viernes, 3 julio 2026

“El daño cerebral no solo lo sufre quien tiene un ictus: la vida cambia para toda la familia”

Un ictus puede durar unos minutos, pero sus consecuencias acompañan durante años. De un día para otro, personas activas e independientes dejan de caminar con seguridad, pierden memoria, autonomía o capacidad para comunicarse, mientras sus familias aprenden a convivir con una nueva realidad marcada por el miedo, la incertidumbre y una rehabilitación que no puede esperar. En Navarra, muchas personas con daño cerebral adquirido llevan meses —e incluso años— aguardando una atención especializada clave para su recuperación. Ahora, el nuevo proyecto “Neuro-rehabilitación sin esperas”, impulsado por Adacen y Acción Social de Caja Rural de Navarra, busca cambiar esa situación reforzando la atención temprana e intensiva.


Pamplona - 15 mayo, 2026 - 19:12

Daniel Matesanz Zaratiegui, Javier Iribarren Gil, Txari Autor Tejada, junto con Andrés Ilundáin, director de Adacen. (Fotos: Tamara Garcés)

Txari Autor Tejada tenía 60 años cuando sufrió un ictus durante unas vacaciones con amigas. Su vida cambió de golpe, lejos de casa, en cuestión de minutos. Pasó diez días ingresada en Lugo hasta poder ser trasladada en ambulancia a Pamplona. Después llegó el ingreso en la unidad de ictus y más tarde la rehabilitación en Ubarmin.

“Los profesionales y yo teníamos la rehabilitación como único objetivo”, recuerda. Los primeros avances llegaron pronto: volvió a caminar con más seguridad, recuperó fuerza y ganó equilibrio. Pero el daño cerebral deja heridas que no siempre se ven. “Una cosa que está desatendida en esos primeros momentos es el vacío que se genera cuando tienes un ictus. La soledad que sientes, la pérdida de autonomía…”, explica.

Porque después del hospital empieza otra batalla: aceptar que la vida anterior ya no existe igual. “Comprendes que esto se convierte en algo crónico y, en cierto modo, irreversible. Tuve que despedirme de muchas cosas importantes para mí. Fue el momento más duro”.

En medio de ese proceso apareció Adacen: “No tengo palabras suficientes de agradecimiento. Aquí no solo trabajo lo físico; también recibimos apoyo emocional, compartimos experiencias y hacemos grupo con personas que han pasado por lo mismo”.

Ese acompañamiento humano es precisamente una de las claves del trabajo que realiza Adacen con las personas con daño cerebral adquirido. Porque la rehabilitación no consiste únicamente en volver a mover un brazo o recuperar el habla: también significa reconstruirse emocionalmente y recuperar espacios de vida compartida.

Txari lo resume con una imagen sencilla pero poderosa: “Más allá de la rehabilitación, también es importante reencontrarse con la música, con el baile o con juegos que nos permitan volver a interactuar”.

'Neuro-rehabilitación sin esperas', impulsado por Adacen y Acción Social de Caja Rural de Navarra, busca reforzar la atención temprana.

‘Neuro-rehabilitación sin esperas’, impulsado por Adacen y Acción Social de Caja Rural de Navarra, busca reforzar la atención temprana.

“Mi padre pasó de ser independiente a necesitar ayuda para todo”

La historia de Daniel Matesanz Zaratiegui la cuenta su hija Alicia. Y la narra desde el lado menos visible del daño cerebral: el de las familias que reorganizan completamente su vida para cuidar. “Somos cinco hermanos y el primer ictus de mi padre nos cambió la vida a todos”, explica.

Daniel pasó de ser una persona autónoma a depender de los demás en su día a día. En aquel primer ictus no tuvo acceso a rehabilitación especializada. Años después llegó un segundo golpe, otro ictus, y esta vez sí recibió atención específica y tratamiento rehabilitador.

Pero las secuelas cognitivas y emocionales dejaron una huella profunda. “El daño cerebral supone una nueva vida para todos, para él y para la familia”, explica Alicia. “Las secuelas afectaron mucho a su comportamiento y a su memoria, y eso ha sido muy difícil de gestionar”.

La familia habla también del esfuerzo silencioso de quienes acompañan cada día. Adaptarse a una nueva realidad, asumir cuidados, reorganizar horarios y aprender a convivir con cambios de personalidad o problemas de memoria forma parte de un proceso que pocas veces se ve desde fuera.

