sábado, 4 diciembre 2021

Auge, caída y reconversión de los locutorios

Con el 'boom' de la inmigración a principios de la década de 2000, la expansión de este tipo de negocios fue vertiginosa en Pamplona. Tanto es así que, en 2009, había 117, según datos de la Asociación Pro-Extranjeros en Navarra (Aproena) facilitados a este medio. Pero cinco años más tarde, ya solo seguían operativos unos cincuenta debido a la democratización de la tecnología. Por eso, los locales supervivientes han tenido que readaptar sus modelos de negocio hacia la venta de comestibles, envíos de remesas, asesoría a personas migrantes...

Cristina Mogna
Pamplona - 12 noviembre, 2020

Los locutorios han tenido que reinventarse, de modo que muchos ahora gestionan el envío de remesas de dinero. (Foto: Víctor Ruiz)

Ocho años después de su apertura, el Locutorio Mi País de Barañáin ya no alberga en su interior las “casi diez” cabinas telefónicas y los ocho ordenadores que el dueño del local, Juan Carlos Cardona, tenía en sus inicios. En su lugar solo quedan dos teléfonos inalámbricos, un ordenador y una impresora. Como el de Cardona, natural de Colombia, fueron muchos los negocios de este tipo que se vieron obligados a reinventarse y ampliar sus servicios para sobrevivir.

Antes de que irrumpieran el WhatsApp y se democratizara el uso de internet en el móvil, los locutorios eran la forma más económica y común de llamar al extranjero. Con el boom de la inmigración a principios de la década de 2000, estos espacios se expandieron a gran velocidad en España. Y Navarra no fue una excepción.

Con el boom de la inmigración a principios de la década de 2000, estos negocios se expandieron a gran velocidad.

En 2009, cuando apenas había estallado la crisis económica, Pamplona tenía 117 locutorios. Esa es la cifra que la Asociación Pro-Extranjeros en Navarra (Aproena) recogió en un estudio realizado entonces. Y fue precisamente en ese año cuando la llegada de personas migrantes a la Comunidad foral comenzó a decaer. Concretamente, el Instituto Nacional de Estadística (INE) confirmó que 4.667 extranjeros se afincaron en Navarra, un 46,67 % menos que en el ejercicio anterior (7.711). La suma más baja, sin embargo, se registró en 2013 (2.855).

Wiston Erazo, coordinador de Aproena, no tiene cifras actualizadas, pero recuerda que la asociación realizó un seguimiento al estudio y, en 2014, su colectivo confirmó que solo “unos 50” locutorios habían sobrevivido. Curiosamente, a partir de ese año el número migrantes recién llegados volvió a aumentar progresivamente, aunque en niveles inferiores a los de antes de la crisis. Por ejemplo, en 2019 8.662 nuevas personas de nacionalidad extranjera se afincaron en territorio foral. Y, con datos provisionales a 1 enero de 2020, 70.467 migrantes residían en Navarra (el 10,7 % de la población total empadronada en la Comunidad foral).

El ritmo de aperturas de estos locales, según datos del Ayuntamiento de Pamplona, ha caído en picado desde 2014 y ahora es el más bajo de los últimos veinte años.

Pero ese incremento de extranjeros producido en los últimos años no se ha traducido en un nuevo aumento del número de locutorios. Por ahora no existen censos oficiales al respecto ni tampoco conteos elaborados recientemente por las asociaciones de inmigrantes. No obstante, Erazo estima que la cantidad no ha variado de manera significativa en los últimos seis años.

Su percepción, en todo caso, concuerda con los datos facilitados por el concejal de Urbanismo, Vivienda y Sanidad del Ayuntamiento de Pamplona, Juan José Echeverría, a NavarraCapital.es. Desde 2014, el ritmo de aperturas ha caído en picado y los índices actuales son ya los más bajos de los últimos veinte años. Si en 2011 el Consistorio registró quince licencias de apertura de este tipo de empresas, la cifra en 2019 bajó a tres.

En 2014, uno de los pocos establecimientos que abrió en Pamplona fue el Locutorio Gabriela 1, regentado por la ecuatoriana Gabriela Abad. Poco después de su apertura, le tocó diversificar su actividad: “Antes se iba a un locutorio para llamar por teléfono, enviar dinero y poco más. Ahora mismo, el servicio de llamadas telefónicas es escaso o nulo”.

