Esclavos de la dopamina

viernes, 3 abril 2020

Esclavos de la dopamina

Es la hormona de la felicidad. La segregamos cuando realizamos una actividad que nos produce placer. Y engancha. A dependencias y adicciones generadas por el tabaco, el alcohol o el sexo, entre otras, se suma una no tan conocida: la provocada por la dopamina, de la que son responsables directas las nuevas tecnologías. Por eso, se está poniendo de moda el ayuno de esta hormona para desintoxicar el cerebro. Pero, ¿es efectivo?

Cristina Catalán
Pamplona - 1 febrero, 2020

Los expertos alertan de la adicción al teléfono móvil que sufren muchas personas. (Fotos: cedidas)

¿Quién no se ha vuelto a casa desde el trabajo porque se le ha olvidado el móvil en la mesilla de noche? ¿Quién no se ha sentido vacío, incompleto, al borde de un ataque de ansiedad al darse cuenta de que está incomunicado con el mundo exterior?

Consultar el tiempo, pagar el parking, mirar una receta, enviar un mail, acceder a la plataforma del colegio de los niños, subir una foto a Instagram, contar los pasos que realizamos de camino al trabajo… Hoy hay miles de aplicaciones y funcionalidades que nos acompañan en nuestras actividades más cotidianas. Dependemos del móvil. Las nuevas tecnologías suponen actualmente una necesidad, pero también un placer al que es muy difícil desengancharse…

A veces no somos conscientes de esta realidad, pero sí vemos la magnitud de esa dependencia, por ejemplo, cuando los niños pasan horas interminables absortos con la tablet y nos preocupa que pueda convertirse en una adicción. De hecho, ya hay un nuevo nombre para esta generación: la ‘Generación Like’, jóvenes adictos a los ‘me gusta’, que viven obsesionados con los followers y las reacciones a sus publicaciones en las redes sociales. Chicos y chicas en busca permanente de ese ‘chute’ de dopamina que se libera en el cerebro con cada like. Y lo más preocupante es que a menudo su propia autoestima depende de ello.

No obtener la repercusión social que esperan es para ellos un fracaso, una frustración emocional que a veces tiene consecuencias graves. Solo en Instagram, se dan más de 4.000 millones de likes al día. Ahora sumen Twitter, Facebook… Por eso, incluso ya se está planteando la idea de eliminar los botoncitos de aprobación.

Hay jóvenes que apenas duermen, pendientes de si han recibido un mensaje o un nuevo 'like'.

Hay jóvenes que apenas duermen, pendientes de si han recibido un mensaje o un nuevo ‘like’.

En definitiva, las nuevas tecnologías y las redes sociales están creando una dependencia psicológica y emocional, sobre la que ya nos alertan expertos, médicos, psicólogos… Esa necesidad de estar conectado o de mirar constantemente los likes pueden convertirse en un pozo de vulnerabilidad del que será muy difícil salir, porque nunca sacian a la persona… Siempre se quiere más.

RESETEAR EL CEREBRO

Por eso, hay quienes abogan ya por tomarse un tiempo de desintoxicación de redes sociales y nuevas tecnologías: es el llamado ayuno de dopamina, que básicamente consiste en resetear el cerebro. La idea nació en Silicon Valley con el objetivo de mejorar la productividad de los ejecutivos de empresas tecnológicas muy estresados e hiperconectados.

La dopamina es un neurotransmisor que produce nuestro cerebro y nos genera una sensación de bienestar. Entre otras cosas, tiene diferentes funciones relacionadas con la motivación, la afectividad y el control motor. Se le considera el centro del placer porque regula la motivación y el deseo y hace que sintamos la necesidad de repetir conductas que proporcionan esas “maravillosas” sensaciones. Junto con la endorfina y la serotonina, conforman las denominadas hormonas de la felicidad

El problema viene cuando se alteran sus niveles adecuados tanto por exceso como por defecto. Un extremo que se ha comprobado, por ejemplo, en la enfermedad de Parkinson o la esquizofrenia, donde suele producirse un aumento excesivo en los niveles de dicho neurotransmisor. 

Cada 'like' recibido libera una dosis de dopamina.

Cada ‘me gusta’ recibido libera una dosis de dopamina.

Estamos tan sobreestimulados que segregamos más dopamina de la recomendable y eso provoca que el cerebro se acostumbre. Así, lo habitual deja de ser placentero y cada vez necesita más y más para lograr de nuevo ese placer. De este modo, con el ayuno de dopamina se pretende interrumpir esa sobreestimulación para que el organismo se desacostumbre a ella. 

¿Y cómo se consigue? Pues alejándonos de aquello que nos da placer. Cada vez existen más personas en España que siguen esta particular dieta. Pero los especialistas también señalan que este ayuno entraña riesgos y muchos no ven ninguna utilidad a eso de aislarse y no tener contacto con ningún dispositivo tecnológico.

Por ahora, no hay estudios científicos que avalen que esta práctica sea efectiva ni saludable. Hay que tener cuidado. La ausencia repentina de ese placer puede provocar desasosiego, desazón y hasta depresión. Pero es que además, la propia decisión de ponerse a ayunar también estimula la producción de dopamina.

Quizás aguantar un día o una semana sin móvil no sea la mejor idea, ya que la ansiedad y el estrés pueden provocar que terminemos subiéndonos por las paredes. Además, debemos ser conscientes de que dependemos de estos dispositivos en la mayoría de los puestos de trabajo y estar pendientes del móvil también es una necesidad u obligación en muchos de ellos. Así que esta opción puede ser simplemente imposible para muchos. Lo más aconsejable sería disminuir el número de horas expuestos a las nuevas tecnologías y ocuparnos con cualquier otra actividad para así controlar la producción de dopamina.

El reconocimiento social en las redes es cada vez más importante para los jóvenes.

El reconocimiento social en las redes es cada vez más importante para los jóvenes.

Acostumbrados a poner etiquetas a todo y si son en inglés mejor, ¿no sería más coherente hacer lo que se ha hecho toda la vida? Es decir: descansar. Disminuir el número de horas ante el móvil o la tablet; ir al cine o al gimnasio; pasear; cocinar; tomar un café con amigos… Vamos, más vida analógica que digital, valorar más un abrazo de un amigo que un like en Facebook. Empezar a cambiar hábitos.

Por ejemplo, apagar el móvil por la noche para no despertarnos de madrugada a ver si nos han dado unos cuantos “me gusta” o nos han enviado un mensaje de WhatsApp (sí, muchos jóvenes ni duermen), aparcar el teléfono durante las comidas y cuando estemos con los niños… Tal vez parezca poco, pero si nos acostumbramos a esos breves apagones diarios, estaremos rebajando el número de minutos (horas al mes) que pasamos enganchados. Y de esta forma, puede que regulemos mejor la segregación de la famosa hormona. Es difícil con los tiempos que corren, pero todo es ponerse. Hay que reaccionar y… disfrutar de las cosas buenas que tiene la vida.


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