Dedicaba su tiempo libre a leer. A veces, cuando caía la noche y su madre entonaba el esperado «es hora de dormir», cogía una linterna y, con cierto secretismo, ponía rumbo a su dormitorio. Después del beso de buenas noches, se tapaba hasta arriba con la sábana y leía bajo su pequeño refugio improvisado. Devoraba capítulos enteros, sin saber muy bien si temía más que llegara el final del libro o que la descubrieran. Entre aventuras de papel, página a página, Cristina Zariquiegui aprendió que los relatos pueden ser el mejor entrenamiento para mirar el mundo con otros ojos.
Una vez al año, viajaba en caravana con sus padres para pasar las vacaciones en un camping. Allí el mundo se ensanchaba. Si algo le fascinaba era conocer gente de todo tipo: los niños del bungalow de al lado, las familias que venían de lejos, los abuelos que contaban historias junto a la piscina… Correteaba de un lado a otro, reía, inventaba juegos e intercambiaba cromos con las amistades iba forjando. Cada rostro nuevo era una posibilidad, cada conversación una puerta abierta. Y así entendió que las historias no viven solamente en los libros: también laten en las personas. Quizá por eso, años después, aquella curiosidad infantil se transformaría en una pasión adulta por conectar, escuchar y construir comunidad. Una filosofía que hoy da vida al Club de Marketing de Navarra, donde ejerce como directora general desde hace más de nueve años.
No sabía qué quería ser de mayor, pero sí sabía qué asignaturas se le daban bien. «Las matemáticas y la física», sonríe al echar un vistazo hacia el pasado. Inevitablemente, yo sonrío también segundos antes de confesar algo: «Justo lo contrario a mí». Nuestra protagonista se encoge de hombros… «Está bien que haya diversidad, así el mundo es más divertido, ¿no crees?», reflexiona.
Aunque se planteaba estudiar alguna ingeniería, el dibujo no era «uno de sus puntos fuertes». Así que, finalmente, se decantó por Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de Navarra: «Me gustaba dar vueltas a las cosas, trabajar rodeada de gente, gestionar problemas y conseguir cosas. Era una carrera que englobaba todo eso, y considero que fue una buena decisión».
@valores_top 🌟 De un albergue escocés al 50º aniversario del Club de Marketing de Navarra. El Club de Marketing de Navarra celebró recientemente su 50º aniversario , un evento en el que se reconoció la labor de todas las personas que han hecho posible su historia. 💬 En este vídeo, #CristinaZariquiegui , directora general del Club, repasa los momentos más destacados de la celebración y comparte su visión sobre lo que hace especial a esta comunidad. 🎉 💻 Descubre también su recorrido profesional en la entrevista que se ha publicado en Navarra Capital, link en la BIO. ¡Dale al play! 📽️
RUMBO A ESCOCIA
Su primer contacto con el mundo laboral fue como vendedora de seguros y en atención al cliente. Sin embargo, al cumplir los 26 años, comprendió que su vida necesitaba un cambio. ¿Y qué necesitaba para llevarlo a cabo? Mejorar su inglés. Así, hizo la maleta y voló a Escocia.
Pronto consiguió trabajo en un albergue en Edimburgo. Entre viajeros que iban y venían, Cristina descubrió un ritmo distinto: el de las conversaciones breves, los saludos en mil idiomas y las despedidas improvisadas. «En un inicio, mis labores consistían en limpiar el espacio. Cuando fui mejorando el idioma, pasé a recepción y, más tarde, me ofrecieron el puesto de adjunta a Dirección», rememora satisfecha. Cada jornada era un pequeño mundo, imprevisible y distinto. Y en medio de aquel ir y venir constante, el amor llamó a su puerta…
«Conocí a mi pareja allí. Al principio era huésped, pero luego empezamos a trabajar juntos. Nos relacionamos con personas de muchísimas partes del mundo, y eso nos nutrió mucho. Canadá, Australia, Suecia, Sudáfrica…», rememora para acto seguido remarcar que, durante aquella etapa, también recorrió Escocia de punta a punta subida en su simpático Twingo.
ENCONTRAR UN PROPÓSITO
Después de dos años, regresó a su Pamplona natal. Pero algo había cambiado en su interior: volvía con una visión nueva y el deseo profundo de aportar su granito de arena al mundo. A partir de entonces, Cristina empezó a replantearse su camino profesional. Ya no se trataba solo de encontrar un empleo, sino de descubrir un propósito. «Fiché por el Club de Marketing de Navarra como adjunta a Dirección y me encantó su filosofía de trabajo. Después de una década en el puesto, pasé a ser la directora general», detalla.

Tras trabajar como vendedora de seguros, a los 26 años decidió dar un giro a su vida y viajó a Escocia para mejorar su inglés.
Su mentor fue Joaquín Ansa, a quien recuerda con especial cariño. Él le enseñó a hacerse una pregunta muy importante: «¿Qué necesita la sociedad?». A partir de ahí, las ideas surgían como un torbellino para abarcar todas las áreas relacionadas con la gestión empresarial: estrategia, finanzas, fiscalidad, marketing, transformación digital…
«Ofrecemos más de 500 actividades de formación al año como cursos de Inteligencia Artificial, derecho tributario o contabilidad, por ejemplo. De hecho, el club comenzó su andadura en 1975 para brindar soluciones concretas de marketing, pero pronto comenzó a ofrecerlas en lo relativo a temas tributarios«, desvela nuestra protagonista justo antes de rememorar que, en 1995, la entidad forjó una alianza con ESIC Escuela de Negocios.
La semana pasada, el club cumplió su 50 aniversario y, para celebrarlo, más de 750 personas se dieron cita en el Navarra Arena. «Ya son más de 1.300 las entidades asociadas, desde grandes hasta pequeñas, y eso nos llena de alegría. ¿Recuerdas que te he dicho que la diversidad es divertida e importante? Pues aquí hay mucha. Universidades, ONG, pequeños comercios, carpinterías, fontaneros, autónomos… Una asociación, cuanto más se agranda, más fuerte es», agrega satisfecha.
Una iniciativa que le ilusiona especialmente es Pixelian. ¿Su objetivo? Formar a profesionales del mundo audiovisual: «Están llegando nuevos rodajes a Navarra, pero no hay suficientes profesionales aquí. Queremos formar a más personas para que este sector sea más sólido en la Comunidad foral».
A sus 49 años, aún late en su corazón el aprendizaje que los campings de su infancia y su estancia en Escocia le prestaron de por vida. De hecho, cuando el tiempo libre se lo permite viaja en furgoneta para conocer distintos rincones de España. Y quizá, ya que hablamos de marketing, el fruto de esas vivencias pueda considerarse su eslogan: «Mantener viva la conexión. En esta vida, eso es lo más importante».