Juan Carlos Cardona: “La gente piensa que se va a hacer rica de la noche a la mañana y eso no es así. La mayoría se desespera”.

Junto a la obsolescencia tecnológica, Erazo también señala otra posible causa de este desplome: “la falta de empuje, preparación y realismo” a la hora de emprender. “Conozco a unas cinco personas de Ecuador que llevan más de diez años con un negocio. No hay muchos que duren más de eso”, agrega.

Es una percepción que también comparten los dos responsables de locutorios en Pamplona entrevistados por este medio. Para Cardona, un requisito a priori para abrir un locutorio es la paciencia: “La gente cree que puede abrir y empezar a obtener beneficios a los dos meses, que se va a hacer rica de la noche a la mañana y eso no es así. La mayoría se desespera”.

Abad, por su parte, destaca la importancia de estar “psicológicamente preparado” para tener un local de este tipo. “Mi pareja y yo estábamos sin trabajar y decidimos arriesgarnos. Como todo negocio, es una apuesta. Muchas veces abres todo el día y no entran más de dos clientes. Es cuestión de no rendirse”, recalca. No obstante, sí se muestra comprensiva con quienes cierran sus establecimientos porque “prefieren conseguir un trabajo en el que tengan un sueldo y una estabilidad”.

LOCUTORIOS RECONVERTIDOS

A pesar de todo, el coordinador de Aproena sí observa un aspecto positivo dentro del cambio constante, y muchas veces improvisado, en un campo en el que “de cada diez latinos, seis o siete son autónomos”. A su juicio, los migrantes latinoamericanos “tienen mucha capacidad de reinvención cuando ven que no hay ganancias o crecimiento”.

Wiston Erazo (Aproena): “Hay locutorios en San Jorge y en la Rochapea que hacen el trabajo de un gestor”. 

Esa cualidad ayudó a que este tipo de comercios no desapareciera por completo. Porque los locutorios de hoy en día “ya no son locutorios como tal”. Su naturaleza telefónica ha pasado a un segundo plano -muchas veces casi inexistente- y han diversificado su actividad. “Hay algunos en San Jorge y en la Rochapea que hacen el trabajo de un gestor. Consiguen citas en Extranjería, rellenan formularios… Por eso te pueden cobrar de cinco a cincuenta euros”, apunta Erazo.

El Locutorio Gabriela 1, por ejemplo, se ha transformado en un “punto de encuentro” entre las oficinas gubernamentales y las personas migrantes: “Ahora nos toca atender otras necesidades de los clientes, como coger una cita o presentar un papel por internet”. La digitalización, concebida como una herramienta para acelerar estos procesos, se convierte paradójicamente en un obstáculo: “Mucha gente no está actualizada. Hay cosas que se pueden hacer desde el móvil, pero no saben hacerlas”. A esto se le suma el idioma, “que es una barrera para muchos de los clientes” que lidian con trámites burocráticos. Como otros pequeños comerciantes, Abad resalta el vínculo que ha forjado con su clientela habitual. “Eso es algo que no sucede en las grandes superficies, por lo que tenemos que usarlo a nuestro favor”, remata.

Gabriela Abad: “Ahora nos toca atender otras necesidades de los clientes, como coger una cita o presentar un papel por internet”.

Cardona, por su parte, concreta que uno de los servicios principales que ofrece el Locutorio Mi País es el envío de remesas al extranjero, porque “por muy mal que esté la situación, el latino siempre quiere ayudar a su familia”.

La otra vía principal de ingresos reside en la venta de productos alimentarios. Mientras que para el envío de dinero sí suelen acudir personas de origen africano o de Europa del Este, Cardona puntualiza que son los migrantes latinoamericanos los que van a su tienda para adquirir “productos de su tierra”.

La venta de productos latinos se erigió como una fórmula para salvar muchas de estas microempresas, que se han convertido en una especie de minitiendas. No obstante, los locutorios están perdiendo el monopolio de estos productos ante las grandes cadenas de supermercados. “Antes conseguías un kilo de verde (plátano macho) entre tres y cinco euros. Ahora es más asequible. Hasta en Eroski, Carrefour o el Makro puedes conseguir productos de allá”, constata Erazo. Por eso, no se muestra demasiado optimista sobre el presente y el futuro de estos comercios: “Algo de negocio tienen, pero ya no es como antes”.

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