Hijo de padre chino y madre ecuatoriana, Daniel Chong descubrió su vocación mientras estudiaba en la Universidad de Buenos Aires, donde comenzó confeccionando bolsos casi por afición. Al llegar a España, encontró en Navarra el entorno perfecto para transformar aquella inquietud creativa en un proyecto empresarial. En el taller familiar de San Jorge, donde su madre trabajaba como costurera, empezó a diseñar y coser las primeras mochilas que más tarde se convertirían en el sello de identidad de la marca. «Todo salió de San Jorge. Allí fue donde le di forma al proyecto y donde empezó todo», explica Chong, de 41 años, a Vanity Capital.
Aquellos primeros diseños encontraron pronto su espacio en una pequeña tienda de la calle Lindachiquia de Pamplona. Sin embargo, el crecimiento del proyecto hizo que la ciudad comenzara a quedarse pequeña. Cada vez viajaba con más frecuencia a Madrid para comprar pieles, tejidos y otros materiales que no encontraba en la Comunidad foral: «Venía muchas veces a la capital a comprar materiales. Me iba al Rastro a buscar pieles, a Pontejos a por telas… Hasta que pensé: ¿por qué no me mudo aquí?».
Ese paso llegó en 2016. Se instaló en el barrio madrileño de Lavapiés con un pequeño taller donde seguía confeccionando personalmente cada mochila. Poco después se incorporó su madre para ayudarle en la producción. Con el aumento de los pedidos, aquella estructura familiar dejó de ser suficiente y comenzó la profesionalización de la empresa. Uno de los hitos fue encontrar un antiguo taller de calzado en Elche que atravesaba dificultades tras la deslocalización de buena parte de la industria. «Ellos tenían todas las máquinas y sabían el oficio tras años dedicados a la confección de calzado, pero no tenían trabajo. Yo necesitaba justo eso», señala.
Hoy gran parte de la producción sale de esas instalaciones alicantinas, mientras que otra parte continúa realizándose en Pamplona. Allí su hermana Sally dirige un taller con entre cuatro y seis operarias que confeccionan bolsos, mochilas y realizan procesos específicos de fabricación. El círculo se completa con Ubrique, donde se elaboran las piezas de piel: «Hay trabajos que empiezan en Navarra, se terminan en Alicante y luego pasan por Andalucía. Formamos un tejido increíble».
PRESENCIA EN EUROPA, ASIA Y AMÉRICA
El crecimiento fue llegando de forma gradual. Primero recorriendo personalmente tiendas multimarca del norte de España para ofrecer sus mochilas en depósito; después consolidando una red comercial que hoy supera los 300 puntos de venta entre España y mercados internacionales como Francia, Italia, Alemania, Reino Unido, Holanda, Japón, México o Chile, donde abrió mercado el pasado año.

Las mochilas se confeccionan entre talleres de Elche, Pamplona y Ubrique.
A esa expansión se suman seis tiendas propias: cinco en Madrid y una en Barcelona. La empresa emplea directamente a una veintena de personas y genera además trabajo estable en talleres especializados que trabajan prácticamente en exclusiva para la marca. Solo el taller de Elche cuenta con dieciséis trabajadores y el de Pamplona, con otras cinco.
A su vez, la firma factura actualmente alrededor de dos millones de euros anuales y prevé alcanzar los 2,5 millones, aunque Chong asegura que prefiere un crecimiento sostenido antes que una expansión acelerada: «Se puede morir de éxito. Nosotros queremos crecer a un ritmo que podamos controlar. Como hacemos nosotros mismos el diseño, la marca y toda la producción, sabemos perfectamente hasta dónde podemos llegar».
Ese crecimiento también ha supuesto un cambio personal. Si al principio todo giraba en torno al diseño, hoy buena parte de su tiempo está dedicado a gestionar una empresa. «Lo más difícil ha sido pasar de diseñador a empresario. Nadie te enseña a llevar una empresa, a gestionar impuestos, nóminas o procesos. Al final, tienes que rodearte de buenos profesionales y aprender sobre la marcha», sostiene.
En paralelo, la firma ha ampliado su universo creativo. Tras incorporarse a la Asociación de Creadores de Moda de España (ACME), Daniel Chong forma parte del calendario oficial de algunos desfiles de la capital. En las tres últimas temporadas, además de sus reconocidas mochilas, ha presentado colecciones textiles con la misma identidad visual basada en el color y las combinaciones geométricas: «Lo que más ilusión me hace es que alguien vea una mochila por la calle y diga: ‘Esa es de Dani’. Conseguir que la gente reconozca un diseño es muy difícil».
De cara al futuro, el diseñador descarta una expansión acelerada mediante nuevas tiendas físicas, por el elevado coste que supone mantenerlas, y apuesta por abrir nuevos mercados internacionales mediante ferias especializadas y el crecimiento de su red de distribuidores.
A pesar de que Madrid concentra hoy la actividad de la empresa, Navarra sigue ocupando un lugar especial tanto en el negocio como en el plano personal. De hecho, sus mochilas siguen a la venta en La Trastienda, la tienda de su amiga Natalia Núñez en Navarrería: «Navarra me encanta. Le guardo un cariño especial a Pamplona. A ver si este año puedo ir a Sanfermines; tengo muchas ganas de volver a ver a mis amigos».













