La pelota de cuero golpea con fuerza el frontis y vuelve disparada hacia la cancha. Apenas hay tiempo para pensar. Xabier Gorriz corre hacia atrás, se gira, mide el bote y remonta la pelota con la velocidad y la precisión que exige este deporte. Tiene 18 años y acaba de debutar como remontista profesional. El alsasuarra vivió durante cinco años de esta disciplina, siempre compaginado con su labor como electricista. Sin embargo, su etapa deportiva terminó de golpe. En un partido se rompió el ligamento cruzado, llegaron meses de baja y una realidad difícil de asumir.
Durante la siguiente década trabajó como electricista de mantenimiento industrial, pero pronto empezó a desarrollar otra inquietud. Siempre le había gustado dibujar, así que comenzó a tomárselo mucho más en serio. Acudía a clases, practicaba constantemente y poco a poco se introdujo en el mundo del tatuaje. El punto de inflexión llegó de nuevo a través de una lesión. Una baja médica prolongada le dejó tiempo suficiente para hacer dos cursos intensivos de tatuaje en apenas seis meses.
Empezó tatuando en casa y, casi sin buscarlo, llegaron los primeros clientes. Comenzó con amigos y conocidos; después, con admiradores de sus diseños. En poco tiempo acumuló listas de espera de entre veinte y treinta personas, por lo que entendió que aquello podía convertirse en un negocio: «Durante una temporada, trabajé en tareas de mantenimiento los fines de semana y en turnos de doce horas. Así, de lunes a viernes podía tatuar. Quien algo quiere algo le cuesta. Hay que ir a tope, apechugar y currárselo. Aquí no nos dan nada porque sí».
A los 30 años decidió dar el salto definitivo. Dejó un sueldo fijo y alquiló un local en Alsasua junto a una socia para abrir su estudio. Durante más de nueve años vivió exclusivamente del tatuaje profesional, especializado en realismo en blanco y negro. Ese período marcó profundamente su futuro, ya que el dominio del claroscuro, el contraste entre luces y sombras, la lectura de la piel o el control de las capas de pigmento son precisamente las herramientas que ahora aplica en la micropigmentación capilar. El cambio apareció casi por casualidad. En febrero de 2024, mientras tatuaba a un cliente, este le comentó que se había hecho la micropigmentación. Xabi no conocía apenas la técnica. Sacó una linterna, le miró la cabeza al detalle y se quedó sorprendido con el resultado.

Gorriz ha trabajado como remontista profesional, electricista, tatuador y micropigmentador capilar.
«Flipé. En dos o tres días ya estaba apuntado al curso y pidiendo cita para hacerme lo mismo. Y así empezó todo. Después de la formación cuesta un poco. Puse en redes que buscaba modelos gratis. Hice dos o tres. Alguno incluso me quiso pagar de lo contento que estaba. Y poco a poco se fue haciendo la rueda más grande hasta llegar a un volumen de una sesión por la mañana y otra por la tarde», sostiene Gorriz, de 40 años.
En pocos meses empezó a improvisar y a aportar un toque personal a la técnica que le habían enseñado. El método clásico se basa en la equidistancia: puntos colocados a distancias uniformes para simular folículos. Pero Xabi empezó a modificarlo. Su experiencia en el tatuaje hiperrealista le decía que la naturalidad no existe en patrones perfectos. Así nació su propio método, basado en irregularidad controlada, contraste y textura. Ese enfoque le ha convertido rápidamente en una figura reconocida dentro del sector. Lleva más de dos años dedicado plenamente a la micropigmentación capilar, ha trabajado unas 250 cabezas y mantiene una agenda cercana a las diez sesiones semanales. Además, muchos profesionales acuden a aprender su técnica en la sala de Orkoien que alquila para impartir formaciones: «Vienen tanto principiantes como especialistas con años de experiencia. Muchos provienen del tatuaje, aunque también llegan perfiles vinculados a la estética, la barbería o la peluquería».
RECONOCIMIENTOS
El crecimiento profesional se aceleró todavía más tras ganar en 2024 el campeonato New Generation, su primera competición dentro del sector. «Me presenté sin conocer prácticamente a nadie. Llevaba muy pocos meses y era muy novato, pero gané y me ayudó a ganar visibilidad», apunta. A partir de ese momento, comenzaron las invitaciones para participar en congresos y actuar como jurado en certámenes especializados. De hecho, ya ha competido a nivel internacional y recientemente realizó una demostración técnica en Ciudad de México.
Mientras tanto, el tatuaje ha ido quedando atrás. Algo que nunca imaginó que ocurriría: «Lo he tenido que dejar y me da mucha pena porque me encanta. Pero me llena tanto ver cómo alguien se mira al espejo, llora, me da un abrazo o las gracias… La micropigmentación tiene un componente muy sentimental. Hay clientes que han perdido el pelo por enfermedades, otros que conviven con complejos muy grandes. Me ha atrapado».

En 2024 se proclamó Campeón de España de Micropigmentadores en el certamen New Generation.
El procedimiento suele realizarse en tres sesiones de unas dos horas cada una, separadas por unos diez o quince días. La micropigmentación se trabaja en la primera capa de la piel, mucho más superficial que el tatuaje convencional, por lo que la recuperación es sencilla y el desgaste se produce de manera progresiva y natural con el paso de los años. En este sentido, el perfil más habitual de cliente es el de hombres con alopecia androgenética que buscan un efecto rapado realista. También trabaja densidad en personas con pérdida parcial de cabello o casos de injertos capilares que no han conseguido el resultado esperado. «Ahora incluso muchas clínicas de injerto están ofreciendo la micropigmentación como complemento», añade.
Actualmente, Xabi prepara el siguiente gran salto y ya trabaja en la apertura de un segundo centro en la Rochapea. Un espacio de unos 100 metros cuadrados, con cinco salas dedicadas a la estética y el bienestar. El proyecto, que se inaugurará a mediados de julio, combinará zonas propias con espacios de coworking para otros profesionales del sector.













