Un constante murmullo industrial nos recibe. El suelo, salpicado de pequeñas virutas metálicas, reluce a nuestro paso como un río de diminutas estrellas caídas. Con la precisión de un bailarín, varios robots mueven sus brazos. Las instalaciones de Largoiko parecen un laboratorio de imaginación tangible, donde la fuerza y la belleza de la ingeniería conviven en perfecta armonía. «Bienvenidas. Pasad, pasad. Os enseño todo esto», nos saluda David Fernández de la Pradilla, gerente de la compañía desde hace siete años.
Avanzamos entre las máquinas mientras nuestro protagonista nos explica cómo cada una tiene su propio carácter y función. Cada viruta, cada engranaje y cada brazo mecánico forma parte de un universo donde la técnica y la creatividad se encuentran para dar vida a lo imposible. «Trabajamos para sectores muy diversos, como las renovables, el farmacéutico, el eléctrico o la automoción. Nuestra principal misión es ayudar a las empresas a automatizar sus procesos con los robots que fabricamos», detalla para acto seguido remarcar que los proyectos nacen de una necesidad concreta de sus clientes y se diseñan casi como un traje a medida.
INGENIERO E HISTORIADOR
Lo cierto es que, de niño, David no imaginaba que su futuro estaría ligado a este universo de acero. «Quería ser de todo menos ingeniero. Pero soy un ingeniero raro. Hace unos pocos años terminé la carrera de Historia… Así que ya os podéis imaginar. ¡Una combinación interesante!», expresa entre risas.
Natural de Logroño, pronto heredó de sus padres la cultura del esfuerzo: «Con 18 años, mi padre fue a la guerra y mi madre quedó huérfana muy joven, así que en casa siempre se respiró la idea de que el trabajo bien hecho es lo que te sostiene». Quizá por eso, aunque de niño renegara de los números y soñara con otros caminos, terminó encontrando en la ingeniería un terreno fértil para su curiosidad.
Estudió la carrera en la Universidad de Zaragoza, etapa que recuerda, a pesar de describirla como «cañera e intensa», con especial cariño. Aquellos años no estuvieron dedicados únicamente a los apuntes, las prácticas y los exámenes. Entre clase y clase también encontró tiempo para cultivar otra de sus grandes pasiones: la música. Tocaba varios instrumentos, como la guitarra o el acordeón, e incluso llegó a viajar con su grupo a Estados Unidos, Japón y Filipinas.
EXPERIENCIA EN AUTOMOCIÓN Y RENOVABLES
Al finalizar su formación, optó por adentrarse en el sector de la automoción, y lo hizo de la mano de la multinacional americana Delphi Automotive Systems. Allí permaneció catorce años, ocupando diferentes puestos en el Departamento de Calidad y el Área Comercial hasta que, más tarde, fichó por la Agencia de Conocimiento y Tecnología del Gobierno de La Rioja como gerente. Una aventura profesional que le permitió ampliar su mirada sobre la administración pública y la innovación.

Largoiko, que suma 46 empleados, cerró 2025 con una facturación superior a los 10 millones de euros.
«Aquella entidad se creó principalmente para desarrollar software. También ofrecíamos soporte informático a colegios, instalábamos redes de infraestructuras y realizábamos labores divulgativas en pueblos pequeños de La Rioja», puntualiza.
Después, aterrizó como director general en Viñaresol, compañía especializada en la promoción y ejecución de instalaciones fotovoltaicas. «Estuve unos seis años en la empresa. Los dos últimos empezamos a desarrollar muchos proyectos en Chile, así que me mudé allí con mi mujer y mis hijos. Fue una etapa muy bonita», recuerda segundos antes de mencionar que aprovecharon para visitar lugares emblemáticos como la Isla de Pascua, a la que describe como «magnética».
Al regresar a España, se incorporó a Largoiko. Bajo su liderazgo, la firma ha crecido de manera consolidada. De hecho, ya suma 46 empleados en plantilla, cerró 2023 con una facturación de 9 millones de euros, un 114,2 % más que cinco años atrás, y en 2025 ingresó más de 10 millones de euros. Cifra que proyecta aumentar en los próximos años: «Cada vez hay más necesidad de automatizar procesos. Las empresas buscan ser más eficientes, mejorar la calidad y, en muchos casos, liberar a las personas de tareas repetitivas».
INTERNACIONALIZACIÓN
Fundada en 1998, las máquinas fabricadas por Largoiko están instaladas en más de veinticinco países, entre los que figuran Alemania, Bélgica y Polonia, entre otros. En 2024, la empresa consiguió entrar por primera vez en el mercado estadounidense con un robot para el sector de las artes gráficas en Massachusetts. En concreto, el sistema permite paletizar paquetes de tacos de papel de forma automática y sin necesidad de vallado. «Cada ocho segundos produce veinticuatro tapas y bases plásticos para fabricar más de 250.000 unidades diarias, lo que se traduce en unas 55 millones de cajitas al año», subraya David, orgulloso de este hito.
Actualmente, la firma posee cinco centros de mecanizado en sus instalaciones y está presente en cuatro de los cinco continentes. Una proyección internacional que refleja la confianza que clientes de todo el mundo depositan en sus soluciones de automatización: «Al final, lo que hacemos es ayudar a que las empresas produzcan mejor».
A sus 59 años, nuestro protagonista aún mantiene la curiosidad y la energía que le han acompañado a lo largo de toda su trayectoria profesional. También dedica tiempo a sus pasiones personales. A raíz de su experiencia en Chile, los viajes se han convertido en uno de sus grandes hobbies. «Siempre que puedo, intento conocer lugares distintos, culturas diferentes y maneras de vivir que me sorprendan. Por ejemplo, un viaje que me gustó mucho fue el que hice a Madagascar«, evoca. Pero, más allá de aviones, maletas y rincones de ensueño, lo cierto es que su momento favorito de la semana es, sin duda, juntarse con sus amigos para disfrutar de unos pintxos. «Al final, las cosas más sencillas son las que más nos llenan», concluye con un suspiro.













