Isla diminuta, encanto infinito

viernes, 25 septiembre 2020

Isla diminuta, encanto infinito

En sus 316 km² de extensión, que convierten al archipiélago en uno de los diez países más pequeños del mundo, conviven playas paradisíacas, monumentos, templos, museos y una gran oferta de ocio. Malta ofrece ambientes llenos de vida y hoteles atractivos, ya sea en La Valeta, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco; en la amurallada Mdina, una villa medieval conocida como 'la ciudad del silencio'; o en las tres ciudades de Cottonera.

Redacción
Pamplona - 5 septiembre, 2020

Entrada patrocinada por BMW - LURAUTO

Malta tiene un patrimonio histórico encantador, pero su mar es el destino favorito de quienes visitan el archipiélago. (Fotos: cedidas)

En los últimos años, Malta se ha convertido en uno de los mejores destinos para pasar las vacaciones. En sus 316 km² de extensión, que convierten al archipiélago en uno de los diez países más pequeños del mundo, se aprecian playas paradisíacas, monumentos, templos, museos, ofertas de ocio y otras actividades de todo tipo que se detallan en las guías de viaje que ofrece el portal todomalta.comSea en La Valeta, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y Capital Europea de la Cultura en 2018, en la amurallada Mdina -una villa medieval conocida tanto por locales como turistas como ‘La ciudad del Silencio’-, o en las tres ciudades de Cottonera (Senglea, Vittoriosa y Cospicua); Malta ofrece ambientes llenos de vida y de hoteles atractivos para los turistas.

Con decenas de barcos antiguos hundidos en sus costas e innumerables fuertes y bastiones que la protegían de los asedios durante los siglos XVI y XVII, Malta resulta un destino marcado por la historia. En la Concatedral de San Juan, de ocho capillas, se puede contemplar La decapitación de San Juan Bautista, de Caravaggio. Y aunque este es, sin duda, uno de los edificios religiosos más conocidos de Malta, merece la pena visitar otra de las 364 iglesias construidas en el país. Entre ellas destaca la Basílica de Nuestra del Monte Carmelo y el Santuario Nacional de la Virgen de Ta ‘Pinu, un lugar de peregrinaje situado en pleno campo. Quienes prefieran la contemplación de los espacios exteriores siempre podrán recorrer Marsaxlokk, un pueblo pesquero repleto de barquitos de colores en el que abunda el pez espada, el atún y el lampuki, un pescado similar a la dorada que habita en aguas maltesas.

La Valeta, capital de Malta, es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y fue declarada Capital Europea de la Cultura en 2018.

El archipiélago ofrece otras opciones para adaptarse a todo tipo de paladares. El plato tradicional de Malta por excelencia es el estofado de conejo, pero en el país, cuya gastronomía resulta de una mezcla de tradiciones y culturas diferentes, también conviene probar el gbejna, un queso elaborado con leche de oveja y sal, y el bigilla, una versión maltesa del hummus hecha con alubias moradas. De postre se puede optar por un anillo de miel, un pudín de pan, un pastelito relleno de dátiles o un kannoli de ricotta.

A pesar del encanto de su patrimonio histórico, el mar sigue siendo el sitio más deseado entre quienes visitan el archipiélago. Son, de hecho, playas de película, pues en ellas se han rodado escenas de obras cinematográficas como El Conde de Montecristo y Troya o incluso secuencias icónicas de la serie de ficción Juego de Tronos. Disfrutar de la naturaleza sin renunciar a la comodidad es posible acudiendo a alguna de las playas rodeadas de servicios y de actividades destinadas a los turistas más activos. Los más solitarios, en cambio, también encontrarán muchas playas casi vírgenes y menos concurridas. Es el caso de la Laguna azul en la isla de Comino, un territorio codiciado por los buceadores, submarinistas y senderistas; de la salvaje Fomm ir-Rih (la Boca del Viento, en maltés) y de Bahía Paraíso, un rincón de vistas espectaculares resguardado por un trayecto lleno de piedras.

La Laguna Azul, en la isla de Comino, es una de las playas más bonitas de este archipiélago.

Aunque el idioma más hablado entre los locales es el maltés, una lengua autóctona de procedencia semítica, el inglés también tiene estatus oficial y su uso está muy extendido en todo el país. Esta característica, sumada a la cultura cercana que transmiten los malteses, no solo influye decisivamente en la experiencia de los visitantes extranjeros, sino que también cautiva a expatriados deciden afincarse en este pequeño archipiélago europeo por motivos de estudio o de trabajo.

UN CLIMA INMEJORABLE 

Ni frío ni calor excesivos: Malta es un país de moderación. Durante todo el año, mantiene unas temperaturas medias que la convierte en un destino ideal para veranear o celebrar las Navidades y en la excusa perfecta en el caso de que apetezca hacer una escapada exprés, sin importar la temporada del año. Desde junio hasta septiembre, los más animados pueden participar en excursiones desde cualquier punto del archipiélago durante el día. Durante el verano, además, es posible salir de fiesta prácticamente todas las noches . Sin embargo, si lo que se persigue es una estancia más tranquila, que garantice la distancia de seguridad procurada desde que estalló la crisis sanitaria, tanto primavera como otoño son las mejores épocas para viajar a Malta.

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