Hay entrevistas que son, en cierto sentido, como un espejo. No solo reflejan al otro, también te devuelven algo de ti misma. En ese juego de reflejos se dibuja algo más que un diálogo: se perfila una correspondencia, una coincidencia de caminos. Apenas hemos cruzado (todavía) un par de palabras con Diego Cenzano, pero esa sensación brota enseguida. «Nací en Logroño, pero crecí en Valladolid«, relata. «¿Valladolid? ¿En serio?», pregunto sorprendida y emocionada a partes iguales dado que encontrar vallisoletanos en Navarra es casi una misión imposible.
En ese momento, sin darnos cuenta, la entrevista deja de ser solo un intercambio de preguntas y respuestas y se convierte en una conversación entre dos personas que, aunque no se conocen, comparten un mapa emocional. Quizá porque los dos venimos de Pucela y pronto encontramos en Pamplona un lugar para quedarnos. A veces, la vida cruza los caminos de quienes comparten una misma raíz, aunque haya pasado el tiempo y los kilómetros se interpongan. Como si quisiera recordarnos que una nunca deja del todo el lugar del que viene. Hay encuentros que nos devuelven a casa.
Pasó su infancia en el Pinar de Antequera, un lugar donde el tiempo parece transcurrir más despacio. Mientras la mayoría de familias solo llenaban las casas durante el verano, él vivía allí todo el año, rodeado de pinos, silencio y caminos de arena. Recuerda los inviernos fríos, la niebla que se quedaba suspendida entre los árboles y esa sensación de vivir al margen del ruido. «La temperatura llegaba a los diez grados bajo cero, y me divertía caminando sobre el agua congelada de la piscina», rememora.
Quería ser zoólogo o biólogo. De hecho, pasaba horas contemplando las aventuras de Félix Rodríguez de la Fuente en la tele, imaginando que algún día él también podría explorar bosques, ríos y praderas, descubrir especies y escuchar las historias infinitas que esconde la naturaleza. Con el tiempo, cambió aquella vocación por otra: el periodismo. En el fondo, quizá no era un mundillo tan distinto, ¿no? También se trata de mirar con atención, buscar sentido en lo que nos rodea y de prestar nuestra voz a lo que merece ser contado. «Vallisoletanos y periodistas, qué coincidencias más bonitas», sonreímos a la par.
TECNOLOGÍA Y COMUNICACIÓN
Optó por estudiar la carrera en la Universidad de Navarra, época que recuerda como «maravillosa»: «Viví primero en un colegio mayor y, después, me fui a un piso de estudiantes. Formé parte de un grupo de teatro y aproveché al máximo la etapa universitaria». Lo cierto es que, en sus pinitos como actor, solía inclinarse casi siempre hacia la comedia. En una ocasión, sin embargo, representó un drama. «La historia iba sobre un juicio y yo era uno de los miembros del jurado popular. Cuando la obra acabó y salí del escenario, vi a mis amigos en primera fila muertos de risa. Se reían sin venir a cuento, se suponía que no era un espectáculo de risa. ¡Se suponía que era un drama!», evoca entre carcajadas.

Diego fundó Biko en 2006, compañía que fue adquirida por el grupo italiano Jakala en 2022.
Durante el último año, decidió crear una consultora junto a dos amigos. La llamaron New Media Publishing. ¿El objetivo? Crear proyectos de comunicación para clientes. «Acababan de empezar Amazon y Google, y las redes sociales todavía no existían. Todo funcionaba con ordenadores precarios. Nos preguntábamos de qué manera el mundo digital y las nuevas tecnologías iban a cambiar el sector de la comunicación», narra segundos antes de mencionar que el Centro Europeo de Empresas e Innovación de Navarra (CEIN) les habilitó un estudio en sus instalaciones. «Queríamos hacer las primeras ediciones digitales de los medios de comunicación», apostilla.
En total, la empresa estuvo una década en marcha. Hasta que nuestro protagonista decidió crear Biko, como una «evolución natural» de aquella primera compañía: «La idea era abrir nuestros servicios a todo tipo de clientes para crear bancas online, webs de museos, aplicaciones para móviles… Crecimos muchísimo, llegamos a ser cien trabajadores».
LA ADQUISICIÓN POR JAKALA
En 2022, la firma se integró en el grupo italiano Jakala, que actualmente factura 600 millones de euros al año, está presente en catorce países con más de una veintena de sedes en medio mundo y suma 3.500 empleados en plantilla. «En la sede pamplonesa, ubicada en Mutilva, trabajamos unas 70 personas. Nuestro objetivo es crecer un 10 % anualmente en facturación», concreta.
Después de ejercer como managing director para liderar la línea de negocio de Digital Assets Design and Development, el pasado octubre fue nombrado CEO de Jakala Iberia. Un reto que ha asumido con especial ilusión: «El segundo país donde el grupo se expandió fue España. Conozco bien el negocio y, sobre todo, a las personas que conforman el equipo. Ese elemento es clave a la hora de liderar».
Fundada hace veintiséis años por Matteo de Brabant en Milán, Jakala utiliza su tecnología en estrategias de marketing. En este sentido, trabaja para agencias de viajes, marcas de moda, entidades financieras, telecomunicaciones… Desde España, atiende a clientes como National Geographic, Disney, Bulgari o el Museo Thyssen, entre otros. En su modus operandi, la Inteligencia Artificial juega un papel fundamental: «La IA es una pieza que nos ayuda a entender mejor quién es el consumidor y a dónde queremos ir. En nuestra forma de trabajar, es un plus. Con ella encontramos maneras más efectivas para llegar al consumidor».
Más allá de la tecnología, a Diego le apasionan el tenis y la lectura. Pasa horas en la pista, perfeccionando su revés, y en casa no deja de sumergirse en novelas y ensayos que le inspiran. De hecho, está pensando en escribir un libro, un proyecto que comparte conmigo y que añade otra coincidencia más entre nosotros. A sus 54 años es, además, profesor de Marketing en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Y hay algo simbólico en eso: regresar al lugar donde empezó todo, esta vez desde el otro lado, compartiendo con los jóvenes la misma curiosidad que un día lo trajo hasta aquí.













