Es el navarro más ranchero de todos los tiempos. A los siete años sus padres le regalaron un traje de charro, cantó ‘No Volveré’ en las fiestas patronales de su Miranda de Arga natal y desde entonces recorrió Navarra, España y el extranjero ataviado con esta indumentaria tan característica de México: cinco mil conciertos, veinticinco discos sembrados en las plazas de infinidad de pueblos y más de tres décadas honrando a las rancheras desde lo alto de los escenarios. «Es un sentimiento que no se puede expresar con palabras. Cuando se te escapa una lágrima cantando, es porque lo sientes y lo vives. He disfrutado un bolo desde que me levantaba a primera hora de la mañana, el viaje en camioneta con los compañeros, ponerse el traje, decidir qué temas se van a cantar, el montaje e incluso las pruebas de sonido», reconoce Chuchín Ibáñez con unas palabras que suenan claramente a despedida.
Así es. A pesar de que continúa siendo un referente de este género musical en la Comunidad foral y que celebra alrededor de un centenar de conciertos al año, el charro navarro ha decidido bajarse para siempre de los escenarios. «Siempre he ido a contracorriente. Decidí dejar el fútbol de un día para otro, tiré las botas a un contenedor de basura y no he jugado más. Había un disco bar en mi pueblo, Disco Bar Angelito, donde pinchaba música en la cabina de un Pegaso. Un día salí del mostrador y no he vuelto a pisar ese bar en mi vida. Y, con la música, sucede lo mismo. Le he dado tanto, me he esforzado tanto y me he vaciado tanto que siento que ha llegado el momento de parar. La cabeza y el cuerpo me lo han pedido y hay que hacerles caso. Me voy por todo lo alto poniendo las bases de la despedida como yo quiero. Una retirada a tiempo es una victoria. Es fundamental que no te jubile la gente, sino que te jubiles tú», reflexiona Chuchín.
El charro navarro se despide de los escenarios con la edición de un álbum recopilatorio titulado ‘Despedida y cierre’. Este «producto de coleccionismo», que recorre su dilatada carrera musical, está compuesto por tres CD y 81 temas. «Es un álbum que me apetecía hacer, en la línea de Andrés Calamaro o El Drogas, de muchísimas canciones», reconoce.
El primer CD recoge una selección de canciones que repasan la carrera de Chuchín Ibáñez desde la época de Dúo Gala Junior allá por los finales de los 70 y principios de los 80, las diferentes bandas de acompañamiento desde su segunda etapa a partir de 1999 (Chuchín Ibáñez y sus mariachis, Los Chihuahua, Jalisco Band, Chuchín Ibáñez y Mariachi Ciudad de México, Chuchín Ibáñez y su mariachi ) y sus últimos años como Chuchín Ibáñez y Los Charros.
La segunda parte está compuesta por duetos con los cantantes de Dúo Gala, otros artistas y compañeros rancheros y bloque de canciones propias. Por último, la tercera parte se destina a duetos y colaboraciones con artistas pop, rock y follk como Fito, Kutxi Romero, Aurora Beltrán, La Mala Pékora o La Fuga. «Como he sido un culo inquieto, he realizado muchos bolos con artistas de géneros muy variados», indica.
Además, este último álbum recoge una canción inédita, titulada ‘El niño del Mariachi’, en la que Jaime Gómez recuerda las «andanzas» de Chuchín Ibáñez en Dúo Gala Junior y un libreto de una docena de páginas a color en las que se homenajea a las personas que de una manera u otra han formado parte de la carrera del charro navarro. «Todo el mundo sale mencionado. También hay fotografías de las diferentes bandas y las portadas de los veinticinco discos. Es un regalo de coleccionismo a la legión de chuchineros», destaca.
El álbum, por «cabezonería» de Chuchín, solo se puede comprar en los conciertos que el músico navarro celebre a lo largo de este año. «Lo vendo solamente en los conciertos, donde procuro sacarme una fotografía con cada persona y dedicárselo de puño y letra. Así es mucho más cercano. Y solo está disponible en CD, nada de pendrives ni otros formatos digitales. Musicalmente me quiero morir igual que he nacido», resalta.
200 CONCIERTOS EN 2026
Los chuchineros pueden estar tranquilos porque, en 2026, el músico navarro dará alrededor de 200 conciertos por toda la geografía foral. «Está siendo un año cañero. Además, sorprendentemente, en la gira de despedida están apareciendo en el estómago los nervios que tenía en los inicios. Da igual que lleves décadas en el escenario, cada día debes pasar la ITV, cumplir con el expediente y con lo que la gente espera de ti», reflexiona. Durante estos primeros cuatro meses, Chuchín ya ha tocado en numerosos pueblos (Olite, Mendavia, Legarda, Ochagavía, Zugarramurdi, Tudela, Berbinzana, Villatuerta…) y sus fans le están homenajeando de manera «inesperada» con placas, pañuelos bordados, una talla de piedra con su imagen, cenas post concierto, cajas de pastas… «Soy socio de la Peña Vianesa-Mendaviesa. Me llamaron para entregar un premio a Ante Budimir y me engañaron porque fue él quien me dio el obsequio», relata.
Los reconocimientos han traspasado las fronteras navarras y, por ejemplo, a finales de marzo, el Club Deportivo Numancia le invitó a presenciar un partido de fútbol en el palco de Los Pajaritos, el ex jugador Javier Del Pino le enseñó el museo y el presidente le entregó una insignia del club soriano mientras el público coreaba su nombre. «Soria ha sido uno de los lugares donde mejor me han tratado. No me esperaba tantas muestras de cariño, sobre todo porque están surgiendo de manera espontánea», reconoce Chuchín, que está guardando estos regalos, junto con los premios recibidos, en el txoko de su casa en Miranda de Arga. «Lo voy a transformar en un museo para recordar mi carrera», adelanta.
De los dos centenares de conciertos, Chuchín tiene dos fechas marcadas en rojo en el calendario. La primera es el 26 de diciembre. Ese día, el Teatro Gayarre de Pamplona acogerá ‘Mi vida en un concierto’, un musical con «tintes teatralizados» en los que un actor y un presentador narrarán la vida del charro navarro. Además, Chuchín cantará en el escenario con compañeros, amigos, invitados y músicos con los que ha realizado trabajos comunes como colaboraciones. «No he buscado despedirme en un sitio con miles de personas, sino a un lugar carismático, emblemático y con aura. Soy consciente de que el aforo es limitado, pero es una recompensa a los más fieles», defiende. Y, como no podía ser otra manera, ‘the last dance’ será en marzo de 2027 en su Miranda de Arga natal, que le vio tocar por primera vez cuando solo tenía siete años. «En el pueblo siempre han contado conmigo. Es de bien nacidos ser agradecidos», recalca.
Eso sí, aunque Chuchín Ibáñez y Los Charros bajen el telón para siempre, el charro navarro seguirá cantando «hasta que me muera». En concreto, realizará pequeños bolos con Ayudar Cantando, ONG que recauda fondos a diversas causas sociales, para asociaciones o temas solidarios. De hecho, los conciertos altruistas y benéficos han sido unas de las enseñas de Chuchín, que a lo largo de su historia ha realizado decenas de recitales benéficos y colaborado con más de una cuarentena de entidades. «Me he involucrado porque me lo pedía el cuerpo. Siempre me he guiado por el lema ‘haz bien y no mires a quien’. Es muy satisfactorio ver la cara de felicidad del público, que te paren por la calle tiempo después para agradecerte el buen día que disfrutaron. Esas muestras de cariño no te las da el dinero», concluye.