Aun así, Alicia destaca la enorme voluntad de su padre durante todos estos años. “Estamos muy orgullosos de lo que ha conseguido. Sigue necesitando apoyo, pero ha luchado muchísimo”.

“Aquí siempre encuentran la forma de alegrarte el día”

Javier Iribarren Gil ha sufrido cuatro ictus en los últimos años. Reconoce que no recuerda todo lo vivido, pero sí sabe una cosa: necesita seguir adelante. “Antes estaba peor”, aclara con naturalidad.

Tras pasar por rehabilitación en San Juan de Dios, llegó a Adacen, donde continúa trabajando con distintos profesionales para mejorar poco a poco. Fisioterapia, neuropsicología y atención especializada forman parte de una rutina que le ayuda a mantener capacidades y ganar autonomía.

“Los avances son lentos, pero se trata de eso, de ir avanzando poco a poco”. Para Javier, acudir a Adacen significa también sentirse comprendido. “Aquí estoy con compañeros que han pasado por lo mismo y eso es un apoyo muy importante”.

Habla especialmente del equipo humano de la asociación. “Los profesionales siempre encuentran la forma de alegrarte el día y ayudarte a trabajar para estar mejor”. Su mensaje para quienes viven una situación similar es sencillo y directo: “Que no tiren la toalla”.

Durante aproximadamente el primer año y medio o dos años tras la lesión se produce el mayor potencial de recuperación.

Durante aproximadamente el primer año y medio o dos años tras la lesión se produce el mayor potencial de recuperación.

Una rehabilitación que no puede esperar

Historias como las de Txari, Daniel o Javier son las que han impulsado el nuevo proyecto “Neuro-rehabilitación sin esperas”, promovido por Adacen y Acción Social de Caja Rural de Navarra.

El convenio, firmado por María García Rugama y Juan Mari Ayechu Redín, en representación del Área de Acción Social de Caja Rural de Navarra, junto a Andrés Ilundáin Esquíroz, director de Adacen, y José Luis Herrera Zubeldía, presidente de la entidad, permitirá reforzar durante tres años la atención especializada a personas con daño cerebral adquirido.

El objetivo es reducir las listas de espera y evitar que muchas personas pierdan oportunidades de recuperación mientras aguardan una plaza de rehabilitación. Para ello, se incrementarán las horas de atención especializada y también la intensidad de los tratamientos, especialmente en fases tempranas, cuando la capacidad de recuperación es mayor.

El proyecto contempla terapias de fisioterapia, neuropsicología y logopedia, además de reforzar el transporte adaptado para facilitar el acceso a los tratamientos.

Andrés Ilundáin, director de Adacen, destaca que el convenio permitirá “atender a un mayor número de personas e incrementar la intensidad de los servicios prestados”. Además, subraya la importancia de que el acuerdo tenga una duración de tres años, algo que aporta estabilidad y favorece la igualdad de acceso. “Muchas personas no pueden asumir el coste de tratamientos privados y este convenio permitirá una atención más personalizada e intensiva”.

La atención se desarrollará tanto en Mutilva como en Tudela, acercando los servicios especializados a diferentes zonas de Navarra y evitando desplazamientos innecesarios para muchas familias.

El tiempo marca la diferencia

El daño cerebral adquirido es una lesión repentina del cerebro causada principalmente por ictus —responsable de cerca del 78 % de los casos—, aunque también puede deberse a traumatismos, tumores, infecciones o anoxias.

Sus secuelas son múltiples: problemas físicos, cognitivos, emocionales y de comunicación que alteran profundamente la vida cotidiana.

Los especialistas coinciden en que los primeros meses son fundamentales. Durante aproximadamente el primer año y medio tras la lesión existe un mayor potencial de recuperación, por lo que acceder a rehabilitación cuanto antes puede marcar una enorme diferencia en la evolución de cada persona.

Por eso, detrás de este convenio hay mucho más que una colaboración económica. Hay personas esperando volver a caminar con seguridad, recuperar palabras olvidadas, sentirse útiles de nuevo o simplemente poder afrontar el día a día con más autonomía. Y hay familias enteras intentando recuperar, poco a poco, una vida que cambió para siempre en apenas unos segundos.

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