miércoles, 25 noviembre 2020

Enredados en las ondas del 5G

Científicos independientes han alertado de los efectos negativos de la contaminación electromagnética en la salud. Otros estudios avalados por la OMS, el Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud o la Dirección General de telecomunicaciones y tecnologías de la información señalan que no hay evidencias causa-efecto de que estas ondas sean dañinas dentro de los niveles actuales que marca la ley. Sin embargo, los niveles permitidos por la legislación son muy superiores a lo que recomiendan algunos científicos. Y ahí está el debate.

Cristina Catalán
Pamplona - 16 julio, 2020

La red 5G permite que un mayor número de dispositivos estén conectados a internet y a una velocidad mucho mayor.

Las ondas electromagnéticas nos rodean. Vivimos rodeados de un mar de señales invisibles que en los últimos años han generado un gran aumento de la contaminación electromagnética. Con la llegada de la red 5G, que permite que un mayor número de dispositivos estén conectados a internet y a una velocidad mucho mayor, han resurgido las dudas en cuanto a si estas ondas son perjudiciales para nuestra salud. 

La red 5G utiliza ondas de frecuencia más alta que las redes previas de telefonía móvil y por tanto, precisa de más torres de transmisión que las tecnologías anteriores que además, deben estar ubicadas más cerca de la superficie terrestre en los entornos urbanos. El debate social está abierto porque este es uno de los puntos por los que esta tecnología preocupa a muchas personas.

La ley española permite hasta 4,5 millones de micro vatios de radiación por metro cuadrado. En cambio, el consejo de Europa recomienda no exceder de 100.

En este aspecto, Carlos Sacristán, ingeniero del Área de Test y Medidas de Inycom, empresa dedicada a la medición de campos electromagnéticos, señala que el hecho de que haya más antenas, supone que cada una de ellas abarque un menor área y por tanto tengan menor potencia, “lo que incluso lo hacen más seguro. Por ejemplo si yo hablo con mi móvil y este se debe conectar a una antena más lejana, deberá funcionar a más potencia que si esta se ubica más cerca”, aclara. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) llama a la calma. Según este organismo, varios estudios han investigado los efectos de los campos de radiofrecuencia en la actividad eléctrica del cerebro, la función cognitiva, el sueño, la frecuencia cardíaca y la presión arterial en voluntarios. Y explica que hasta la fecha, la investigación no sugiere “ninguna evidencia consistente de efectos adversos para la salud de la exposición a campos de radiofrecuencia”, dentro de los niveles establecidos por la ley.  

Igualmente, el Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS) elaboró un documento en el que se apuntaba que la radiofrecuencia emitida por la tecnología 5G “no incrementará los riesgos para la salud”. De hecho, varios estudios demuestran que los niveles de exposición se encuentran muy por debajo de los límites recomendados. El comité asegura que “podemos estar tranquilos en base a las evidencias científicas disponibles respetando los límites de exposición establecidos por el ICNIRP (International Commission on Non-Ionizing Radiation Protection)“.

Además, el ‘Informe Anual sobre exposición del público en general a las emisiones radioeléctricas de estaciones de radiocomunicación 2019’ elaborado por la Dirección General de telecomunicaciones y tecnologías de la información, afirma que “después de las 1.959.472 mediciones realizadas en zonas donde suelen permanecer personas, los niveles de exposición radioeléctrica derivados de los servicios de radiocomunicaciones, son significativamente más bajos que los límites de exposición regulados y establecidos para la protección sanitaria de las personas”.

El Comité Científico concluye que “hasta la fecha, la exposición a radiofrecuencias respetando los límites de exposición establecidos no conlleva riesgos para la salud conocidos”. 

LEGISLACIÓN VS RECOMENDACIÓN

El problema es que “los niveles permitidos por la legislación son muy superiores a lo que recomiendan algunos científicos”, señala César Merino, CEO y Fundador de Pranan Technologies, empresa navarra de tecnología para la protección contra la contaminación electromagnética.

