Dicen que la piel no olvida. Quizá por eso algunos deciden llenarla de recuerdos. Unas coordenadas, un simple trazo, un nombre que encoge el corazón cuando se pronuncia en voz alta, una fecha que marcó un antes y un después… Durante años, los tatuajes formaron parte de la esencia de unos pocos: rebeldes, marineros, presidiarios o músicos. Hoy no pertenecen a nadie. O, mejor dicho, pertenecen a todos. Lo cierto es que, durante este último año, una decena de estudios han abierto sus puertas en Navarra. El auge de los tatuajes en la región responde a una transformación cultural más profunda: un cambio en la forma en que las personas deciden narrarse a sí mismas, dejando cultivar arte sobre su piel. Así lo explican cinco de los especialistas que han puesto en marcha estos nuevos negocios.
David Etayo, de 26 años, fundó el pasado noviembre Insecto Tattoo Garage en Estella, el municipio que le vio crecer. De niño, pasaba las horas dibujando coches y motos. Por eso, cuando llegó la hora de escoger en qué ámbito formarse, no lo dudó demasiado: «Quería diseñar vehículos. Estudié en la Escuela Superior de Diseño de La Rioja y, después, descubrí el mundo del grafiti, que enseguida me llevó al mundo del tatuaje. Ambas cosas van muy de la mano».
Compró material para tatuar y comenzó a practicar con sus amigos. El primer trazo que dibujó sobre piel fue un trozo de pizza, que todavía adorna el brazo de su antiguo compañero de piso. Y así, intento tras intento, pulió la técnica. «Di el paso y me animé a crear el único estudio de tatuajes de Estella. En las últimas décadas, este mundillo ha crecido mucho y cada vez hay más demanda. Es un negocio que está en auge, incluso viene gente de ciudades como Bilbao o Vitoria para tatuarse aquí», detalla tras recalcar que se especializa en el estilo tribal.
LA MODA DE LA LÍNEA FINA
En medio de este boom, hay una tendencia que sobresale con fuerza: los tatuajes pequeños de línea fina. Minimalistas, delicados y cargados de significado, estos diseños se han convertido en una de las opciones favoritas, especialmente entre quienes se tatúan por primera vez. Así lo ratifica el pamplonés Iñigo Rodríguez, que suma ocho años de experiencia como tatuador y se especializa en este estilo. «Aunque puedo hacer de todo, lo mío es el realismo. Lo hago con una aguja muy finita y los detalles son como para verse con lupa. La línea fina está en auge, sobre todo en las mujeres», expresa segundos antes de reconocer que, a sus 29 años, es el único tatuador de Pamplona que no luce ningún tatuaje en su cuerpo.
Iñigo Rodríguez: «Entre las redes sociales, los futbolistas, los famosos… Socialmente está más que aceptado. La época en la que más demanda hay es ahora»
«Quizá por presión social, antes nadie se tatuaba. Estaba incluso mal visto. Hoy, entre las redes sociales, los futbolistas, los famosos… Socialmente está más que aceptado. La época en la que más demanda hay es ahora», sostiene con firmeza. Por eso, después de trabajar en diferentes estudios, ha montado el suyo. Se ubicará en la plaza Rafael Alberti de Barañáin y abrirá sus puertas próximamente: «Lo que me interesa es crear una marca que destaque en realismo y línea fina».
Javier Romo también se vuelca en este estilo. «Ahora mismo es uno de los más demandados, pero yo entré en ese mercado por preferencia estética personal», relata desde su estudio en Añorbe, que puso en marcha el pasado enero. Se instaló en un entorno rural para ofrecer una experiencia diferente y, desde entonces, le han visitado clientes incluso de Valencia. «Mucha gente ya me conoce y no tiene inconveniente en desplazarse hasta aquí», apostilla.
MÁS TATUADORES, MÁS TATUADOS
Hace una década, Conrado Machiarena dejó su Uruguay natal para aterrizar en Navarra. Y en 2024 se instaló en un local de Ansoáin para emprender su propio proyecto. «Me hice mi primer tatuaje a los trece años. El tatuador era un punki con cresta y pensé: ‘Esto es lo que quiero en mi vida’. Mis padres me riñeron muchísimo pero, al tiempo, les acabé tatuando a ellos. Sabía que quería ser tatuador», narra entre carcajadas.
Ha llegado a estar once horas seguidas clavando una aguja sobre la piel. ¿Sus ilustraciones favoritas? Los tatuajes tribales y los mandalas: «Aunque ahora están de moda los pequeñitos, a mí me gustan grandes y con líneas gruesas. Sea como sea, lo que está claro es que últimamente la gente se tatúa muchísimo. Además, el acceso al material para tatuar ahora es más fácil, y eso provoca que haya más tatuadores».
Conrado Levy: «El acceso al material para tatuar ahora es más fácil, y eso provoca que haya más tatuadores»
Antes de fundar su local en la Rochapea, Nuria Navajas vendía láminas de sus diseños a través de las redes sociales. «Anunciaba mi trabajo regalando la primera lámina en los alrededores de Navarra para darme a conocer por la zona. Tuve buena respuesta por parte de la gente y por eso, en enero, aposté por crear Akerra junto a mi pareja, Iker Irigoyen«, recuerda al tiempo que recalca que su estudio incluye, además, una zona de barbería.
Esta joven de 28 años, natural de Jaén, se formó en Antropología e Historia del Tatuaje y lleva más de ocho años en el sector: «Desde muy pequeña he estado vinculada al arte. Empecé a dibujar con diez años y con diecinueve hice mi primer tatuaje. Siempre he tenido alrededor gente del mundo del grafiti y otras disciplinas artísticas, pero vivir solo del arte urbano era complicado. El tatuaje me abrió muchas puertas».
Al igual que sus compañeros, observa una tendencia creciente en los tatuajes pequeños de línea fina. Pero también está naciendo una nueva moda: la del blackwork, basada en el uso de tinta negra para trazar líneas gruesas. «Es un estilo que valoro mucho por su fuerza visual y por la versatilidad que ofrece. Estoy muy contenta, la verdad es que nunca imaginé tener tanto trabajo tan pronto», reconoce.
A todos estos nuevos estudios se suman otros inaugurados a lo largo del último año, como Green Flower Tattoo, liderado por Lidia Pedrosa y ubicado en Berriozar; Iturarte Tattoo, fundado por Iñaki Iturbide en la calle Manuel Martínez de Hubago de Pamplona; Inspiratio Tattoo Studio, en la avenida Sancho el Fuerte de la capital navarra; BG Tattoo Studio, gestionado por Nerea Blanco en la calle Mayor pamplonesa; y Undergrownd y Stor Tattoo, en la calle Estafeta. Una muestra del creciente tejido artístico que se extiende por Navarra, donde la tinta ya se ha convertido en una forma de expresión con voz propia.













