jueves, 13 mayo 2021

Carlos Ocaña (Funcas): “La recuperación se está retrasando”

En un webinar organizado por Institución Futuro, que contó con la colaboración de NavarraCapital.es, el director general de Funcas barajó una previsión de crecimiento para España del 5,7 % este año, casi un punto por debajo del 6,5 % anunciado por el Gobierno central. Además, añadió que "no parece una buena idea subir impuestos", en referencia al anuncio de reforma fiscal realizado por el Ejecutivo. "No creo que sea el momento de reducir partidas de gasto ni realizar ajustes", remarcó.

Jesús Jiménez
Pamplona - 13 abril, 2021

Carlos Ocaña participó este martes en un webinar de Institución Futuro, donde analizó posibles escenarios económicos de futuro.

El director general del centro de análisis Funcas, Carlos Ocaña, aseguró este martes que “la recuperación se está retrasando”. En ese sentido, recordó que la previsión de crecimiento de su entidad para este año es del 5,7 %. Esto supone casi un punto por debajo del 6,5 % anunciado recientemente por el Gobierno de España y que supuso, a su vez, una rectificación con respecto al 9,8 % contemplado en un primer momento.

“Aunque hablamos de previsiones distintas, están muy cerca y eso confirma que el escenario de vuelta a la normalidad que se esperaba para el tercer trimestre de este año se atrasa”. Una noticia que, según Ocaña, “afectará especialmente a una deuda pública que ya está en unos niveles muy elevados”.

Ocaña realizó estas manifestaciones durante su intervención en el webinar ‘El impacto económico de la pandemia y la estrategia de salida de la crisis’. Un encuentro organizado por Institución Futuro y que contó con la colaboración de NavarraCapital.es. Fue en este escenario donde, ante el anuncio de una posible revisión de la fiscalidad anunciada por el Gobierno de España, subrayó que en la situación actual no parece “una buena idea” subir impuestos.

Carlos Ocaña: “La reforma de las pensiones es un tema acuciante, que exige una combinación inteligente de medidas”.

Así mismo, al ser preguntado por la falta de correspondencia entre los presupuestos aprobados en su momento y la realidad que atraviesa el país, se mostró partidario de “no reducir partidas de gasto ni realizar ajustes”.

También se pidió su opinión sobre otros temas de interés y actualidad. Por ejemplo, en la cuestión de las pensiones recordó que “las opciones para reequilibrar el sistema ya están sobre la mesa” y que algunas (como el retraso de la edad de jubilación) “ya se ensayaron con la reforma de 2011 y otras posteriores”. Por eso, dijo ver más factible y más aceptable para la sociedad “una combinación inteligente de medidas, como desincentivar las prejubilaciones o alargar la vida laboral, que concite más apoyo que apostar por una sola en concreto”. No obstante, reconoció que es un tema “acuciante”. Y, en cuanto a la gestión que ha realizado España de los 11.000 millones de ayudas directas destinadas a empresas, lamentó que “no haya sido más ágil”.

ANÁLISIS DEL PASADO

Previamente, Ocaña realizó un análisis de la situación económica provocada por la pandemia, así como de las políticas aplicadas hasta el momento. De la primera, recordó la fuerte paralización de la actividad que trajo consigo el confinamiento y cómo esto provocó más paro y deuda. Eso, unido al retraso en la reactivación ya mencionado anteriormente, “está teniendo un coste en producción, empresas y empleo que nos costará recuperar”.

En cuanto a las políticas aplicadas, estimó que retirar la inyección de liquidez promovida por los principales bancos centrales “sería tan complicado y problemático como mantenerlas de forma indefinida”. Por eso, propuso que se debata en torno a una posible estrategia de salida “que no sea ni demasiado rápida, lo que podría hacer descarrilar la deuda de los Estados y la rentabilidad del sistema financiero, ni tan lenta que dispare la inflación”.

“Una empresa que lleva parada mucho tiempo es difícil que recupere su actividad previa. Los ERTE dejan de ser efectivos si duran más de un año”.

Siguiendo con este mismo tema, señaló que las ayudas anticíclicas aprobadas el pasado marzo (en forma de avales y préstamos a empresas) fueron “convenientes” y “sensatas”, pese a que también representaban más deuda y generación de empresas zombies. “Si lleva parada mucho tiempo, es muy difícil que recupere su actividad previa”. Y citó el caso de los ERTE, “que dejan de ser efectivos si duran más de un año”.

La realidad, sin embargo, es que la crisis se ha ido alargando en el tiempo. “Se ha extendido la idea de que estamos afrontando un cambio de época”. Ante esta tesitura, Ocaña saludó la próxima llegada de los fondos europeos. Bajo su punto de vista, “pueden ser un paso muy importante para la integración”. También para impulsar las reformas “porque, aunque nadie lo diga, más de la mitad de los 140.000 millones de euros prometidos están condicionadas a la modernización de la economía”. En todo caso, frente a ese largo plazo, el ex secretario de Estado de Hacienda y Presupuestos apuntó a la vacunación como la clave fundamental en la mejora de la economía. “Ahí nos jugamos el futuro más inmediato”.

INCERTIDUMBRE ANTE EL FUTURO

Hablando de los posibles escenarios que pueden surgir una vez superada la pandemia, Ocaña mencionó tres posibilidades. Una sería la continuista, caracterizada por un exceso de liquidez en el mercado, tipos de interés bajos o en negativo y niveles elevados de deuda a cambio de asegurar un cierto nivel de crecimiento: “Aunque esto nos conduciría a una cierta japonización de la economía europea, es el escenario que tienen en la cabeza los actuales responsables de la política monetaria”.

“La clave es la vacunación. Ahí nos jugamos el futuro a corto plazo”.

Como contraposición a la anterior, la segunda alternativa estaría marcada por el ajuste. Es decir, tipos de interés normalizados de forma gradual y los países más endeudados (España e Italia) obligados a hacer un sobre esfuerzo para reducir sus déficits. Y como tercera opción estaría el ‘default’ o ‘quiebra’ y posterior rescate, que ya vivieron en primera persona hace unos años griegos, portugueses o irlandeses.

Para Ocaña, “la realidad será una combinación de los dos primeros”. En concreto, estimó que la opción continuista “es más factible siempre y cuando la inflación se mantenga baja”. Por el contrario, una subida de los precios haría inevitable la aplicación de medidas de ajuste. De ahí que planteara, como salida más factible, “una consolidación fiscal relativamente lenta dentro de una Europa acomodaticia, que podría optar por mantener su política expansiva durante dos o tres años para favorecer la incorporación de los países más endeudados”. No obstante, finalizó este apartado con un aviso a navegantes: “Si algo caracteriza el entorno actual es la variabilidad. Estamos en una situación muy incierta y cambiante y cualquier previsión está sujeta a esa incertidumbre”.

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