miércoles, 8 julio 2026

La nutricionista de Caparroso que convirtió Air Ron en una empresa gacela

Su camino profesional ha pasado por la nutrición, la investigación y el emprendimiento. En 2012, su marido, Gonzalo Roncal, fundó Air Ron, donde ambos ejercen actualmente como CEO. La compañía, con sede en Caparroso y una facturación anual de 8 millones, cuenta con filiales en Estados Unidos y México y ha desarrollado proyectos en países como Costa Rica, Chile, Polonia, España, Croacia o Italia, entre otros. "El 60 % de nuestra facturación corresponde al mercado internacional, y el 40 % al nacional", detalla Raquel Uzqueda.


Caparroso - 15 mayo, 2026 - 10:54

Raquel Uzqueda ejerce como CEO de Air Ron, compañía ubicada en Caparroso. (Fotos: Jasmina Ahmetspahic)

A veces la vida no avisa cuando cambia de dirección. Simplemente gira, como el viento al caer la tarde, y obliga a una a decidir si se queda quieta o aprende a moverse con él. Raquel Uzqueda siempre eligió avanzar. Hay personas que acumulan experiencia; otras, en cambio, acumulan mirada. Y quizá ahí resida la diferencia: en la capacidad de seguir escuchando, contemplando y aprendiendo. Hoy lidera una empresa del sector eólico, donde todo depende precisamente de interpretar la fuerza invisible del viento y convertirla en energía. No parece casualidad. Algunas personas nacen con el talento de adaptarse; otras, además, consiguen transformar ese movimiento en futuro.

«En mi casa se valoraban mucho el esfuerzo, la constancia y el compromiso. Mi madre fue un referente absoluto, trabajaba como encargada en una fábrica de conservas en Caparroso, donde he vivido toda la vida. De ella aprendí que nada llega solo y que hay que insistir cuando las cosas se complican. Las madres son ángeles que nos entrenan», expresa nuestra protagonista con nostalgia.

Tenía cierta facilidad para estudiar, una curiosidad instintiva y una mente que se sentía especialmente cómoda entre números, fórmulas y razonamientos científicos. Por eso, cuando llegó la hora de elegir, escogió Dietética en la Universidad de Navarra. «El contenido de la carrera venía bien para todo. Al final, se trataba de aprender sobre salud y bienestar», apostilla.

Al finalizar su formación se marchó a Madrid para desarrollar un estudio de hábitos alimentarios en el Instituto de Salud Pública. Más tarde, fichó por una compañía de congelados en Marcilla como técnica de laboratorio. «Mi labor consistía en analizar los productos para comprobar que tenían una carga saludable. Permanecí allí nueve años», agrega.

UNA PROFESIONAL MUY POLIVALENTE

Pero había algo dentro de ella que empezaba a reclamar otro ritmo, una necesidad íntima de construir algo propio. Anhelaba emprender. Quería mirar a los pacientes a los ojos, acompañar procesos reales y comprobar que su trabajo podía cambiar hábitos, cuerpos y también estados de ánimo. Así nació su consulta de dietética y nutrición en Caparroso, un pequeño espacio levantado con prudencia y valentía a partes iguales. Durante ocho años se especializó, sobre todo, en dietas de adelgazamiento.

«Pero, de pronto, me topé con una oportunidad profesional en el centro deportivo del pueblo y volví a cambiar de rumbo. Asumí muchísimos roles diferentes: recepcionista, socorrista, profesora de clases de danza… No había un solo momento del día en el que me diera tiempo a aburrirme», enfatiza tras remarcar que permaneció una década en aquellas instalaciones.

Después llegó el viento. El salto al sector eólico sucedió de la mano de su marido, Gonzalo Roncal, que en 2012 fundó la compañía Air Ron: «Necesitaba ayuda con labores administrativas y confió en que yo podía asumir ese reto. Cuando alguien confía en ti, sientes la responsabilidad de estar a la altura, así que nos pusimos manos a la obra…».

Air Ron cuenta con filiales en Estados Unidos y México y ha desarrollado proyectos en varios países.

Air Ron cuenta con filiales en Estados Unidos y México y ha desarrollado proyectos en varios países.

Lo que comenzó siendo un equipo de tres personas hoy suma unas 60. Nuestra protagonista no puede evitar sentirse orgullosa al echar la mirada hacia atrás y comprobar hasta dónde ha llegado aquella pequeña aventura empresarial que empezó desde cero. Reconocida como empresa gacela en 2019, Air Ron cuenta con filiales en Estados Unidos y México y ha desarrollado proyectos en países como Costa Rica, Chile, Polonia, España, Croacia o Italia, entre otros. «El 60 % de nuestra facturación corresponde al mercado internacional, y el 40 % al nacional. Esporádicamente, también hemos hecho proyectos en Escocia, Australia y Sudáfrica«, puntualiza para acto seguido subrayar que la compañía cerró 2025 con 8 millones de euros facturados.

A raíz del crecimiento que la firma ha experimentado a lo largo de estos últimos años, el pasado noviembre inauguró su nueva sede en Caparroso, que suma 1.800 metros cuadrados y triplica la superficie de las instalaciones anteriores. Además, recientemente incorporó a Fernando Sueiro como director general. «Gonzalo y yo actuamos como CEO. Él se encarga de la parte más técnica, de labores de campo, mientras que yo asumo tareas de gestión. Gonzalo compartirá liderazgo con nosotros y tocará todas las áreas. Esto supone un paso más en la profesionalización de la operativa diaria y en la consolidación de una nueva etapa», puntualiza.

GRAN AMANTE DE LOS ANIMALES

Fuera de los planos, las cifras y el ruido ordenado de la empresa, la verdadera pasión de nuestra protagonista son los animales. «Me dan la vida», confiesa a sus 55 años. Yo sonrío. La entiendo. No puedo evitar agacharme y entonar un psss psss cada vez que me cruzo con un gato callejero, como si ese gesto mínimo fuera una forma de diálogo entre quienes aún creemos que el mundo también se sostiene en lo pequeño y lo inesperado.

Y quizá por eso no sorprende que también sienta una conexión especial con el viento: en cierto modo imprevisible e imposible de retener, pero siempre presente. Como los animales que la rodean, o como esos gatos que aparecen un segundo y deciden si se quedan o desaparecen, el aire también impone su propio ritmo, obliga a escuchar antes de actuar y a aceptar que hay fuerzas que no se pueden dominar, solo interpretar y acompañar: «De niña quería ser veterinaria. Y supongo que algo acerté porque sigo pasando los días cerca de ellos».

Pero si hay algo que le hace sentir especialmente orgullosa es su familia. Ver cómo sus hijas, Irati y Leire, han heredado esa misma cultura del esfuerzo es, sin duda, una de sus mayores satisfacciones. «Que muestren esa actitud es el mejor reflejo de todo lo aprendido durante el camino. Creo que en el fondo todo está conectado: la educación que recibes, las oportunidades que aparecen, las decisiones que tomas y la forma en la que trabajas. En mi caso no hay fórmulas mágicas, pero sí una idea muy clara: el simple hecho de permanecer. Muchas veces no sabes de lo que eres capaz hasta que das el paso y te pones en pie», concluye.

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