jueves, 4 junio 2026

El hostelero Eduardo Valle y su hijo cogen las riendas de un céntrico bar de Pamplona

A partir del 5 de junio, Eduardo Valle Andrés, bisnieto del fundador del Café Roch, y su hijo Asier se pondrán al frente del Café Bar Burdeos, ubicado en la calle Tafalla. Su objetivo es ofrecer raciones "típicas y tradicionales", así como convertir el local en un lugar de referencia para los amantes del buen vino. "Es un sitio al que tengo especial cariño porque nací en el Ensanche y de pequeño, cuando era la Pastelería Barsal, iba a desayunar allí", explica a Navarra Capital Eduardo.


Pamplona - 28 mayo, 2026 - 22:45

Eduardo Valle Andrés y su hijo Asier se pondrán al frente del Café Bar Burdeos. (Fotos: Nekane Bariain)

Eduardo Valle Andrés, bisnieto del fundador del emblemático Café Roch, recorría Alemania en coche con su hijo Asier cuando le confesó que, una vez que habían «retomado» el negocio familiar en 2023, anhelaba regentar un segundo establecimiento hostelero en Pamplona. «Me hacía mucha ilusión», relata Eduardo a Navarra Capital.

Al regreso de aquel viaje, se puso manos a la obra, empezó a buscar locales en la capital navarra que se traspasaran y, justo hace un año, entró «por casualidad» en el Café Bar Burdeos de la calle Tafalla. «Es un sitio al que tengo especial cariño porque nací en el Ensanche y de pequeño, cuando era la Pastelería Barsal, iba a desayunar allí», recuerda.

Mientras los gerentes del establecimiento durante la última década (Idoya Eraso y Javier Hermand) atendían a los clientes, Eduardo, que desconocía que el matrimonio estaba a punto de jubilarse sin relevo, les preguntó si estarían dispuestos a negociar un traspaso: «No sabía nada. Simplemente me dio una corazonada, entré y les hice la propuesta».

Tras meses de conversaciones, Eduardo llegó a un acuerdo para ponerse al frente del Café Bar Burdeos durante los próximos quince años y le propuso a su hermano Iñaki, su socio en el negocio de la calle Comedias, que se embarcara con él en esta aventura. «Él está en un momento vital diferente al mío, tiene hijos pequeños y no le encajaba», comenta.

Fue entonces cuando Eduardo se acordó del viaje a Alemania con su hijo, que en aquella conversación le había transmitido sus «ganas de emprender» cuando terminara la carrera de marketing. Por eso, le planteó poner en marcha el bar juntos. «Al principio, pensé que era un poco locura», reconoce Asier, de 20 años.

Café Bar Burdeos ofrecerá raciones y aspira a convertirse en un local de referencia para los amantes del buen vino.

Sin embargo, su padre le desgranó el proyecto en profundidad, le enseñó el local de la calle Tafalla y finalmente le convenció. Así, Asier se convirtió en la quinta generación de esta conocida saga familiar pamplonesa vinculada a la hostelería. «Voy a seguir el camino de mi tatarabuelo, mi bisabuelo, mi abuelo, mi padre… Estoy nervioso porque el apellido Roch pesa y el nivel de mis antecesores ha sido muy alto, pero cumpliré con las expectativas», augura Asier. «Me genera muchísimo orgullo que esté ilusionado y que continúe nuestro camino», le agradece su padre.

LA APERTURA

Padre e hijo levantarán la persiana el próximo 5 de junio, y el establecimiento conservará su nombre original: Café Bar Burdeos. «Tiene identidad propia y los vecinos lo conocen así», destaca Eduardo. En este sentido, el establecimiento contará con una oferta gastronómica diferenciada, que pretende «recuperar las raciones típicas y tradicionales» de ensaladilla rusa, callos, manitas de cerdo, anchoas, boquerones, tortilla de patata, jamón, carrilleras… «Últimamente, la gastronomía es tan sofisticada que te pierdes en las cartas modernas llenas de emulsiones y no sabes qué te van a sacar para comer. Nosotros apostamos por las recetas tradicionales de nuestras abuelas y madres», resalta Eduardo.

Además, la carta de picoteo, que estará disponible tanto a la hora del vermú como por la tarde-noche, incluirá elaboraciones con alimentos navarros de temporada (alcachofas, espárragos, pimientos) y variará según la estación. «En verano, predominarán más las ensaladas, tostadas y platos frescos porque, cuando aprieta el calor, no apetece meterte unas carrilleras o unos callos. Como se dice ahora, queremos ser un ‘afterwork’ en el que la gente se eche un vino con una tapa después de trabajar», detalla.

A su vez, la barra estará repleta de pinchos de tortillas variadas y gildas clásicas como el ‘matrimonio’ (la unión en un mismo bocado de un boquerón en vinagre y una anchoa en salazón) y una selección de los fritos que han encumbrado al café pamplonés como uno de los bares más famosos de la ciudad. «Obviamente va a estar nuestro buque insignia: el pimiento que, con su sabor, te retrotrae a la niñez. Eso sí, para diferenciarnos cambiaremos el formato y, seguramente, en vez de alargado lo presentaremos como dos bolitas», adelanta Eduardo.

Además, el establecimiento aspira a convertirse en un lugar de referencia para los amantes del buen vino. En concreto, el local trabajará con diferentes denominaciones de origen (DO Navarra, DOCa Rioja, DO Ribera del Duero, DO Rías Baixas…); caldos internacionales; y, para hacer un guiño al nombre del café-bar, dispondrán de una selección de tintos y rosados de Burdeos. «Queremos diferenciarnos y dar mucha importancia al vino porque a los vecinos del Ensanche y a la clientela que potea por aquí le gusta sentarse en una mesa con amigos y tomarse un buen vino con una ración», asegura.

El Café Bar Burdeos dispone de catorce mesas en el interior y capacidad para unos 60 comensales. Además, en el exterior cuenta con una terraza, equipada con cuatro mesas y que estará decorada como los cafés franceses. «Hemos estado en Burdeos, hemos visto cómo son los cafés de allí y hemos encargado mobiliario (mesas y sillas) para recrear fielmente ese ambiente», indica. En un futuro próximo, también trasladarán esos aires parisinos al interior del local con mobiliario del mismo estilo y elementos decorativos en la pared.

Eduardo estará sobre todo en la barra de cara al público y Asier se encargará del marketing, las redes sociales y echará una mano en la cocina. El resto del equipo lo componen otras seis personas. «Hemos fichado a un cocinero con más de dos décadas de experiencia de uno de los bares del Casco Viejo», remata Eduardo, que en paralelo seguirá trabajando en el local familiar. «No me puedo desprender de él porque es como un hijo para mí», concluye mientras enseña su brazo, tatuado con el nombre del mítico café.

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