martes, 26 marzo 2019

Dueños de nuestros destinos

Sudáfrica como destino turístico lo tiene todo ya que te permite pasar de la selva y los elefantes a las ballenas y las colonias de pingüinos en medio de playas salvajes casi sin solución de continuidad. Está, además, el toque social con la visita obligada a la isla Robben que acogió a Nelson Mandela o el Museo del Apartheid de Soweto y así convertirnos en los amos de nuestros destinos y capitanes de nuestras almas.

Jesús Jiménez
Pamplona - 16 marzo, 2019

La montaña Table Mountain en uno de los símbolos de Ciudad del Cabo (Sudáfrica).

La montaña Table Mountain en uno de los símbolos de Ciudad del Cabo (Sudáfrica).

Se habla mucho de la famosa cuesta de enero. Puede que sea cierto. Nadie negará, sin embargo, que la que sí existe es la ‘cuesta del primer trimestre del año’ que, como se suele decir ‘es más larga que un día sin pan’. Vamos. Es coger el calendario y comprobar los días que faltan entre Reyes y Semana Santa para que te entre la depresión. Más si como ocurre este año la festividad religiosa llega tan retrasada (no sé muy bien por qué dicho sea de paso).

Ya hemos andado la mitad del camino y ahora que empezamos a vislumbrar en el horizonte la posibilidad de hacer una escapadita, lo normal es empezar a hacer planes. Llegados a este punto nos despedimos afectuosamente de los valientes y aguerridos viajeros que se irán un año más con los suegros a Benidorm (bon voyage!) o los que prefieran desarrollar una actividad tan lúdica y respetable como la de ser momozorros de su pueblo con un par de … círios pascuales ¡claro! ¡Ánimo ahí, suerte y adiooooosss!

Y aunque ya se sabe que hay gente ‘pa tó’, para el resto tenemos una propuesta de moda y que, pese a lo que pudiera parecer en un primer momento, no solo es muy asequible sino también bastante segura. Nos referimos a ¡Sudáfrica! ¿Por qué? Simple y llanamente porque lo tiene todo. He aquí un pequeño repasito de las propuestas imprescindibles para no perdérselas y convertir nuestra visita en una aventura africana apasionante.

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Así que lo más normal es que, tras un plácido vuelo de unas 10 horas aproximadamente, lleguemos a nuestro primer destino: Ciudad del Cabo, una de las ciudades más fascinantes del continente africano. Bañada por el Atlántico, es mundialmente reconocida por su Table Mountain o Montaña de la Mesa de cima plana que, además de albergar un exótico parque natural, nos facilitará unas vistas inolvidables tanto si decidimos subirla andando o en su famoso funicular.

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No obstante, lo mejor de Ciudad del Cabo, lógicamente, está a pie de calle: el Jardín Botánico de Kirstenboch, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, es el único que acoge la flora indígena del país; o las coloridas casas y mezquitas del Bo-Kaap, su barrio malayo plagado de restaurantes donde disfrutar de la cocina ‘afrikaner’ con toques asiáticos. Muy cerca, además, está Long Street, la calle más conocida repleta de edificios de estilo victoriano y, sobre todo, esas tiendas chic donde nos gusta quemar la tarjeta, así como el Victoria and Alfred Waterfront, una de las zonas más agradables de visitar donde se localiza la Clock Tower levantada en 1882 y que marca el ritmo frenético de la ciudad.

Dejamos Ciudad del Cabo no sin antes visitar sus playas, algunas de las más impresionantes de todo el continente como Camps Bay con su resplandeciente arena de color blanco. En nuestra búsqueda de la aventura podemos dirigirnos a Port Elizabeth a través de la conocida como Garden Route, un de las rutas en coche más bonitas en cuanto que son más de 200 kilómetros rodeados de lagos bosques y montañas como Outeniqua o Tsistsikama que nos ofrecen la posibilidad de cambiar los neumáticos para calzarnos las botas de senderismo a través de caminos tan propuestas tan interesantes como las conocidas como la ‘ruta de las cascadas’ o la de ‘las nutrias’.

Porque si de algo está especialmente dotado este rinconcito meridional de África es de paisajes naturales tan hipnóticos como el parque nacional Kruger. En la frontera con Mozambique, allí están en libertad los conocidos como los Big Five formados por leones, leopardos, rinocerontes, búfalos y nuestros queridos amigos los elefantes. También está el Cañón del río Blyde, el tercero más grande del mundo y que acoge paisajes que te harán sentirte muy pequeño como la ‘Ventana de Dios’ o ‘Lisbon Falls’.

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Ya que estamos hablando de accidentes geográficos, lógicamente, no podemos irnos sin visitar el Cabo de Buena Esperanza, uno de los rincones más bonitos y con más historia por tratarse del punto donde se unen los dos grandes océanos, el Atlántico y el Índico. Sin olvidarnos del Humedal de iSimangaliso, el estuario más grande de África rodeado de dunas, pantanos, sabanas y donde se concentra una de las mayores poblaciones de hipopótamos.

Concluye la visita y el viajero no puede por menos que preguntarse cómo un lugar tan privilegiado y bello acogió durante tanto tiempo uno de los peores sistemas políticos que ha podido conocer la Humanidad. Reflexiones que se agudizan en cuanto se alcanza la Isla Robben, presidio que acogió durante 18 años a Nelson Mandela; o el Museo del Apartheid en Soweto que, sin duda, hace honor a aquella bella reflexión que hizo el ya entonces presidente sudafricano cuando aseguró: “No hay nada como volver a un lugar que parece no haber cambiado para descubrir en qué cosas has cambiado tú mismo”. Tal vez esa sea la Sudáfrica que te espera para esta Semana Santa, una ocasión para cambiar tu visión de la vida a mejor. ¿Te animas a comprobarlo?

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