Corría el año 1950 cuando se fundó en Eibar la empresa Suministros de Imprenta y Material de Escritorio (Simes). Nacía en un tiempo de reconstrucción, entre el eco aún cercano de la escasez y la voluntad firme de escribir el futuro con tinta nueva. En aquel pequeño taller comenzaron a tomar forma los primeros útiles: grapas, máquinas de sellar, herramientas destinadas a ordenar el mundo sobre el papel… Con el paso de los años, aquel establecimiento se fue quedando pequeño. Y fue en la década de los sesenta cuando dio un paso decisivo: trasladarse a la localidad navarra de Ibiricu, donde hoy su legado continúa.
En 2008, el destino de Simes volvió a ensancharse. Fue entonces cuando se cruzó con Desa, una empresa catalana especializada en fijaciones industriales para el sector de la construcción, donde el acero deja de ser detalle para convertirse en estructura, sostén y cimiento. De aquel encuentro nació algo más que una alianza: sus caminos se fusionaron y así nació el Grupo Desa.
«Aquí, en la planta de Ibiricu, tenemos la fábrica y el centro de I+D. Nuestro centro logístico se ubica en Tarragona, y también poseemos filiales en Francia y Portugal«, detallan Alberto Lizarraga, Miguel Saiz y Miguel Redondo, responsables del Departamento de Exportación, mientras caminan entre pasillos donde la industria respira con ritmo propio.
DIVERSIFICAR PARA CRECER
El chirrido acompasado de la maquinaria marca una cadencia precisa. Cada engranaje parece saber exactamente cuándo moverse, detenerse o ceder el turno a la siguiente pieza en una coreografía silenciosa y firme. A un lado, se alzan montones de alambre enrollado que recuerdan a espirales infinitas, esperando a transformarse en grapas. El metal, aún en bruto, aguarda como una promesa contenida. Más allá reposan bobinas más gruesas, destinadas al vallado. «Podemos trefilar los alambres con distintos diámetros. Por ejemplo, podemos fabricar cierres perimetrales para pistas de pádel, jaulas, colchonería…», concreta Saiz.

La empresa Simes se fundó en el año 1950 con el objetivo de fabricar material de escritorio.
Unos metros más allá, el paisaje cambia. El metal cede protagonismo a otra materia, menos rígida pero igual de esencial: los adhesivos. No siempre fue así. Hubo un tiempo en que las grapas que la firma fabricaba comenzaron a encontrar competencia dentro del sector del embalaje de cartón. Los adhesivos irrumpían con fuerza, ofreciendo nuevas maneras de sellar. Ante esta situación, Simes, en lugar de resistirse, decidió unirse al «enemigo». Porque la industria (como la vida) también avanza cuando uno se adapta. Así, la empresa amplió su mirada e incorporó a su universo las barritas de cola hot melt. «Este horno tiene capacidad para unos 6.000 kilos. Le metemos una formulación exacta y el pegamento circula por las líneas de extrusión. Alrededor del 25 % de nuestra producción son adhesivos», matiza Lizarraga segundos antes de recalcar que en Grupo Desa trabajan unos 200 empleados, de los cuales 80 lo hacen en la planta navarra.
Además de grapas, alambre para vallado y adhesivos, la firma también elabora pellets, anillas, bridas, cintas y un largo etcétera de productos. Su catálogo se dirige a sectores muy diversos, como la ferretería, el bricolaje, la automoción, la construcción o la agricultura. Precisamente ha desarrollado un sistema pionero en este último ámbito, al que ha bautizado como Tomsystem: «Hace unos quince años se nos ocurrió crear un producto especial para invernaderos. Se trata de una máquina con grapas metálicas que sirve para atar vegetales que crecen en vertical. Antes, esto se hacía manualmente y provocaba problemas como tendinitis. Nuestra tecnología permite automatizar procesos. Es el único método para invernadero que permite entutorar una hectárea de cultivo de tomate con una única persona».
INTERNACIONALIZACIÓN
Francia, Inglaterra, Países Bajos, Australia, Dinamarca, Australia, Italia, Corea del Sur, Sudamérica, Norteamérica… La planta navarra de Grupo Desa exporta el 80 % de su producción a más de 50 países, principalmente europeos.

Alrededor del 25 % de la producción de Simes corresponde a las barritas ‘hot melt’ de su rama de adhesivos.
Lo cierto es que los horizontes de Simes no hacen más que expandirse. De hecho, próximamente ampliará sus instalaciones con 6.000 metros cuadrados adicionales. No se trata únicamente de ganar superficie, sino de abrir nuevas posibilidades. Más líneas de producción, mayor capacidad logística, espacios pensados para seguir impulsando la innovación… En definitiva, «la idea es preparar el terreno para lo que está por venir».
Ahora, Lizarraga, Saiz y Redondo mantienen la mirada en las nuevas tendencias del mercado, con un foco cada vez más claro en la sostenibilidad. Juntos buscan desarrollar productos biodegradables y soluciones más respetuosas con el entorno, apostando por materiales de origen orgánico. «Por ejemplo, estamos haciendo materiales sin galvanizado. El galvanizado es un proceso que ayuda, por ejemplo, a que las grapas no se oxiden. Si eliminamos este procedimiento usamos menos químicos y cuidamos más el medio ambiente», concluyen.













