jueves, 4 junio 2026

El navarro Ramón Zoraquiain comparte el timón de Cocinobra con la tercera generación para cruzar el Atlántico en velero

A los 19 se incorporó a Cocinobra, la empresa cofundada por su padre hace unos cincuenta años. Desde entonces ha sido testigo y protagonista de su crecimiento hasta consolidarla como una firma de referencia en reformas integrales. Con sede en Ansoáin, la compañía cerró 2025 con una facturación cercana a los 6 millones de euros. Con la tercera de generación ya incorporada en la empresa, Ramón Zoraquiain ha comenzado a soltar amarras y actualmente está cruzando el Atlántico en velero.


Pamplona - 27 marzo, 2026 - 10:07

El pamplonés Ramón Zoraquiain es gerente de Cocinobra, cofundada por su padre. (Foto: cedida)

Por cuestiones logísticas, pensé que cuadrar esta entrevista sería más complicado. Pero hay algo en la voz de quien se aleja de tierra firme que simplifica lo imposible. «En el barco llevamos una antena satelital y podemos hablar, más o menos, en cualquier momento», me tranquiliza Ramón Zoraquiain mientras otea el horizonte. Zarpó de Lanzarote hace veinte días, y desde entonces su día a día transcurre entre coordenadas cambiantes y una rutina que ya no entiende de horarios, sino de mareas.

Lo curioso es que, contra todo pronóstico, la cobertura es mejor que en muchos bares del centro de Pamplona: aquí no hay camareros, pero sí gaviotas; no hay prisas, pero sí viento; y el único ruido de fondo es el océano recordándonos que sigue ahí, inmenso. Nuestro protagonista conversa tranquilo. Una casi puede imaginarle apoyado en la borda, con media sonrisa, como si esta entrevista fuese una más de las cosas improbables que suceden cuando decides cruzar el Atlántico sin más plan que disfrutar de unos meses a la deriva. Entre frase y frase, el velero cruje, el agua salpica y la conversación se balancea ligeramente.

No siempre fue un hombre de mar. Durante años, el horizonte fue algo que contemplaba desde la orilla. Pero al cumplir los treinta, como quien tropieza con una puerta que no sabía que estaba buscando, el océano comenzó a hacerle guiños. Todo empezó con embarcaciones alquiladas en Baleares y Grecia, travesías cortas que sabían a descubrimiento y a libertad recién estrenada. Luego vino el salto natural: un barco propio. «Y ahora aquí estoy surcando olas con mi amigo Joseba en su velero», sonríe.

CONTINUAR EL LEGADO FAMILIAR

Esa manera apasionada de volcarse en algo le viene de lejos. Concretamente, la heredó de su padre, Javier, carpintero de profesión. Hace ya unos cincuenta años cofundó Cocinobra junto al albañil Félix Andrés. Una empresa especializada en reformas integrales de cocinas, baños y viviendas. «Más tarde se separaron y, desde 1980 hasta 1990, la gestionó solo mi padre», relata.

Cuando nuestro protagonista cumplió 19 años, su progenitor lanzó una pregunta: «¿Quieres seguir con el negocio familiar?». El «sí» fue rotundo. Y en ese preciso instante comenzó su formación. «Yo era un chico joven, apasionado, y quería traer ideas frescas a la empresa. Mi sueño era ampliar el proyecto y ofrecer más y más cosas», rememora para acto seguido remarcar que, aunque la compañía nació en Burlada, en 2002 optaron por adquirir un terreno en Ansoáin para dar un salto cualitativo.

«Poco a poco empezamos a profesionalizarnos. Hasta que llegó la crisis de 2008», evoca tras una pausa. Entonces, como en toda travesía que se complica, hubo que ajustar velas y reducir el ritmo. Fue una época de incertidumbre y de aprender a navegar con el viento en contra. Pero Cocinobra resistió y consiguió salir a flote (nunca mejor dicho): «Al ser una empresa familiar, siempre hemos peleado mucho por ella».

UNU CRECIMIENTO «ORDENADO»

Hace unos cinco años, sus sobrinos David y Borja decidieron sumarse también a la firma. Y así se puso en marcha la tercera generación de Cocinobra. «Se dio el caso de que estaban interesados en incorporarse y se están formando, igual que me formó mi padre a mí para ser gerente. Gracias a eso, ahora puedo hacer alguna que otra locura, como la que estoy haciendo actualmente con el velero», expresa entre carcajadas.

El equipo de la compañía suma unos treinta empleados en plantilla, aunque a esta cifra se le añaden autónomos y miembros de empresas subcontratadas. De modo que el total alcanza las 70 personas. «Hemos crecido mucho estos últimos años. En este sentido, nos gustaría seguir haciéndolo, pero siempre de manera ordenada», sostiene segundos antes de remarcar que la firma cerró 2025 con una facturación cercana a los 6 millones de euros.

Cocinobra trabaja, sobre todo, en Navarra. Entre otros proyectos reseñables, Ramón menciona la rehabilitación del Hotel Gustavo Adolfo Bécquer de Fitero, que posee más de 150 habitaciones: «Muchas veces, los clientes nos piden hacer algún trabajo en su segunda vivienda y esporádicamente nos marchamos fuera de la Comunidad foral».

A sus 55 años, nuestro protagonista parece haber encontrado ese punto exacto en el que la experiencia pesa lo suficiente como para dar estabilidad. A su vez, las ganas de seguir explorando siguen ahí. Habla de la empresa con el orgullo de quien la ha visto crecer desde dentro, desde los cimientos, pero también con la serenidad de quien ha aprendido a soltar amarras en el momento adecuado. «Llega un momento en el que tienes que confiar en las personas que vienen detrás», reflexiona en referencia a esa tercera generación que ya empieza a tomar decisiones y asumir responsabilidades.

Quizás por eso ahora puede permitirse mirar más al horizonte que al calendario. En el barco, los días transcurren de otra manera. No hay reuniones, ni presupuestos, ni llamadas urgentes. Solo el viento, el mar y la complicidad silenciosa con su compañero de travesía. Antes de colgar la llamada y continuar su aventura, comparte una anécdota que vivió hace apenas unos días. «Navegando por la costa portuguesa, nos topamos con una tormenta gigante. Había olas de cinco metros de altura. Teníamos que hacer una maniobra y para ello uno de nosotros debía salir a cubierta. Joseba me decía ‘¡tú no vayas, que tienes mujer e hijos!’. Parecía una escena de una película. Y al final, después de tanto drama, ¡no salimos ninguno de los dos!», concluye entre risas.

Suscríbete gratis a nuestras newsletters

De lunes a viernes, recibe la newsletter que recoge toda la actualidad económica y empresarial de Navarra, así como nuestros contenidos exclusivos. El fin de semana, con Vanity Capital, descubre las últimas novedades en la industria de la satisfacción personal.

Suscríbete a nuestra newsletter diaria y/o a Vanity Capital


To Top

Has decidido rechazar las cookies

Al aceptar las cookies no solo acepta publicidad personalizada, sino que también está apoyando un servicio de información de calidad, basado principalmente en contenidos periodísticos de elaboración propia. Por tanto, favorece que Navarra Capital pueda seguir ofreciéndole, sin necesidad de pagos ni suscripciones, toda la actualidad del tejido empresarial de la Comunidad foral.

Si lo desea, puede aceptarlas pulsando el botón inferior. Además, siempre podrá volver a rechazarlas en el apartado 'Configuración' en la página de política de cookies.