La ley española (Real Decreto 1066/2001) permite hasta 4,5 millones de micro vatios de radiación por metro cuadrado. En cambio, el consejo de Europa en su resolución 1815 de 2011 y médicos y científicos participantes en los informes Bioinitiative recomiendan no exceder de 100 microvatios por metro cuadrado (a largo plazo). Según el informe Bioinitiative realizado en 2012 que recoge más de 1.800 estudios realizados por 29 científicos científicos más importantes del mundo, la acumulación de electromagnetismo en nuestros organismo puede provocar trastornos neurológicos, mentales, cardiopulmonares, cardiólogos, reproductivos, hormonales, inmunológicos, etc. De hecho, algunas personas afirman ser “hipersensibles” a la radiación electromagnética. La OMS ha reconocido la electrosensibilidad como enfermedad.

Una trasposición de una directiva europea de 2016 señala que “la norma no aborda posibles efectos a largo plazo ya que no existen datos científicos comprobados que establezcan un hecho causal ni los riesgos derivados del contacto de conductores en tensión”, pero añade: “entre 0 herzios y 30 Gigaherzios (banda en la que se mueven estas ondas, el wifi estaría en 2,5 Gh), hay efectos biofísicos, no térmicos, que podrían ser perjudiciales para la salud física y mental de los trabajadores expuestos….”.  

Según Radiansa Consulting, aún así, a partir de esos límites recomendados, los niveles están muy por encima del nivel promedio que solemos encontrar en un entorno urbano. La UE dice que hay que aplicar el principio de precaución o de  ALARA (tan bajo como sea razonablemente posible) y seguir investigando y establece que los gobiernos deben tomar las medidas para proteger a la población de la radiación electromagnética.

Por otro lado, la OMS, junto con la Agencia Internacional para la Investigación de Cáncer (IARC) clasificó toda la radiación de las frecuencias de radio, de la cual las señales de móviles forman parte, como “posibles carcinógenos”. Esta categoría se utiliza cuando una asociación causal se considera “creíble”, pero “no se puede descartar la posibilidad” con una confianza razonable.

SISTEMAS DE MEDICIÓN

Ante esto, la medición de la radiación electromagnética en el ambiente es útil para conocer en qué condiciones viven o trabajan las personas y los niveles de electromagnetismo a los que están sometidos. Según nos cuenta Sacristán de Inycom, “existe una legislación que cumpliéndola, en teoría y según los expertos, no supone ningún problema para la salud. Nosotros no somos médicos, somos ingenieros y no entramos a valorar la idoneidad de los límites establecidos. Nos tenemos que fiar de los legisladores que dicen que es seguro”. 

Desde esta compañía nos comentan que se encuentran con empresas que les llaman simplemente para cumplir la ley, otras a las que “el tema les da igual” y otras que realmente están preocupadas. Los ambientes normales, es decir oficinas y hogares donde lo habitual es tener móvil, wifi, bluetooth, etc. son entornos segurosDonde hay más posibilidades de que se puedan generar niveles más altos de radiación son aquellas empresas con aplicaciones industriales más específicas como radiofrecuencia, energía, alta tensión, etc.“, y para ello se realizan las pertinentes mediciones. 

La 5G utiliza ondas de frecuencia más alta que las redes previas de telefonía móvil y por tanto, precisa de más torres de transmisión.

En Pranan por ejemplo, desarrollan unos dispositivos que ayudan a reequilibrar ese desequilibrio provocado por las ondas. “Nuestra tecnología ayuda. No está destinada para prevenir, ni curar ni tratar enfermedades. Simplemente, ayudamos a protegerse de la radiación. No actúa sobre las ondas electromagnéticas sino sobre los efectos que estas provocan en el organismo”, explica Merino.

Además, y por otra parte, el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial, CDTI ha validado recientemente junto con el Gobierno de Navarra un innovador proyecto de cosecha de energía “RF Harvesting” de Pranan Technologies que consiste en el desarrollo de un novedoso sistema de medición de radiación electromagnética del ambiente orientado al uso personal que funciona alimentándose de la propia radiación electromagnética que debe medir. Es decir, no utiliza ningún tipo de batería, ni fuente de alimentación externa. Este se integra en un dispositivo que “informa al usuario de la radiación electromagnética a la que está sometido”, explica Merino. 

Está previsto que todo el mundo utilice la conectividad 5G en 2025.

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Los centros urbanos están llenos de antenas de todo tipo.

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