martes, 24 noviembre 2020

Frenazo a la ascensión de los rocódromos

En apenas unas semanas, los rocódromos han dejado de ser un oasis de libertad, donde el número de usuarios crecía notablemente ante las limitaciones a los deportes de equipo, para convertirse en espacios marcados por las restricciones. Tras el verano, habían vivido un importante incremento de la actividad, que había devuelto el optimismo a sus propietarios. Ahora, en cambio, estos vuelven a mirar al futuro con enorme preocupación.

Iñaki Ciordia
Pamplona - 2 noviembre, 2020

En estos momentos, el aforo máximo de los rocódromos es tan solo del 30 %. (Fotos: Maite H. Mateo)

Durante el mes de agosto y con el comienzo del nuevo curso, los rocódromos se hicieron un hueco a pesar de las restricciones existentes en aquellos momentos, ya que muchos padres veían en ellos un espacio seguro para que sus hijos practicaran deporte sin estar en contacto con otras personas. Ahora, con las nuevas medidas adoptadas en Navarra, el panorama ha cambiado por completo. En el interior de las instalaciones deportivas no se puede superar el 30 % del aforo máximo. Y el horario también se ha visto afectado, ya que el cierre se ha adelantado una hora (de las 22:00 a las 21:00). El frenazo a su recuperación, tras un primer estado de alarma especialmente duro, ha sido notable.

Son tiempos complicados para empresas como Rocópolis, ubicada en Berrioplano y con más de 1.800 metros cuadrados. Su propietario, Javier González, reconoce a Capital Sport que su compañía ha tenido que reinventarse y que el daño económico provocado por el Covid-19 está siendo notorio. “Cuando abrimos en junio, la gente que venía tenía pánico por las noticias que leía. Pero, poco a poco, supimos dar la vuelta a esta situación y que nuestros clientes disfrutasen del deporte”, rememora.

Javier González (Rocópolis): “En el interior solo podemos tener un máximo de 240 personas, pero hemos limitado el número a 120 para que la gente venga tranquila y disfrute sin agobios”.

En septiembre, este medio visitó las instalaciones. Fue un miércoles por la mañana, día laborable, pero ya un nutrido grupo de personas anudaba cuerdas y trazaba vías imaginarias en los muros. Entre ellas, miembros de la selección española de velocidad (modalidad olímpica para los juegos de Tokio 2021) como Alberto Ginés, medalla de plata en el Campeonato Europeo de Escalada de 2019, o el guipuzcoano Mikel Linacisoro.

Un mes más tarde, el panorama es muy distinto. El bar permanece cerrado, y las actividades se han visto muy mermadas por las restricciones. “Está claro que no es lo mismo que hace unos meses, aunque seguimos intentándolo. En el interior solo podemos tener un máximo de 240 personas, pero nosotros lo hemos limitado a 120 para que la gente venga tranquila y disfrute del deporte sin agobios”, detalla.

SIN COLEGIOS NI CUMPLEAÑOS

“Los rocódromos son el lugar perfecto para compaginar adrenalina y seguridad a partes iguales”, incide González. Así lo empezó a constatar en verano, cuando el ‘boom’ de los deportes individuales se extendió a la escalada y, en consecuencia, a los rocódromos. Desde el comienzo del curso escolar, unos 170 niños se han inscrito en Rocópolis, frente a los 140 del curso pasado. Es decir, un 20 % más, un crecimiento nada desdeñable en las actuales circunstancias: “Al restringir las actividades en grupo, notamos que se llenaba el rocódromo. De hecho, mucha gente se apuntó antes de lo que suele ser habitual. Tuvimos todo lleno un mes antes”.

No obstante, las nuevas limitaciones han detenido las actividades con los colegios, que se celebraban por las mañanas. En 2019, 3.200 escolares practicaron escalada en el recinto, pero la pandemia ha supuesto un duro golpe en este ámbito. Además, las celebraciones de cumpleaños están prohibidas, lo que ha mermado los ingresos de una línea de negocio que, el año pasado, reunió a 2.750 niños.

Tras el estado de alarma, los rocódromos han visto cómo el número de deportistas se incrementa de manera importante.

Tras el primer estado de alarma, los rocódromos vieron cómo el número de deportistas se incrementaba.

Tras el fútbol, que tiene 17.000, los deportes de montaña y escalada son los que más federados suman en Navarra (más de 11.000). Es más, la escalada hará su debut olímpico en los Juegos de Tokio del próximo año y contará con tres disciplinas: velocidad, búlder (o escalada en bloque) y lead (o dificultad). Un hito que ha favorecido al auge de estos espacios. “Ahora hay un fanatismo brutal. Porque ese miedo que existe en nuestra sociedad se quita con la adrenalina y las ganas de hacer deporte”, añade.

Aun así, González no pierde de vista el ingente trabajo que queda por delante y hace un llamamiento a las autoridades: “Durante muchos años, hemos hecho un trabajo importante. Tenemos el único muro de velocidad homologado en el sur de Europa y el decimoprimero del mundo. A ver si un día el Gobierno de Navarra se da cuenta de que esto es una primera opción de deporte”.

RUMBO A LANDABEN

Otro de los rocódromos de la Comarca de Pamplona es Bihatz, emplazado en el polígono de Landaben y con más de 1.000 metros cuadrados de superficie. Una de sus socias, Ana Valencia, no oculta su preocupación: “Con la restricción del aforo al 30 %, estamos muy mermados. Cerramos desde el 11 de marzo hasta el 8 de junio. De modo que nuestro objetivo fue poner todo a punto para regresar en condiciones lo antes posible. Justo cuando lo habíamos conseguido, volvemos a las andadas”.

Ana Valencia (Bihatz): “Al ritmo que vamos, nos acabarán cerrando o limitando aún más el aforo”.

Hoy, apenas cuarenta usuarios visitan las instalaciones cada día, con una distribución por franjas horarias y con cita previa. Datos poco esperanzadores, a los que también se suma el cierre del bar situado en el interior del recinto.

Con la llegada del verano y el fin del primer estado de alarma, Valencia percibió un repunte de la actividad. “En julio y agosto notamos un gran aumento. De hecho, realizamos cursos en el monte porque nos lo demandaba la gente, principalmente los más jóvenes”, apunta. Unas ansias de libertad no exentas de estrictos protocolos sanitarios. Porque el hidrogel, las mascarillas o la distancia de seguridad se convirtieron en elementos indispensables.

Alberto Ginés, de la selección española, entrenando recientemente en Rocópolis. (Fotos: Maite H. Mateo)

Alberto Ginés, de la selección española, entrenando recientemente en Rocópolis.

La luz que se veía en verano empieza a apagarse este otoño. De hecho, Valencia no oculta sus miedos, especialmente teniendo en cuenta el gran incremento de contagios por coronavirus registrado en Navarra durante las últimas semanas. “Creo que a largo plazo saldremos adelante, pero en los próximos meses la situación será más restrictiva. Al ritmo que vamos nos acabarán cerrando o limitando, aún más, el aforo. No nos ven imprescindibles en comparación con otros negocios”, atestigua con cierta resignación

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