jueves, 4 junio 2026

De vender pulseras a dirigir un ‘holding’ navarro presente en los sectores vitivinícola, inmobiliario, eléctrico, náutico y hostelero

Creció en Azagra, entre viñedos, y desde niño supo que sería emprendedor. Tras una etapa en Londres donde conoció a su mujer, Laura Mateo, regresó a España para ponerse al frente de Bodegas Manzanos, fundada por sus antepasados en 1890. En este sentido, las exportaciones de la firma, vendida parcialmente en 2025, ya suponen el 80 % de sus ventas. Con el objetivo de diversificar el negocio, Víctor Fernández de Manzanos puso en marcha Manzanos Enterprises para abarcar sectores tan diversos como el inmobiliario, el eléctrico, el náutico o la hostelería.


Pamplona - 29 mayo, 2026 - 10:48

Víctor Fernández de Manzanos ejerce como CEO en Manzanos Enterprises. (Foto: cedida)

Su infancia está hecha a base de mosto, tierra húmeda y amaneceres que tintaban Azagra de dorado. Sus manos y pies, oscuros de uva, corrían entre remolques gigantes. Septiembre llegaba entonces como llegan las viejas canciones: inevitable y cargado de misterio. Entre racimos apilados como pequeños tesoros, Víctor Fernández de Manzanos entendió que hay lugares que no abandonan nunca a quien nace alrededor de ellos, y que existen aromas capaces de perseguir a un hombre durante toda la vida.

Quizá por haber crecido viendo cómo una cosecha podía transformar un año entero, pronto aprendió que las cosas no ocurren solas: hay que salir a buscarlas. Su primera aventura empresarial fue como vendedor de pulseras. En cada venta descubrió una forma secreta de seducir al tiempo y convencer a los demás (y quizá también a sí mismo) de que siempre había algo valioso escondido en las pequeñas cosas. «Tenía solo doce años. Echando la vista atrás, creo que tenía muy claro que quería ser emprendedor. A los quince hice un curso de verano sobre trading financiero. Mis compañeros eran mucho más mayores que yo… ¡Qué recuerdos!», rememora a sus 36 años.

Poco después, aquella intuición inquieta acabaría llevándolo a las aulas de la Universidad de Navarra, donde estudió Administración y Finanzas con la meta de poner nombre y estructura a algo que ya le ardía dentro desde niño. Buscaba la música escondida detrás de los números: la posibilidad de construir, arriesgar y transformar ideas en algo tangible. «Los viernes y sábados organizaba eventos en la discoteca Marengo de Pamplona. Llegué a montar un equipo de quince personas que actuaban como comerciales», relata.

RUMBO A LONDRES

Su horizonte se expandió un poco más cuando logró que le convalidasen varias asignaturas para marcharse a Londres. Fue allí precisamente allí donde conoció a su mujer, Laura Mateo, incluida en la lista Top 100 Mujeres Líderes de España en 2025. Como no podía ser de otra manera, ocurrió durante una cata de vinos. A nuestro protagonista, que había crecido escuchando que cada cosecha tiene su momento exacto, aquella noche le pareció comprender que algunas personas también lo tienen. «Ahora, por negocio, me toca ir a Londres unas cinco veces al año. Me gusta porque guardo muchísimos buenos recuerdos allí», agrega.

Pero la vida terminó llevándolo de vuelta a casa antes de lo previsto. El fallecimiento de su padre hizo que regresara a Azagra. A partir de ese momento, cogió las riendas de la bodega familiar: «Cuando volví, había solamente seis empleados y hacíamos 90.000 botellas de vino al año. Hoy hacemos 12 millones de botellas».

VIAJAR PARA CRECER

Nuestro protagonista tenía en mente una certeza: Bodegas Manzanos, fundada por sus antepasados en 1890, no había nacido para quedarse pequeña. Entendió entonces que no bastaba con sostener el legado: había que proyectarlo. ¿La solución que propuso? Viajar. Llevar el vino fuera de su casa, dejar que hablara en otros acentos, que encontrara otros públicos… Y, como no podía ser de otra manera, decidió comenzar por donde su propia historia ya había dejado una huella: en Reino Unido. «Después fue el turno de China. Hoy estamos presentes en 75 países y el mercado internacional supone el 80 % de nuestra facturación», apunta.

En ese proceso de internacionalización también han aparecido obstáculos. Los aranceles han sido uno de ellos. Pero lejos de alterar el rumbo, han exigido algo que en el mundo del vino no es ajeno: paciencia y adaptación. «Actualmente, Estados Unidos supone el 35 % de las ventas de la empresa. No hemos caído, pero tampoco hemos crecido. En una situación normal, lo habitual hubiese sido crecer un 20 % y no un 1 %. El mundo vitivinícola está complicado y hay bastante incertidumbre de cara al futuro, pero seguimos apostando por él», detalla.

«Si queríamos seguir creciendo, el paso más natural era diversificar el negocio. Por eso decidimos crear el holding Manzanos Enterprises», apostilla segundos antes de narrar los pasos que ha seguido la firma. En 2011 llegó la primera pieza fuera del mundo del vino: un bar en Calahorra. En 2014, la entrada en la riojana Mineraqua amplió el horizonte hacia la industria del agua embotellada. Un año después, la compra de los concesionarios Porsche en Pamplona, Vitoria y Bilbao… En 2017 se sumó JMC, una empresa eléctrica que reforzaba la idea de fondo: construir un conjunto de negocios capaces de sostenerse entre sí, como ramas distintas de un mismo árbol.

Ninguna de estas operaciones respondía a una moda ni a un impulso aislado, sino a una convicción sencilla: una empresa, igual que una bodega, sobrevive mejor cuando no depende de un único viñedo. «Además, en 2020 abrimos una importadora de vinos en Miami, por eso estoy aquí», suspira. La frase llega a través de la pantalla, con esa ligera distancia que imponen las videollamadas, donde la voz conserva la emoción pero pierde el tacto del espacio: «Echo de menos Navarra, aunque vuelvo bastante a casa. Al final, toda mi cuadrilla es de allí».

Con esa inquietud permanente por el movimiento, Víctor ha ido convirtiendo su trayectoria en un tránsito constante entre países, sectores y decisiones. Ese impulso, sostenido durante años, alcanzó un punto de inflexión en 2025, cuando decidió vender la mayoría de Bodegas Manzanos a una empresa de capital francés dirigida por el canadiense Michel Boutin. «Como proyecto más reciente, estamos transformando un palacio del siglo XVIII en un alojamiento de lujo. También estamos presentes en el sector inmobiliario y tenemos proyectos en Villafranca, Haro, Calahorra, San Adrián… Además, trabajamos con puertos deportivos, clubs náuticos y profesionales marítimos para comercializar lanchas«, puntualiza.

Charlando de esa relación con los puertos y el mar, aparece una pieza que completa el relato: hemos dado con su verdadero hobby. Dos veces por semana, nuestro protagonista sale a navegar. Lejos de agendas, encuentra un pequeño refugio donde todo se mueve, pero nada pesa igual. «¡Antes esquiaba, pero en Miami… de eso tengo poco!», concluye entre risas.

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