022

“Algunas ganaderías han aprovechado la endeblez de otras en la pandemia para comprar”

El regocijo de los Sanfermines supone una inyección de energía para los criadores de toros de lidia, a quienes la irrupción del Covid-19 y la consecuente suspensión de corridas golpeó con gran dureza. La vuelta a la normalidad, además, les ha traído nuevas dificultades debido al incremento desorbitado de los precios de cereales como el maíz, básicos para elaborar el pienso de los animales. "Antes, un tráiler de maíz de 25.000 kilos valía 6.000 euros, pero hoy cuesta 9.000", explica a este medio Juan Lebrón, mayoral de la ganadería Núñez del Cuvillo, la primera en participar en los encierros de este año.

Cristina Mogna
Pamplona - 7 julio, 2022

Los toros de Núñez del Cuvillo protagonizaron el primer encierro de estos Sanfermines. (Foto: Eduardo Sanz)

‘Currito’ (500 kilos), ‘Rescoldito’ (510 kilos), ‘Serpentín’ (515 kilos), ‘Tabacalero’ (585 kilos), ‘Jarandero’ (605 kilos), ‘Juguetón’ (590 kilos), ‘Aguaclara’ (505 kilos) y ‘Turulata’ (490 kilos). Nacidos entre octubre de 2016 y febrero de 2017, los toros de Núñez del Cuvillo (Conil de la Frontera, Cádiz) protagonizaron el primer encierro de San Fermín este 7 de julio. Pero hasta el momento de la carrera, aguardaban en los Corralillos del Gas custodiados por Juan Lebrón, mayoral de la ganadería, que atendió a Navarra Capital en las horas previas al esperado acontecimiento.

El gaditano acudía por segunda vez a las fiestas de la capital navarra. En esta ocasión, eso sí, notó más presión en el ambiente que percibida en su debut: “Después de estos años sin celebrar debido a la pandemia, siento que hay más nervios. La gente tiene mucho interés por los toros y las corridas”.

“Las ganaderías bien montadas y con fondos pudieron salir adelante en la pandemia, pero las chicas lo notaron más y perdieron mucho”.

Lo aseguraba a escasos metros de una multitud ansiosa por acercarse a los bovinos de Núñez del Cuvillo, Escolar, Fuente Ymbro, La Palmosilla y Cebada Gago, Jandilla Victoriano del Río. Decenas de personas se congregaban a lo largo de una fila que se extendía hasta el ascensor de Descalzos.

El regocijo que acompaña a la celebración de las fiestas de San Fermín supone un plus de energía para el sector, duramente golpeado por la irrupción del Covid-19 y la consecuente suspensión de todas las corridas que se promovían a lo largo de la geografía nacional. “Durante mucho tiempo no se lidió, pero los toros tenían que seguir comiendo”, apuntó Lebrón, quien dio sus primeros pasos en este oficio cuando apenas contaba nueve años. En este contexto, “las ganaderías bien montadas y con fondos pudieron salir adelante, pero las chicas lo notaron más porque perdieron mucho” y “algunas aprovecharon la endeblez de otras para comprar”.

La lógica reducción en la demanda de toros de lidia, por otra parte, llevó a las explotaciones a “ir reduciendo el ganado” para hacer frente a la coyuntura económica. En los primeros quince meses de la pandemia, según alertó a mediados del año pasado la Unión de Criadores de Toros de Lidia (UCTL), el sector perdió “unos 150 millones de euros” al tener en los festejos taurinos su principal fuente de ingresos.

CRISIS DE MATERIAS PRIMAS

El escenario de vuelta a la normalidad, en todo caso, tampoco se presenta exento de dificultades para quienes se dedican a esta actividad. Sumado al trabajo “de lunes a lunes” y al elevado coste que supone criar un toro de lidia (estos solo pueden participar en corridas mientras tengan “entre cuatro y seis años”), los ganaderos deben enfrentarse ahora a un incremento generalizado en el precio de las materias primas, exacerbado por la crisis del transporte y la logística y la guerra en Ucrania, conocida como “el granero” de Europa.

“El rabo de toro puede costar entre 20 y 30 euros en el supermercado, pero el precio que se paga a los ganaderos es mucho menor”.

En Núñez del Cuvillo, por ejemplo, elaboran el pienso con el que luego alimentan a los animales siguiendo una receta especial en la que se combinan cereales como el maíz, la cebada o el trigo. “Antes, un tráiler de maíz de 25.000 kilos valía 6.000 euros, pero hoy cuesta 9.000”, ilustraba el mayoral. Ese repunte desmedido del precio, además, convive con el hecho de que los toros bravos necesitan consumir una cantidad considerable de alimento a lo largo de su vida para mantener la figura deseada en el mundo de la tauromaquia. “A un toro normal lo testas, lo tienes cinco o seis meses comiendo pienso y luego lo puedes llevar al matadero. A estos hay que mantenerlos gordos más tiempo”, añadió.

Además, destinar la carne al consumo humano tampoco supone una solución demasiado rentable. “El rabo de toro puede costar entre 20 y 30 euros en el supermercado, pero el precio que se paga a los ganaderos es mucho menor y hay que tener en cuenta todo lo que anteriormente se ha gastado en pienso. Lo mismo sucede con los agricultores que cultivan naranjas, por ejemplo”, remató el mayoral.

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