En el barrio pamplonés de Soto Lezkairu, donde las grúas y los edificios nuevos han transformado el paisaje en apenas unos años, existe un pequeño negocio que huele a cocina de toda la vida. A lentejas recién hechas, a albóndigas con tomate, a ajoarriero, a croquetas caseras, a paella. Allí, en una esquina del barrio que no deja de crecer, Javier León lleva desde 2018 demostrando que comer bien no tiene por qué ser caro. Y es que ofrece menú del día para llevar por nueve euros. Ver para creer.
Los orígenes de Comida Soto 21 se remontan al 6 de julio de hace ocho años, una fecha difícil de olvidar en Pamplona. Mientras la ciudad entera miraba hacia la plaza consistorial y el chupinazo marcaba el inicio de San Fermín, Javier levantaba la persiana por primera vez. «Fue una inauguración tranquila, no hubo trajín de gente, todo el mundo estaba disfrutando del chupinazo», recuerda el propietario del negocio.
Previamente, el hostelero vitoriano, que conoce bien el oficio, había trabajado durante años en el Asador Castillo de Mendillorri, negocio familiar gestionado por su padre. Sin embargo, tras la jubilación de este, decidió dar un giro profesional. «Aposté por la comida para llevar porque estábamos cansados de tantas horas en el restaurante. Este negocio es distinto, tiene un horario y es menos esclavo», explica.
En la actualidad, aquella aventura inicial se ha terminado convirtiéndose en un referente para muchos vecinos de la capital navarra. El secreto, según defienden quienes cruzan a diario el mostrador de Soto 21, está en una combinación sencilla: cocina casera, producto fresco y precios populares. Cada jornada, Javier elabora un menú del día compuesto por cinco primeros, cinco segundos y cuatro postres.
Un repertorio que cambia durante la semana y en el que conviven platos tradicionales (alubias, garbanzos, berza, acelga o ensaladilla) con recetas más contundentes como conejo en salsa, callos de ternera, albóndigas con tomate o pimientos rellenos. Tampoco faltan el ajoarriero, las anchoas o los postres clásicos: arroz con leche, natillas, leche frita, flan.
Y, aunque parezca mentira debido a los tiempos que corren, el menú sale a nueve euros por persona. «Decidimos apostar por esta política porque es factible. Al final, no prestas servicio de mesa, no tienes camareros y cuentas con menos empleado», explica. Además del menú diario, el establecimiento ofrece asados por encargo (gorrín, cordero, cabrito o conejo), paellas para un mínimo de cuatro personas y pescados como bacalao en salsa verde, merluza en salsa o chipirones en su tinta.
A ello se suma una amplia variedad de fritos caseros: desde los clásicos de jamón o huevo hasta otros más originales, como los de jalapeño o roquefort con nueces. «Todo lo hacemos nosotros con producto fresco, no compramos nada elaborado y nuestras recetas son caseras. Los clientes dicen que comen mejor que en casa», asegura León.
CLIENTELA VARIADA
El crecimiento del negocio ha ido de la mano de la expansión de Soto Lezkairu, convertido ya en uno de los barrios más poblados de Pamplona. «El número de vecinos ha aumentado considerablemente los últimos años”, explica el propietario. Eso sí, debido a su éxito, buena parte de su clientela también llega desde otros puntos de la capital navarra y la Comarca: Ripagaina, Rochapea, Ansoáin, Barañáin, Mutilva o Sarriguren.
En la misma línea, en Soto 21 caben muchos perfiles. Desde jóvenes que apenas pisan la cocina hasta personas mayores que ya no pueden cocinar a diario, pasando por trabajadores sin tiempo para preparar comida entre semana. «Muchos ciudadanos no disponen del tiempo suficiente para comer bien. Hay gente que viene y se coge cinco o seis menús para toda la semana», confiesa. Actualmente, el equipo de Soto 21 está formado por cinco personas. Javier y su hermano trabajan entre fogones mientras otras dos empleadas atienden al público tras el mostrador.













